miércoles, 1 de julio de 2020

COFRADÍA DEL "SAGRADO CORAZÓN DE JESUS"

 



De nuevo hacemos acto de presencia para escribir como de costumbre. En esta ocasión el tema del que voy a hablaros guarda relación con la religión cristiana. Por descontado que en el pueblo desde tiempos en que yo tengo uso de razón todo cuanto ha guardado vínculos  con esta religión  ha sido de fervorosa devoción  .  A raíz de tanta religiosidad, hace unos cuantos años atrás existió en Mozos de Cea la   cofradía "De el Sagrado Corazón de Jesús".  No tengo información alguna en que año pudo fundarse, en cambio  creo que a principios de este milenio se dio por terminada. Por otra parte,    si los hombres del pueblo por aquellos años casi en su totalidad estaban integrados en   la cofradía "Del Cristo de la Vera Cruz", la mujeres en cabio  casi todas ellas   pertenecían a la cofradía del Sagrado Corazón de Jesús,  con lo cual por este motivo  esta cofradía  en el pueblo era de mucha transcendencia y de fervoroso culto. Como todas las cofradías tenía sus normas. Fácil de cumplirlas porque se trataba de una humilde y modesta hermandad de mujeres con gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que para ellas era como un símbolo del amor divino, o algo parecido.
 
 
Comentaros también que  cada asociada pagaba una modesta cuota anual  para gastos de la cofradía.  Según tengo entendido la primera  "presidenta" de esta congregación  fue Ambrosia Morán (conocida popularmente en el pueblo con el alias de "La monja") Ella hacía de  "tesorera"  y quien se encargaba de organizar reuniones y demás eventos . Al principio de su cargo las asociadas a la cofradía pagaban anualmente un cuartillo de trigo cada una. Que viene a ser sobre kilo y medio su medida. El trigo recogido era luego vendido para cubrir gastos de la cofradía.   Era una tradición  el que las cofrades solicitaran  al sacerdote   la celebración  de una misa en honor  a las asociadas que fallecían, y como era lógico,     había que pagar por sus servicios religiosos al sacerdote de turno. Tradicionalmente  a las fallecidas que pertenecían a esta cofradía,  a la hora de enterrarlas, se las colocaba al rededor de su cuello   el escapulario del Sagrado Corazón de Jesús, instintivo que todas ellas acostumbraban a llevar, también  colgando al cuello,  a la hora de celebrarse  cualquier evento religioso relacionado con esta devoción: misas por las asociadas fallecidas, procesiones y novenas. Con relación a la primera presidenta que arriba he nombrado, comentaros que esta señora tenía una veneración fanática  al Corazón de Jesús y  uno de sus obsesivos deseos, o sueños,  era el que se  colocara  una imagen gigantesca del mimo en la loma de Tomorisco,  a fin de que se pudiera verla desde Valladolid, según ella.  Como era natural y, por supuesto inviable,  como se trataba de    pura  quimera su deseo,   jamás  se colocó imagen alguna en el alto Tomorisco. Lucila Díaz  fue quien sucedió en el cargo a Amabrosia Morán. Cuando lo estrenó ya no se pagaba la cuota anual  con trigo sino que se abonaba una pequeña cantidad de dinero. Los gastos seguían siendo los mismos, como también la tradición de celebrar la misa por las asociadas que morían. Creo que fue a principios del milenio, tal como indico arriba, cuando Lucila Díaz sin previo aviso dio por terminada  la cofradía. Supongo que  la razón de disolverla se debería más bien a que en el pueblo   apenas quedaban ya asociadas. El caso es que desapareció y sé  por boca de  algunas mujeres que están muy molestas por darla por terminada  sin hacer antes una reunión para tratar el asunto de su disolución.   Al  aparecer estaban dispuestas a mantener  vigente la tradicional  cofradía.  Pero ya va a ser imposible. Me temo que  su existencia ya ha pasado a formar parte de la Historia o acervo religioso de  Mozos de Cea.
 
 
 
 




( En esta imagen aparece un escapulario del Sagrado Corazón de Jesús . Enseña de la cofradía con dos imágenes grabadas. Algunos llevaban estas mismas imágenes bordadas. Se colgaba sobre el cuello y una reseña iba sobre el pecho y la otra en la espalda. Todas la mujeres que pertenecían a esta cofradía lo llevaban colgado en el cuello como signo de devoción  cuando había un acto litúrgico que celebrar en la iglesia y estaba vinculado a la nombrada Cofradía)
 

En el pueblo  antiguamente la celebración de procesiones durante el  año   era muy común. La mayoría de santos y vírgenes tenía su particular  procesión. La del Sagrario Corazón de Jesús no iba a ser menos. La celebración de la novena y la procesión  en su honor   dependían de  la conmemoración de  la octava del Corpus. Y como la festividad del Corpus, no tiene fecha fija su conmemoración, la procesión de Sagrado Corazón tampoco.  Lo que si era fijo es que fuera durante el mes de junio cuando los dos  actos religiosos citados se celebraran.  Recuerdo que en la procesión del Sagrario Corazón de Jesús  también se sacaba la imagen del "Corazón de María", con lo cual  ambas imágenes hacían el mismo recorrido por las calles del pueblo. Acompañaban a ambas  imágenes en su recorrido  dos estandartes que llevaban impresos  imágenes de gran tamaño del Sagrado Corazón y de la Inmaculada Concepción. Los dos   estandartes solían sacarse únicamente  cuando se celebraban la procesiones con más enjundia religiosa; como por ejemplo la del patrón del pueblo,  San Pelayo. Una antigua tradición  vinculada  con la procesión citada   era  la siguiente:  al final del la Calle mayor, en frente de las portonas de la que otrora fuera conocida como "La casa de Juanito", se colocaba una mesa amplia con el fin de poner encima de  ella  las andas que portaban las dos imágenes nombradas. Una vez sobre la mesa puestas y con la comitiva detenida,  las mozas "cantarinas" del pueblo  entonaban una canción religiosa en honor al Corazón de Jesús y  que era muy popular, sobre todo el comienzo de la misma, que era como un estribillo y  que decía lo siguiente:

" Quién dio a la España
la nueva alegre
de los amores del Salvador?
¿Quién fue el primero
que izó la enseña
ensangrentada del Corazón?
Fue el Padre Hoyos,
que en San Ambrosio,
del mismo Cristo la recibió..."

(* La canción es mucho más extensa)

Estoy seguro que varios de los lectores  conocerán este primer párrafo de la canción  y lo habrán canturreado  alguna vez, con lo cual recordarán perfectamente su musicalidad. Creo que esta canción religiosa es conocida como "El Himno del Padre Hoyos". Conozco una anécdota relacionada con esta procesión  y os la voy a narrar. Se trata de  la siguiente. Resulta que un año  cuando ya finalizaba su recorrido la procesión  y los mozos que portaban las andas  con la imagen del Corazón de Jesús subían  la primera escalera del patio (la que está junto al antiguo cementerio) para dirigirse a la entrada de la iglesia, supongo que debido a algún movimiento brusco, la cabeza de la citada imagen se desprendió con tan mala suerte que le cayó encima de Irineo Pacho, no se si al caer le golpeó la cabeza u otra parte del cuerpo. Supongo que aparte del porrazo se llevaría también un buen susto a cuenta de aquel contratiempo. Si os acercáis a donde está colocada en el altar mayor de la iglesia esta imagen, comprobaréis como todo   alrededor de su cuello está rajado, por consiguiente    confirma la veracidad de lo sucedido. 
 
 
 
 
 

( Esta imagen en blanco y negro se puede apreciar  el momento en que los dos estandartes que pertenecía a las cofradías  del Sagrado Corazón de Jesús , en primer plano,  y la del Corazón de María, eran sacados ambos en procesión. Como podéis observar, el segundo que es el del Corazón de María, lleva impreso en el mismo la imagen de la Inmaculada Concepción ) 
 
 
 
Acerca de la cofradía del "Corazón de María", la cual he nombrado, no es mucha la información que acerca de  ella dispongo. Pero algo si puedo comentaros al respecto, como por ejemplo que solo  pertenecían a esta cofradía las mujeres solteras. Se las conocía también como "Hijas de María". Como distintivo solían llevar una medalla con la imagen de la Inmaculada Concepción atada a una cinta azul. Tengo entendido que una vez al año hacían una rifa a fin de recaudar dinero para gastos de la asociación. Como he comentado arriba, en las procesiones sacaban un estandarte blanco con la imagen impresa  del corazón de la Inmaculada Concepción. Ah, era también tradición que las "Hijas de María", recibieran un cucurucho de almendras cada una de ellas por parte de la novia el día de su boda.  Aprovecho para  comentaros que las actuales campanas de la torre de Mozos de Cea, la cuales fueron fabricadas en Saldaña en el año 1960, tiene en su exterior inscritos los nombres de las dos cofradías citadas. La de mayor tamaño el nombre del Corazón de Jesús y la de menor el Corazón de  María. Por tanto en honor a estas cofradías se pusieron los nombres a ambas campanas. Esto indica que por entonces  las dos cofradías  tenían mucha transcendencia religiosa en el pueblo.

Bueno pues más información sobre este asunto narrado  no tengo,  así que habrá que darlo por terminado. A mi juicio creo que os he dejado suficiente información sobre ambas cofradías y su tradicional religiosidad. Con lo cual a quien le interese ya tiene amplios conocimientos acerca de la cuestión de la que  he hablado. Y espero que os haya suscitado un mínimo interés. Si es así, objetivo satisfactoriamente cumplido.

En el verano, veranito estamos...momento idóneo para poner en marcha los mecanismos necesarios para tratar de ser feliz. Pues que así sea, aunque el temor y el miedo al   maldito Coronavirus  esté siempre presente y condicione las intenciones y empeños en buscar momentos felices. No es para menos por que quién más o quien menos el miedo lo seguimos  teniéndolo  metido en el cuerpo. Eso es bueno para no bajar la guardia y estar siempre en alerta. Por si acaso. Feliz verano.

Saludos a todas y a todos

Rafael.
 
 
 
 

viernes, 26 de junio de 2020

SAN PELAYO, PATRÓN DE MOZOS DE CEA










lunes, 1 de junio de 2020

VENDEDORES AMBULANTES

 
 
A lo largo del tiempo una diversidad de personas que desempeñaban su correspondiente oficio de forma ambulante han pasado por     Mozos de Cea. Alguno de estos oficios itinerantes aún permanecen, pero eso sí, más modernizados, los cuales en muy poco se parecen a los originales. Muchos otros ya han desaparecido por causa de la evolución del tiempo que ha imposibilitado que prosiguieran porque no se daban ya las condiciones adecuadas  para ello. Resulta  evidente  que cuantos vendedores ambulantes existan en la actualidad, acreditan  de la  existencia de los mismos y ese vínculo especial, y necesario , que les ha unido  desde tiempos ancestrales a Mozos de Cea. Yo he conocido varias de estas personas, como también he oído hablar de otras más que ejercieron el susodicho oficio. A todas ellas enumeraré  y a su vez  escribiré una breve  reseña sobre las mismas. Será todo cuanto abarca mi memoria que es la única información que dispongo  sobre este asunto; y bueno también tengo  en mi memoria  almacenada una breve información que me llegó  por boca de vecinos  del pueblo. Información   que guarda relación con la existencia   de otras   personas  que  desempeñaban el oficio itinerante del que voy a hablar a continuación. Personas a las cuales   ellos si que  conocieron , cosa que yo no por el hecho de que aún no   había nacido.
 
A continuación iré enumerando personas y oficios, tal como indico arriba. Comenzaremos con los arrieros, los que desde tiempos antiquísimos han estado vinculados de manera  espacial, y por necesidad,  con el pueblo. Los antiguos arrieros de entonces, y que yo conocí,    venían a vender a Mozos de Cea y supongo que a los pueblos limítrofes  los llamados productos ultramarinos. La mercancía la portaban dentro de   los típicos carros de arriero  que se estilaban por aquellos años, lo cuales  eran tirados por un mulo. Hoy los vendedores de este gremio en muy poco se parecen a los arrieros originales. Su mercancía es transportada  en modernizados vehículos, con lo cual la estampa  del arriero transitando con su carro por polvorientos o pedregosos caminos, ya es historia. Por cierto, de ahí viene el refrán: "Arriero somos y en el camino nos encontraremos".
 
Revilla: Cuando nombras este apellido en el pueblo, es referirte esencialmente al gremio de los arrieros. Tres generaciones de esta familia original de Carbajal del Valderaduey han desempeñado el oficio del que os hablo en Mozos de Cea. Al principio con el carro tradicional del arriero,  hoy en día con camión.  El primero que conocí de esta familia tuvo la fatalidad de matarse en un accidente cuando iba montado en su carro,  el  cual, creo que fue el día de nochevieja, cuando  entornó por un barranco del monte Valdescapa con la mala suerte de caerle encima y  aplastarlo . Petronilo (Nilo) Revilla su hijo fue quien sustituyó al padre en la venta ambulante. Hoy este oficio en el pueblo lo desempeña el nieto del accidentado, José Revilla,   con su acondicionado y  moderno camión. Imagino que algún hijo de éste último cogerá el testigo . Y sino al tiempo. La saga es de suponer que continuará con la tradición "arriera".
 
Narciso Lazo: De Santamaría del Río venía este arriero con su carro tirado por un mulo, o macho,  que era un auténtico saco de huesos.  Pasaba tanto hambre que las hiervas de todas  las calles las segaba  con sus dientes. ¡Pobre animal!. Y lo mal que lo trataba el dueño porque no le  hacía ni puñetero  caso. Golpe va, y golpe viene, pero aquel  saco de huesos ni se inmutaba. Iba a lo suyo.  Como dice el tópico: "el hambre da más cornadas".

"El aceitunero": De Sahagún venía este señor con su venta de ultramarinos y como producto principal era las aceitunas verdes. De ahí su nombre. También la venta del pimentón picante a granel era otra de su espacialidad.

El tenderín: Este era el mote con el cual se nombraba a un señor cuyo nombre real era Eugenio.  Venía también con su venta de ultramarinos del pueblo de Villamartín de Don Sancho.

Aquilino: Nombre de otro vendedor de ultramarinos natural de Villaverde de Arcayos que estuvo unos cuantos años vendiendo en el pueblo. Cuando éste se jubiló le sustituyó su hijo Pano para seguir con el  mismo oficio que el padre. Ambos se desplazaban por los pueblos en una pequeña futboneta Renault 4.

Antonio: Este señor venía de Cea con el tradicional  carro de  arriero. No tenía mucho "éxito" en cuanto a ventaS, la verdad. Pero cada semana ahí estaba: puerta por puerta de cada vecina mercadeando con sus productos de ultramarinos.


Paco Morla: Los Morla han sido también una saga familiar dedicada al comercio de ultramarinos y también regentaban bares o cantinas en los pueblos donde residían. Como Villazanzo de Valderaduey o Velilla de Valderaduey. De este último pueblo era Paco Morla, arriero a la vieja usanza que ejercía su oficio de vendedor de ultramarinos  en  Mozos de Cea.




( En la imagen aparece el carro tradicional de los arrieros de antaño que está tirado por un mulo. Más o menos como el que aparece en la imagen eran los carros de arriero que iban en el pasado remoto al pueblo. Hasta la vestimenta del señor es casi idéntica a la que vestían también los antiguos arrieros que iba a Mozos de Cea)


Y dada por concluida  la lista de arrieros, que supongo siempre quedará alguno en el olvido o el desconocimiento, comenzará con la de los pescadores.  Desde tiempos remotos  los pescaderos ambulantes  siempre han venido con su mercancía al pueblo. Los primeros recuerdos que tengo sobre ellos es que el pescado lo traían  dentro de grandes cajas de madera y que estaba envuelto en ramas de helecho verde, y de hielo por supuesto. Pero lo del helecho es algo que siempre me ha entrado curiosidad saber porque la utilización de este vegetal. Otra cosa que era tradicional por entonces era el que las mujeres cuando iban a comprar  el  pescado  llevaban un plato, normalmente de porcelana blanco y muy utilizado en la cocina por aquellos años, para llevarse dentro de él la compra.

Antolín: Creo que era de Cea, o vivía en el susodicho pueblo este pescadero que transportaba su mercancía en      la popular  y simpática furgoneta  "Cirila" de la marca Citroën.

Gilio: Era sobrino  de el señor de arriba citado y utilizaba un  automóvil igual que el del tío. Fue el primero que puso equipo de megafonía en su coche para anunciar a las vecinas la mercancía que traía a vender. Pero eso si, en cuanto aparecía por el camino vecinal, antes de entrar en el pueblo, ya se le oía cantar a través  del altavoz su particular popurrí de canciones tipo copla. De ahí el apodo de "Cantamañanas". Por cierto, también fue el primer vendedor que aparte de pescado traía pollos y no veas el éxito que cogió este producto los primeros años.

Ángel: ( "El hijo del tuerto") así es como popularmente se le conocía a este pescadero natural de Villazanzo de Valderaduey y que su pescado lo transportaba en una furgoneta DKW verde.

"El perrillo": Con este mote se conocía, o nombraba, a un pescadero natural  de Santa María del Río . En principio venía a vender en bicicleta, luego se modernizó y lo hizo en una humilde moto. Por cierto, era el que más y mejor pagaba a los "pregoneros" (a nosotros los niños)

Gonzalo: Pecadero cuya residencia y pescadería tiene ambas en Sahagún y que totalmente modernizado es quien en la actualidad va con la venta de pescado y otros productos cárnicos al pueblo.

Juanito y Tomas: Ambos eran hermanos y vivían en Sahagún.  Como se remontan a muchos años atrás su presencia en el pueblo,  no llegué a conocer a estos hermanos pescaderos.


Y dejamos atrás la lista de pescaderos y comenzamos con la de los carniceros, que obviamente, como producto alimentico esencial o de imperiosa necesidad nutritiva a lo largo de los años varios han tenido presencia en el pueblo con su venta ambulante.

Natalio: Natural de Villanzanzo del Valderaduey.  Transportaba su mercancía  dentro de un par de serones  que portaba en su   lomo  un caballo. Vendía sólo carne de oveja y cordero. Recuerdo que cuando acababa de despachar a una vecina y se encaminaba a la puerta de la siguiente emitía la misma cantinela: "vamos con la música a otra parte".

Gaudencio: De Las Grañeras era este carnicero que venía en su Cirila, en la cual estaba rotulado lo siguiente: "Carnicería Gaudencio". Una anécdota acerca de este señor es que se generó un "conflicto vecinal" a cuenta de las patas de cerdo que vendía. Muchas vecinas querían comprar ese producto, pero como  no llegaba para todas,   había quienes antes de llegar al casco urbano del pueblo lo esperaban en el camino para comprarle las patas de marras. Este  hecho generaba un conflicto muy serio.

Laudelino: Más conocido popularmente como "Laude", ahora vive en Mozos de Cea, pero cuando se dedicaba a   la venta de la carne, su domicilio lo tenía en Villamartín de Don Sancho. En su Cirila tranportaba su mercancía cárnica exclusivamente  de oveja o cordero. Por cierto, también su auto llevaba el rótulo de "Carnicería Laudelino Villafañe"  

Paciano: De  Villavelasco de Valderaduey  era este señor carnicero. No lo conocí,  pero se de buena tinta  que en su momento estuvo vendiendo carne por el pueblo.

Gonzalo: Domiciliado en Villamuñío, pero su carnicería la tenía en Sahagún. Durante estos últimos años estuvo vendiendo variedad de productos cárnicos en Mozos de Cea. Debido a una enfermedad se jubiló  dejando obviamente la venta ambulante.  También cerró su carnicería en Sahagún. 

La carnicera de Cistierna: Así es como la nombran a la actual carnicera que cada tarde de sábado, desde este pueblo ubicado en la montaña oriental leonesa, Cistierna,     viene a vender toda variedad de productos cárnicos a Mozos de Cea.

Como es lógico, en la lista de vendedores ambulantes no deben faltar los panaderos que también desde tiempos remotos su necesaria presencia ha estado vinculada al pueblo.

Panadero de Sahelices del Río: Eran dos hermanos del pueblo citado, no recuerdo ahora sus nombres, los que venían a Mozos de Cea a vender la típicas hogazas de siempre: las bregadas y sin bregar.  Sólo existía esa clase de pan por entonces. Transportaba el pan en un Land Rover.

Senén: Natural de Villaverde de Arcayos este panadero. Utilizaba un carro muy bien acondicionado para el transporte y venta de las tradicionales hogazas.  Un par de mulos tiraban del carro. Siempre venía acompañado al pueblo por un perro mastín blanco.

Gorrona: De Santa María del Río, venía, y aún sigue viniendo este panadero. Primero fue el padre y fundador de la tahona quien venía a vender el pan al pueblo. Hoy es su hijo David quien se encarga de tal cometido. Y por cierto, acostumbra a venir a primeras horas de la mañana tocando su claxon  para avisar  de su presencia. El condenado claxon   emite las primera notas  de la conocida canción de "La Cucaracha" y no veas el cabreo que cojo uno cuando te despierta con ese estridente sonido "cucarachero".

A finales de la década de los setenta las pequeñas panaderías de los pueblos formaron una cooperativa en Sahagún y la dieron el nombre de " Industrias Holsan".  Algunos de los socios de esta cooperativa fueron quienes se encargaron en años posteriores a la fusión a vender  el pan en el pueblo. Hoy en día es el  hijo de un  socio de la  susodicha cooperativa   quien se encarga de este cometido  en Mozos de Cea.

Siguiendo con el tema de vendedores ambulantes, nombraré a: 

El de Banecidas: Así se como llamaba a un señor que era natural del pueblo leonés nombrado y venía  a Mozos de Cea vendiendo telas, mercería variada  y todo tipo de utensilio y material de costura. Transportaba su mercancía en un carro.

El cacharrero: De Villaselán venía este señor, no recuerdo su nombre, pero traía todo tipo de cerámica de barro cocido: pucheros, cazuelas, botijos, etc. En ocasiones también traía a vender las típicas madreñas de madera, muy usadas por entonces en el pueblo.

El pellejero: Dos hermanos naturales de Villalón de Campos venían a comprar los pellejos de oveja, cordero y conejo a Mozos de Cea. Aprovechaban también para traer a vender al pueblo el  famoso queso de oveja  elaborado en  Villalón de Campos.

(También solía venir a comprar pellejos un señor, mezcla entre pellejero e indigente, cuyo   nombre, o más bien mote era  "Capea". No recuerdo de donde era natural, sólo se que los días que estaba en el pueblo se hospedaba en casa de "El Tío Flores") 

El afilador: Dario era el nombre de este afilador que desconozco de donde era originario.  Lo que os puedo decir es que cuando venía al pueblo iba anunciando su presencia por las calles con el típico "silbato, o chiflo,  del afilador". Afilaba todo tipo de utensilios, pero su especialidad era la de afilar las cuchillas de las máquinas de segar la mies.

El capador: También desconozco de donde era natural este señor que por entonces venía al pueblo a practicar sus oficio  y que no era otro que amputar los testículos del cerdo. Se capaba al cerdo para que creciera más robusto y calmado "sexualmente" en su pocilga,  según la creencia popular. Por cierto, el capador también se anunciaba con el mismo sonido que el silbato del afilador.


El trillero: De Catalejo (Segovia) venían al comienzo de cada verano los trilleros para empedrar los trillos con unas piedras especiales y adecuadas para este fin. El hecho de estar bien empedrado el trillo hacía que moliera antes y mejor la mies.


El gochero: A comienzos  de otoño y de primavera era la época en que los vecinos del pueblo  compraban  el  cerdito  para su progresiva  crianza y luego bien cebado darle matarile, claro está. Era por la fechas indicadas cuando   venía    a vender  al pueblo su cerditos pequeños "el gochero". Recuerdo que  los traía dentro de un carro acondicionado con una especie de  compartimentos.

También venía al pueblo "El pollero",  vendiendo  sus  pollitas, y algún  pollitos que se colaba por equivocación. También vendían  el pienso compuesto para las aves. Las pollitas acabarían convirtiéndose en futuras ponedoras y los pollitos adquiridos  "por error" obviamente en  gallos de corral .


El pajero: Mi primer recuerdo que tengo  de los pajeros data de   principios de la década de los sesenta del siglo pasado y  está relacionado con un señor de nombre Angelín que venía de Riaño  a comprar paja al pueblo con un vetusto camión. Después de este señor, aproximadamente a  principio de la década de los  setenta, vinieron dos hermanos  naturales de Soto de Sajambre (León) con el mismo cometido. Estuvieron  varios años desempeñando este oficio en el pueblo. Por desgracia el hermano menor una tarde  se  mató accidentalmente en Mozos de Cea cuando estaba amarrando los sacos de paja cargados en el camión.

Los quinquilleros: El recuerdo que tengo sobre este tipo de personas es que venían al pueblo en familia: hijos, abuelos, padres. Permanecían sobre tres o cuatro días en pueblo y se "hospedaban" en el portal del "Tío Dionisio". Se dedicaban a arreglar faroles, candiles y todo tipo de cacharros de porcelana.  También fabricaban faroles y candiles para su venta a base de hojalata y estaño.


El de los fideos: De Santa María del Río venia al pueblo un señor que se dedicaba a hacer fideos con una máquina especial para esta función. Lo que no se si la pasta para elaborar el fideo la traía él, o eran las vecinas quien la aportaban  y "el fideero" se dedicaba exclusivamente con su artilugio a elaborarlos. Lo que  no dudo es  que resultarían un poco bastos y rudimentarios, nada que ver con los refinados y finos fideos que venden actualmente en  el mercado. Pero a buen seguro, que una vez que se secarán aquellos "autóctonos" fideos,   servirían para elaborar una rica sopa.  


Las personas que vendían, o ejercían un  oficio determinado, y de  presencia   constante, o muy a menudo en el pueblo, creo que están reseñadas arriba. Cierto que algunos otros venían, pero su presencia era mucho menos asidua o hasta  más bien circunstancial, como por ejemplo "los vendedores de mantas" que según ellos eran la típicas mantas de Palencia. Mucho éxito en clientela no tenían estos vendedores, la verdad.  Recuerdo también que muy de vez en cuando venían con su camión unos señores que   vivían por la  la zona del Levante y vendían mercancía textil. Lo que no se me olvidará es que en alguna ocasión si se enfadaban entre ellos por algo, discutían en idioma o dialecto  valenciano para que nadie se enterara de sus peleas verbales.

Cierto que aún siguen viniendo otro tipo de vendedores ambulantes al pueblo, acorde un poco con "la modernidad de los tiempos", como por ejemplo "el heladero" o los vendedores de alimentos ultracongelados. Uno de estos vendedores a los que popularmente les llaman "el de los congelados",  creo que viene del pueblo cántabro de Reinosa. Y no quiero olvidarme de hacer mención a un frutero que hace alrededor de 10 años que no viene por el pueblo mercadeando su fruta, pero si que lo hizo de seguido durante varios años, sobre todo en el verano. El hecho de nombrarle ahora  es por que  se hizo muy popular el eslogan con que  anunciaba por megafonía  los melones y sandías que traía a la venta. Decía así: " Traemos el rico melón terrón de azúcar y  la sandía  de sangre de toro" ¿No os parece curioso y original el eslogan?  Como acostumbro a indicaros, si a uno le da por "estrujar la mollera" a fin de rebuscar  en la memoria, siempre aparecerá algún recuerdo más asociado a   otros vendedores ambulantes o personas que desempeñaban sus   oficios relacionados  con una actividad que ya desapareció por simple evolución del tiempo. Como por ejemplo a ahora a  vuela pluma me viene a la memoria los vendedores de miel  y sobre ellos corría la leyenda urbana de que la miel que vendían la mezclaban con patata para disponer de más cantidad de miel, o el vendedor de fréjoles que a veces hacia trueque con garbanzos. En fin; que como indico rebuscando, rebuscando, siempre algo se encuentra.  Pero a mi juicio,   pienso que con lo expuesto ya es suficiente para tener algún conocimiento sobre el tema narrado.   Lo que está bien  claro, según mi opinión subjetiva por su puesto, es que en el pueblo   hoy en día no poder  comprar alimentos  no es por culpa de el  carecer de establecimientos para su venta, sino más bien el  no poder disponer  de la economía suficiente para adquirirlos, porque durante toda la semana puntualmente tienes  uno, cuando no dos, vendedores con el producto alimentico de turno. Y después de tanta "España vacía"; de tanta despoblación...que pequeños pueblos como Mozos de Cea  que carecen de una simple y humilde  tienda de comestibles,    de momento tengan la posibilidad de adquirir cuanto producto alimenticio   necesite sin tener que desplazarse  a Sahagún, o a León,     es una inmensa suerte y comodidad  para los pocos vecinos, o personas, que permanecen de continuo en el pueblo. Y que dure la suerte. Toquemos madera.

Y hasta aquí. Esto se termina. Sólo espero y deseo que el texto les haya resultado lo menos tedioso o aburrido posible debido a su extensión, y  a mi favor, lo más ameno o interesante  por el tema  expuesto. Ni que decir tiene que sigo deseando que sigáis, o tratéis, rabiosamente  de ser felices. Ahora que entramos en época veraniega y dicen, o rumorean, que el maldito y letal Coronavirus va a darnos tregua. A ver si es cierto. Pero habrá que estar siempre prevenidos y no quitarle ojo a fin de   tratar de mantenerlo a raya, aunque nos incomode y nos traiga de cabeza o agobie la "nueva normalidad" que nos van a imponer por normativa. Y sobre todo, y ante todo, responsabilidad cien por cien.  En fin Serafín; que llegó el fin.

Saludos a todas y a todos.

Rafael.
 
 
 

viernes, 1 de mayo de 2020

DÍAS DE ESCUELA (2ª Parte)



De nuevo hacemos acto de presencia en este espacio virtual a fin de retomar el asunto del que escribí en el anterior texto y que como sabéis estaba relacionado con mi etapa escolar  en  Mozos de Cea. Por tanto, lo que a continuación voy a escribir  será su  segunda parte que quedó aplazada y que ya os indiqué publicaría en el próximo párrafo; o sea este que ahora escribo.   Y bien,  quizá en esta ocasión para comenzar con el tema,  sería conveniente hablar, pongamos que lo más resumido posible, de como era el interior de aquella  aula escolar; o en que situación se hallaba. Digamos que por entonces aquella aula me parecía un espacio de    amplias dimensiones; en cambio muchos años después cuando volví a estar en su interior, ese mismo espacio  lo percibí  de reducidas dimensiones. Supongo que será esa forma distinta  de ver y calcular la amplitud real de las cosas, de  como se ven  cuando eres  niño,  a como se las  percibe cuando  eres ya un adulto, aunque sea el mismo espacio. Cosa lógica y natural que se muestre esa diferencia por simple evolución personal. Recuerdo que había dos filas de pupitres. Todos iguales, a excepción de dos de ellos que se hallaban en la fila donde nos situábamos los niños. Su diferencia  era que sus  asientos se podían subir y bajar, cosa que el resto no. Desde luego que eran más cómodos. Estos pupitres eran ocupados por  los alumnos de mayor edad.  Lo que también recuerdo es que en la tapa de  algunos de esos pupitres estaban gravados, con algún  objeto punzante, el nombre de  antiguos alumnos que habían pasado por la escuela.  Como ya os comenté anteriormente en todos ellos había unos agujeros que atravesaban su tapa  y servían para colocar los tinteros. Por cierto, cuando se derribó la escuela, alguno de estos pupitres quedaron guardados en un compartimiento que había en el portal de la iglesia. Cuando se tuvo que reformar el susodicho portal,  eliminaron el espacio donde estaban almacenados. Creo que en la actualidad alguno de esos pupitres se encuentran en el garaje de Jesús María Pacho. Supongo que se encontrarán un tanto deteriorados por el paso del tiempo.   Pero aún así,  me alegra de que se sigan conservando porque son una señal inequívoca que afirman realmente existió el edificio de la escuela en Mozos de Cea. Aparte de los pupitres, en las paredes había colgados los típicos mapas que había por entonces en todas las escuelas; creo que eran tres.  También había un antiguo reloj de pared, que en principio funcionaba y avisaba las horas puntuales con sus típicas campanadas. No se por qué razón un día dejó de funcionar. Parado  permaneció hasta  que salí de la escuela. Desconozco que fue del aquel artilugio.  Un cuadro en cuyo interior estaba  la imagen del dictador Franco y presidía la pared de frente a la entrada. Y junto al mismo, la bandera de España.  Recuerdo que  durante mis primeros años de asistencia escolar,  antes de entrar en clase, delante de  la puerta de la escuela, nos agrupábamos en dos filas, los niños en una y las niñas en la otra,  y cantábamos mano alzada, típico saludo nazi,  aquello de:  "Cara al sol con la camisa nueva...", y todo eso,  mientras un alumno en posición firme portaba la susodicha bandera. Había otros objetos dentro  de aquella vieja aula, como un par de encerados de diferente tamaño. Un mueble, o armario,  con su estantería llena de libros que servían para la lectura colectiva, una caja que contenía un rompecabezas y que nos sirvió para pasar horas y horas completando los mismos mapas de siempre.  Un sillón muy peculiar  de madera donde asentaba sus posaderas la maestra, junto a una mesa amplia y cuyo formato tenía su toque artesanal.   También una estufa de carbón, aunque más bien de leña,  por que era  el único  material  que se empleaba para su encendido. Lo normal era que aparte de dar calor escaso,  se originara un humareda de tres pares de narices. Este hecho suponía el tener que abrir puertas o ventanas, por consiguiente el  poco calor que daba aquella sencilla  estufa, una gran parte  del mismo   se iba para la calle acompañando al humo. Circunstancia que originaba  que allí dentro hiciera un frío de la leche. Por tanto,   durante el crudo invierno, para no acabar congelados,  había que llevarse un rudimentario brasero de casa. Aquel brasero    consistía en una lata de conservas de kilo con su agarradera y   en cuyo interior colocábamos unas cuantas   brasas que agenciábamos de la hornacha de casa.  Encima del  brasero poníamos los pies a fin de mantener  el cuerpo lo mas templado posible. A veces ocurría que al estar tanto tiempo con los pies sobre el brasero, las suelas del calzado se quemaban y solo te percataba de ello cuando alguien decía que olía a quemado. Y risa colectiva al canto, claro está. Pienso que, para no aburriros,  tampoco es cuestión de enumerar todos los cachivaches  que había dentro de la escuela a fin de  ser utilizados como material escolar.  Por tanto, en mi modesta opinión creo  que los objetos  con más enjundia que allí dentro se hallaban, todos quedan nombrados.
 
 
 

 
 ( En esta imagen podéis ver la portada y una pagina de la cartilla escolar que todos los alumnos de Mozos de Cea teníamos a título personal. En ella se anotaban  las valuaciones de cada trimestre,  la calificación obtenida en el examen de final de curso y  también el  comportamiento en la  clase de cada  alumno. La cartilla de la imagen es original. Perteneció a un alumno de Mozos de Cea, cuyo último año de su asistencia escolar fue en 1965. Esto es  lo que consta en la cartilla.)  
 
Como he hecho alusión a la leña que empleaba para el encendido de la estufa, comentaros que todos los años al vecino que le correspondía por mandato de la junta vecinal,  traía un carro de leña para el   consumo de la escuela.  Aquella leña de roble éramos  los niños  quienes nos encargábamos de cortarla con el oncejo que cada uno llevábamos de nuestra casa  y  almacenarla dentro del edificio de la escuela .Normalmente esta tarea la realizábamos por la tarde, con lo cual por unas horas nos librábamos de las clases lectivas.  Una tarea colectiva que resultaba bastante amena, por cierto. Aparte de cortar la leña, aprovechábamos también para elaborar los populares "picojos". Una especie de zancos, pero muy rudimentarios por que estaban  elaborados exclusivamente   a base de cortes y arreglos con el oncejo. Cuando finalizábamos  la tarea del corte de leña y su almacenamiento, comenzábamos nuestros particular divertimento   con los zancos.  Recuerdo que la leña se almacenaba dentro de un cuchitril de reducidísimas dimensiones que había dentro del edificio escolar.   Tenía una ventana minúscula y por tanto siempre estaba medio a oscuras. Tampoco importaba que no hubiera mucha claridad allí dentro porque  sólo se almacenaba la leña y algún que   trasto escolar deteriorado, o en desuso.  Creo que ya os comenté en otra ocasión, que durante los primeros años de la posguerra, este cuchitril fue ocupado por la Falange para   convertido en su "sede oficial". No era para menos, cuando por entonces vivía en el pueblo uno de los jefes falangistas de la comarca.    Y por cierto,  si nosotros los niños éramos quienes nos encargábamos de la tarea citada, las niñas también tenían en exclusividad otra tarea como era el barrer la escuela. Todos los viernes a la tarde dos niñas se encargaban de este cometido. Normalmente para esta tarea empleaban  unas  escobas de fabricación caseras y que se conocían popularmente como "escobas de heno" porque estaban elaboradas con este tipo de hierba gramínea. Por entonces en todas las casas era una costumbre utilizar la susodicha escoba.



 
( En la imagen aparece la portada del cuestionario, o examen, que en junio de  1966 tuve que realizar para pasar a cuarto curso. Constaba de varias pruebas de diferentes asignaturas este examen que  todos  los alumnos de tercer grado hicimos aquel año. En la página  final del cuestionario, quedaba constatada la puntuación final obtenida y calificación escolar. En esta hoja donde consta mi calificación personal, por cierto notable, aparece la firma de la maestra que aquel año nos puso el examen. Se trata de Micaela  Martínez, que era, o sigue siendo porque no ha fallecido, de Santa María del Río )

Por aquellos remotos años otra función que llevaban a cabo en la escuela  también en exclusividad las niñas era la de elaborar, o cocinar, la leche en polvo para todos los niños que asistíamos a clase. Aquella leche en polvo formaba parte del   "Plan ASA" (Ayuda social americana).  Los estadounidenses entre los años 1953-1965, aproximadamente,  enviaron  a España como ayuda alimenticia:   leche en polvo, mantequilla y queso. La leche en polvo  es la que solíamos tomar cada   mañana a hora del recreo y también por la tarde a la salida de clase. Cada día era dos niñas quienes se  encargaban de prepararla. Lo hacían dentro de la cocina que había en el edificio de la escuela y que disponía de un fogón de carbón,   o "cocina económica" como popularmente se conocía en el pueblo a ese tipo de cocina. Obviamente se utilizaba leña para su encendido porque el carbón brillaba por su ausencia. Parte de esa  leña que cortábamos los niños y que arriba comenté, se utilizaba para este cometido. Y bien,  ese par de niñas haciendo sus pinitos de cocineras como mejor sabían,  preparaban la ración de leche necesaria para toda la clase. Su elaboración la llevaban a cabo dentro de las   típicas ollas grandes  de porcelana de color granate y  que por entonces se utilizaban a menudo dentro de la mayoría de los hogares del pueblo. Hoy prácticamente su uso ha desaparecido. Algunas veces si no la removían lo suficiente la leche se formaban los típico brumos y esto  indicaba que no se había elaborado correctamente. Había quienes  para incordiarlas en plan malicioso, se lo echaban en cara.  Pero el caso es  que con grumos o sin ellos,   de mañana y tarde nos bebíamos aquella leche templada y que aderezábamos con la azúcar que llevábamos de casa, o cuando se podía, también  con   el cacao de elaboración casera.  Además,  era muy habitual el llevarse las sobras de la tarde para casa y bebérnoslas  a la hora de cenar.  Con lo cual, toda esa abundante  leche tomada nos proporcionaba el  aporte nutritivo y calórico que necesitábamos los escolares.    





( La imagen de arriba muestra dos hojas, o páginas, de uno de los cuadernos que utilicé en las clases escolares durante el curso 1969-1970. Curso que    fue impartido por la maestra Honorina López. Normalmente los alumnos  utilizábamos un par de cuadernos de este tipo para todo el curso.) 


Bueno, a mi juicio, creo que todo cuanto puede tener de relevante, o sustancial, en relación  con   mi época escolar ha quedado expuesto en estos dos párrafos que he escrito y obviamente publicado. Porque tampoco es cuestión de seguir  rebuscando entre la memoria más detalles  que estén vinculados a este  mismo  tema. Seguro que excudriñándola a conciencia aparecerían más momentos y situaciones afines a lo narrado.  Pero claro está, puede que de tanto "estirar el chicle"  se corra  el riesgo de que el texto  se haga excesivo ,  y tal como dije la otra vez, acabe por aparecer el tedio y aburrir a María Santísima y algún familiar de la misma. Por tanto, daremos por finalizado este asunto que habla, o más bien habló, de manera nostálgica, y no menos emotiva,   sobre el derruido edificio de  la escuela del pueblo:   "Escuela mixta San Benito de Mozos de Cea"; por si a alguno había olvidado, o no tenía la menor idea de que este fue el nombre oficial del centro escolar de Mozos de Cea,  a donde   yo  también fui a EGB, esa época que marcó a varias  generaciones de españoles.






( Supongo que habrá quien no se crea que la cartera que aparece bastante deteriorada en la imagen es la que utilicé  durante los curos de 1969-1970 y 1970-1971 en la escuela de Mozos de Cea. Pues créanselo porque es realmente cierto que es la que utilicé personalmente durante los cursos, o años, que indico para llevar mis bártulos escolares a clase. Por entonces, a la cartera escolar los niños acostumbrábamos a nombrarla como "El maleto")



Y sigo empeñado en desearos que intentéis ser felices a pesar de que, por causa de este "monstruo invisible",  pero letal, de Covid-19,  aún continuemos viviendo, o más bien sufriendo,   una situación difícil y complica, no exenta de miedo generalizado. Pero por suerte, y en beneficio de nuestra salud y vida,  parece que progresivamente la pesadilla tiende a ir desapareciendo. Ya se ve una perceptible luz al final del túnel y hacia su esperanzador resplandor nos encaminamos. Mañana al fin  nos darán la posibilidad de tomarnos un pequeño y controlado "respiro de libertad" fuera de nuestros hogares. Es hora de que entre todos, y de forma gradual,  empecemos  a poner   en marcha la normalidad con  su santa y tediosa rutina. Pero seguro que tendremos que seguir con la paciencia, el coraje, la actitud de resistir y la parte de responsabilidad que atañe a cada uno,  como hasta ahora para hacerlo posible. Conquistar la normalidad, será un camino duro y complicado para todos los que hemos sobrevivido a esta pesadilla. Y en eso estamos.

Saludos a toda y a todos.  

Rafael
 


 

jueves, 16 de abril de 2020

Volveremos a encontrarnos en Mozos de Cea










jueves, 2 de abril de 2020

DÍAS DE ESCUELA

 
 
Siempre tuve en mente la idea de hablaros de la etapa escolar que viví en el pueblo allá por mi remota infancia. Iban pasando los días, meses, años...y no me decía nunca. Pero por fin voy a ponerme manos a la obra, y como dice el refrán: "Que salga el sol por Antequera"· Vosotros mismos lo juzgareis o valorareis como os plazca. Y dicho estas protocolarias palabras, comenzaré diciendo que yo siempre la conocí con el nombre de "Escuela Mixta de Mozos de Cea", pero resulta que en 1997 buscando material escolar para la exposición que se iba realizar aquel año, que por cierto fue la primera de las cuatro sucesivas que se iban a realizar los siguientes años,  hallé un documento donde venía inscrito el nombre de Escuela Mixta "San Benito" de Mozos de Cea. Por consiguiente su nombre oficial debía ser el que constaba en aquel documento antiguo.  Documento que a día de hoy resulta papel mojado porque es evidente que el antiguo  edificio de adobe, como fue  la escuela, ya no existe. Pero puedo dar fe de ello que años atrás existió    aquella vieja y humilde escuela, por donde  pasaron  generaciones  tras generaciones de personas nacidas en el pueblo. Y dentro de aquellas rudimentarias paredes   aprendieron, o más bien aprendimos porque yo también pasé en su día por ese edificio escolar,  los conocimientos básicos de la enseñanza. Comentaros que fue    el curso 1980-81 el ultimo año que se   impartió clases docentes a los 6 alumnos que  por entonces acudían a este  centro de enseñanza. El siguiente curso se escolarizaron en Sahagún.  Los años sucesivos al cese de las clases, la escuela se utilizó como centro de salud hasta que la junta vecinal en consenso con lo vecinos del pueblo, no exento de polémicas a cuenta de las discrepancias vecinales, porque hubo partidarios  que estaban a favor de  conservar el edificio  y rehabilitarlo y otros en  su derribo inmediato, al final se decidió, o se impuso, el  derribarlo   porque se dio por hecho que no estaba en condiciones de ser restaurado. El derribo se llevó a cabo en el otoño de 1995 y sobre el solar del mismo se construyó en 1996 el actual  centro de salud. Por consiguiente, cuando se derribó el edificio de la vieja escuela, mezclados entre sus escombros  quedó una  parte muy importante y emotiva de la Historia de Mozos de Cea. Por alguna escombrera hoy se hallará enterrada o desaparecida. Así de triste y cruel, como la vida misma.  Por desgracia  jamás volverá a repetirse. Sólo a través de la memoria regresará de vez en cuando, tal como lo va a hacer a continuación porque voy hablaros acerca de los recuerdos de mi época escolar que obviamente están intrínsecamente vinculados al susodicho centro docente. Recuerdos que hablan de momentos y situaciones que viví personalmente, y que no dudo que  son idénticas, con alguna que otra excepción, a la de  de todas las generaciones de niños y niñas que yo precedí, o me precedieron,  y que también  en su día asistieron a la escuela de Mozos de Cea.
 
 
Fue en junio de 1963 cuando yo  "entré en la escuela"( es como se decía por entonces cuando asistías el primer día a clase)  . Mi primera maestra fue Emilia Díaz Rodríguez, natural del pueblo. Comentaros que era una costumbre el que cuando cumplías 6 años "entrabas en la escuela". No importaba  el mes que fuera. Como no existía ni principio ni final de curso, y la edad obligatoria para entrar en la escuela  era de 6 años, el mismo  día que cumplías esta edad, "para adentro". Lo mismo sucedía el día que  cumplías los 14 años porque    debías abandonar la escuela, o "salir de la escuela", en el argot popular. Al no haber examen final, ni certificado primario, ni documento oficial escolar alguno que acreditara tu escolaridad, pues que en llegando la fecha de cumplir  los 14, ese mismo día puerta, y si te ví no me acuerdo. Que desgracia. Por suerte, esta pésima costumbre de no entregar un documento que acreditara el que habías completado tu asistencia escolar  pasó a mejor vida con las siguientes maestras que sucedieron a Emilia Díaz.  Maestra con  la cual estuve  dos cursos. Y el recuerdo más relevante  que tengo de mi etapa escolar con ella, era que me castigaba a menudo dejándome encerrado dentro del aula y no poder salir a la calle durante el recreo. Por esta razón lloraba desconsoladamente.  Pero ella era inmune a mi llanto. Por lo que se ve, por entonces  debía ser un trasto de leches para tan severo castigo. Y con solo 6 años. Se ve que ya apuntaba maneras. 

 



(Aquí en esta imagen, o fotografía,  podéis ver a la maestra que nombro arriba, Emilia Díaz Rodríguez, que  posa junto a sus alumnos. Todos niños. La foto si no me equivoco está sacada en 1961...¡Anda que no ha llovido desde entonces en Mozos de Cea y alrededores!...Los presentes en esta imagen, a excepción de uno que lamentablemente ya falleció, la mayoría  se aproximan a los setenta tacos de calendario. Aunque alguno creo que ya los tiene encima del cuerpo, y con alguno de propina. Vamos que todo unos señores abuelos y seguro que muchos de ellos con nietos creciditos.  Es lo que hay, y lo que toca. Y tirar "pálante". Que visto lo visto, ni tan mal.)
 
 
A Emilia Díaz, la sucedió Micaela Martínez, natural de Santa María del Río. Sólo estuvo un curso ejerciendo su cargo docente en Mozos de Cea. Fue entre los años, 1965-1966. Continuo un poco con la forma tradicional de impartir las clases, tal como  las anteriores maestras. Durante sus clases  continuábamos utilizando los populares y antiquísimos cuadernos Rubio. Supongo que alguno de vosotros  ya saben de que cuadernos hablo, aquellos  que servían de apoyo o enseñanza pedagógica y en sus páginas se hallaban todo tipo de ejercicios  de caligrafía. Los alumnos de menor edad recibían su enseñanza a través del popular " El Parvulito". Había de  de primer y segundo grado. En cambio los de mayor edad lo recibían a través de la archiconocida y famosa "Enciclopedia Álvarez", también había de primer y segundo, y que fue una de las enciclopedias más conocidas de las que se usaron durante el régimen de Franco. Creo que fue en el año  1954 cuando se empleo por vez primera  esta enciclopedia en escuela y colegios y tengo entendido que en 1966  fue el último año que se utilizó como material didáctico.  Por cierto, con esta maestra, la entrada de alumnos siguió como de costumbre: la fecha de cumplir los 6 para adentro; en cambio la salida, sólo se hacia a final de curso, o sea en junio. Fue la primera maestra que al final de curso puso exámenes a los alumnos a fin de quienes estaban capacitados o no para pasar al siguiente curso. Otra circunstancia a tener en cuenta es que   a varios de los alumnos que finalizaban su asistencia escolar en ese centro, se le otorgó el "Certificado de escolaridad".

 
 
 
( En esta fotografía  sacada en mayo de 1966, podéis ver a los alumnos del curso 1965-1966 que posan junto a su maestra, Micaela Martínez. El edificio que aparece a la izquierda se trata de la vieja escuela. Que cada una, o uno, se moleste en averiguar los nombres de todos los niños y niñas que aparecen en la imagen, si le apetece claro está. La mayoría de  estos niños  como los de arriba indicados también son ya "abueletes".  ¡Quien te ha visto y quien te ve..! En fin:  antiguos que somos. Y a seguir. Toquemos madera. )


El refrán dice que "A rey muerto, rey puesto", y es lo que sucedió, una vez que Micaela Martínez no siguiera dando clases en la escuela de Mozos de Cea y ocupara su puesta su sucesora, Honorina López. Era  natural de León esta maestra. Recuerdo que tenía  una estatura  muy alta;  y  por cierto  las piernas físicamente creo que de "buen ver". Hago este comentario porque   los mozos del pueblo por entonces cambiaba el nombre de Carolina por Honorina, a la hora de cantar el estribillo de esa pegadiza  y conocida  canción que dice: "Que lindas piernas que tiene Carolina/ ni son cortas, ni son largas/ pero son a la medida...... ).  Todos los viernes a la tarde al finalizar de dar clase,  se iba para la capital y regresaba los lunes a la mañana. Entre semana se hospedaba en casa de Trinidad Antón. Debido a que el sistema educativo español tuvo que "readaptarse" al modelo europeo, en 1967 la enseñanza escolar estaba supeditadas a    los libros de la EGB; por tanto,  Honorina fue quien impartió por vez primera en la escuela del pueblo su enseñanza  a través de estos libros, los cuales,  a cada curso correspondiente  ella misma se encargaba de comprarlos en León, pero obviamente  cuando se los entregaba a sus alumnos éstos   tenían que abonar su coste. Lógico. En mi opinión, fue la maestra que más y mejor se implicó en la enseñanza escolar y otras actividades a fines; como las excursiones de fin de curso que hacíamos a los parajes lejanos del pueblo o a visitar el río Valderaduey, con pesca de cangrejo incluida. También recuerdo que tenía una costumbre y era la de bordar, o coser, digamos que su ajuar de boda, mientras que estudiábamos. Y que era una magnífica dibujante. Todos los niños siempre que estrenábamos un cuaderno, la primera hoja del mismo la reservábamos para que nos dibujara en ella uno de sus artísticos dibujos.  Otra costumbre que tenía mas bien mala, era la de aplicar castigos físicos utilizando una regla de madera y golpeándote con fuerza en la palma de la mano. Por cierto, Micaela tampoco se quedaba atrás impartiendo su particular castigo físico. No se, pero que mala costumbre tenían aquellos antiguos maestros, en este caso maestras, de emplear el castigo físico contra sus  alumnos. Honorina estuvo tres cursos seguidos impartiendo clases: de 1966-67 a 1969-70. El último curso estuvo ausente varios meses, creo que debido a que contrajo matrimonio. Durante ese tiempo de ausencia, la suplió otra maestra, Maruja Centeno, que luego se haría cargo de dar clases durante  todo el curso siguiente. La última información que supe de Honorina  López fue que lamentablemente había fallecido en la primavera de 2012.

 


(En esta imagen aparecen la portada de cuatro libros correspondiente a la EGB y que yo personalmente utilicé para la enseñanza escolar impartida por Honorina López y Maruja Centeno los cursos y años que indica cada libro. Algunos se les ve deteriorados. Normal. Han pasado 52 años y es lógico que el tiempo los deteriore. Nada pasa en balde. Pero ahí están, como  silenciosos y fehacientes  testigos que  acreditan mi paso por la escuela de Mozos de Cea.  )


Como indico arriba, quien sucedió el año siguiente en su cargo de maestra en el  pueblo  a Honorina López , fue Maruja Centeno. Era natural de Matallana de Valmadrigal. Sólo estuvo un curso impartiendo clases, que fue también mi último año de asistencia escolar. Se trató del curso 1970-71. Esta maestra era de carácter severo y muy estricta. Su forma de ser imponía y daba cierto pavor. No era dada al castigo físico, aunque yo siempre recordaré mientras viva aquella tarde que al entrar en clase después de comer,   me calló encima tal cantidad de bofetones  que me pusieron firme. Os cuento la razón.  La susodicha maestra tenía dos hijos:  Margarita María y Juan Manuel. Convivían con ella en el edificio de la escuela porque estaba acondicionado también para vivienda familiar, incluida cocina de carbón, o leña. Y bien, Margarita María tenía un problema de invalidez que la  impedía andar normalidad. Yo como un insensato   de vez en cuando la hacia burla imitando sus torpes movimientos. Debió contárselo  a su madre. Y lo dicho: un carro de ostias, merecidas y por sorpresa. No me quedaron más ganas  de mofándome de aquella niña.   Temí que como venganza al final de curso no me aprobara el examen para obtener el certificado de estudios primarios, pero se ve que ya se la había pasado el enojo y como todos los alumnos de mi quinta obtuve el certificado, pero también por haber aprobado el examen, claro está. Porque regalar no te regalaba nada si no podías conseguirlo por tus propios méritos aquella maestra tan estricta y severa, que el único recuerdo que me quedó de ella son aquellos  momentos de  ira desatada contra mí y  que ya os he narrado.

Y una vez expuesta la lista de maestras que impartieron sus clases docentes  durante mi etapa escolar en Mozos de Cea, lo siguiente sería hablar sobre como se hallaba por entonces aquella vieja  aula donde recibíamos las clases; así como  algunas anécdotas, o momentos vividos, vinculados al entorno escolar de entones. Es obvio que habría que resumirlo bastante para que lo relatado no resultara excesivamente largo, y por tanto aburrido. Pero aún resumiéndolo, me temo que seguiría siendo un texto excesivo que acabe provocando  tedio, con lo cual, lo más prudente será publicarlo en dos partes, tal como lo he hecho en otras ocasiones. Y es lo que haré: dejar el resto para una segunda vez. Aunque bueno, escribir otro   poco más sobre este asunto no creo que termine por resultaros tedioso, ¿ o si?. Aunque en mi opinión, pienso que  esto del tedio se genera más bien a cuenta de si lo que uno  está leyendo  resulta interesante o no. ¿No os parece? Y es que cuando se disfruta  de lo que  se lee, el hastío ni da señales de vida.  Digo yo. Y bien, os cuento. Cuando entré en la escuela, así como  un par de años después, un material didáctico de uso general por todos los alumnos era la tradicional pizarra negra. Supongo que la mayoría conoceréis este artilugio de forma rectangular que normalmente tiene, o tenía, un marco de madera. Para escribir sobre su superficie oscura utilizábamos un objeto conocido como pizarro o "pizarrín" y  que estaba echo del mismo material que la pizarra.  Normalmente por entonces utilizábamos la pizarra para escribir todo tipo de ejercicios aritméticos y problemas de cálculo. Por supuesto que también había cuadernos para otro tipo de escritura. Pero lamentablemente que por entonces ni bolígrafos teníamos.   Resultaba como un artículo de lujo, por tanto difícil o complicado adquirirlo. En cambio el típico lápiz negro lo teníamos todos.   El caso que por la ausencia de bolígrafos,   el artilugio que usábamos para escribir en los cuadernos era  la peculiar pluma. Por supuesto que no se trataba de la sofisticada y moderna pluma estilográfica, sino de una mucho más rudimentaria. Recuerdo que  había dos variedades de estas plumas; una se conocía como "Pluma de pata de gallo", y la otra "Pluma de pata de cabra". La tinta que se empleaba para escribir la elaborábamos en la propia  escuela. Llenábamos una botella de agua y vaciábamos dentro de ella una bolsa con un polvo oscuro.  Una vez agitada la botella su contenido se convertía en tinta. El ir y venir de los alumnos a llenar sus tinteros de aquel líquido era una constante. Los pupitres tenía un par de agujeros y dentro de  ellos se colocaban los tinteros. Por cierto, era  algo  habitual el que cuando se sobrecargaba  la pluma de tinta cayeran gotas  sobre el papel. Para absorber  esa gotas utilizábamos  el  "papel secante". No se si existirá ya este tipo de papel en el mercado.
 
 
 




( Por si hay algún despistado, o despistada, que no sabe de que va esto de la pizarra y cuando he nombrado tal artilugio le  ha sonado  a "chino mandarín", en la imagen podrán ver de que se trata. Idéntica a la que aparece en esta imagen eran aquellas antiguas pizarras que utilizábamos los alumnos en la escuela de Mozos de Cea. Y por cierto como no anduvieras con cuidado, se te acababa rompiendo. Pero aun rota, con ella seguíamos funcionando. No quedaba otra.)
 

 
 
(También os he nombrado los cuadernos Rubio. Para que conozcáis como eran,  en la imagen aparece la portada y el interior de uno de  aquellos cuadernos que  en mis primeros años me servían    para aprender   caligrafía y ejercicios aritméticos. Y como yo, al resto de los alumnos, que no nombro, pero ellos y ellas saben de lo que hablo por experiencia propia)
 


Y bien, que ya voy a dar por zanjado este asunto escolar, pero como arriba indico, primera parte; por que habrá un segunda en el próximo texto. Espero que no os hayáis sido presa fácil del tedio,  y por tanto hayáis acabado más aburridos que una mona.  No se. Oye, pues como ya conocéis de que va el tema, a quien les haya acabado aburriendo, cosa que siento, como el próximo texto va a ser más de lo mismo pues a pasar olímpicamente de leerlo. En cambio a quienes le haya suscitado cierto interés y quieran seguir leyendo las antiguas andanzas y vivencias  escolares acaecidas en  Mozos de Cea, pues les convoco a la lectura del próximo texto que en su momento  aparecerá publicado. Tal como éste que acabáis de leer. En esa quedamos.

Saludos a todos y a todas... y, ¿por qué no seguir deseando que tratéis de ser felices?. Que este tiempo difícil que estamos viviendo por causa  de esta  pandemia vírica que nos trae a mal vivir  a cuenta  del pánico que nos causa y la libertad que nos  priva, el tratar de  feliz debe seguir siendo nuestro reto diario.   Confío y deseo  que esta situación apocalíptica termine. Y cuando esto ocurra que nos sirva de lección y tomemos conciencia de nuestra fragilidad. También   a su vez también nos   sirva para mentalizarnos de nuestras debilidades como sociedad y nuestra fortaleza como personas. Sigamos resistiendo, aunque nos resulte  sacrificado e incómodo el confinamiento. Aguantemos otro poco más para que cada día sea un poco menos. La paciencia es la mejor cura en estos casos.

Rafael

 
 
 
 




prueba

domingo, 1 de marzo de 2020

MORCILLAS


El recipiente que aparece en la imagen y que está sobre el asiento de una silla es  la  popular caldera que desde tiempos ancestrales se ha utilizado en Mozos de Cea, especialmente para la elaboración de sus típicas morcillas de cebolla. 



Esta misma caldera hace muchísimos años, pongamos que a principios de la década de los años setenta del siglo pasado, se utilizó por ultima vez  para el cometido arriba indicado. Por tanto se trata de una caldera antigua y original. Todo un privilegio, y también  suerte, conservarla aún porque esta clase de  recipientes metálicos eran  piezas muy codiciadas en tiempos remotos por los anticuarios que pululaban por entonces por el pueblo. Un señor natural de Villamartín de Don Sancho, de nombre Juan, aunque en el pueblo se nombraba con el apodo de "Juan Veintitrés"  fue un anticuario que vació de antigüedades el pueblo. Por entonces, las estrecheces económicas que sufría la mayoría de vecinos del pueblo obligaban imperiosamente ha desprenderse de todos estos utensilios antiguos para obtener algún dinero extra que ayudara a su precaria economía. Lamentablemente hacer frente cada mes al pago de los cupones de la seguridad social, era auténtico "caballo de batalla" para las familias menos pudientes del pueblo. Razón por la cual este individuo Juan Veintitrés,  aprovechando los escasos recursos económicos de estas familias, siempre estaba predispuesto a mercadear con los objetos que le interesaban para beneficio propio.  Como ya he dicho las calderas eran piezas codiciadas,  pero yo creo que el valor en sí, más que por su antigüedad, era porque estos utensilios están elaborados con cobre en su totalidad. Y la venta y compra del susodicho metal tiene un alto precio en el mercado.  Volviendo a la utilización de la caldera, comentaros que no se empleaba sólo  para elaborar las morcillas, también se cocía en ella los chochos, o altamuces, que servían para alimentar a la vacas; bueno, las personas también comíamos nuestras buenas raciones. Después de desamargarlos, claro está. Como  he hecho amplia referencia sobre el tema de las morcillas artesanales que  se elaboraban antañamente en  Mozos de Cea, bueno sería comentaros resumidamente como se llevaba a cabo esta culinaria tradición, la cual lo habitual era que fueran las mujeres quienes la ponían en práctica. Obviamente ayudada por algún varón. Pero como digo nuestras abuelas y madres eran quien artesanalmente elaboraban con  maestría aquellas sabrosas morcillas caseras. Así que comencemos con el asunto "morcillero".
 
 
Empezaré diciendo, que los ingredientes principales de aquellas antiguas  morcillas caseras de Mozos de Cea eran:  la sangre de cerdo, el sebo o manteca seca de  vaca, otras veces se utilizaba la que procedía de la oveja,  la cebolla . También se incluían en su justa medida  la sal y el pimetón para darlas su  toque especial. Como es lógico, el día de la matanza del gorrino era cuando se obtenía la sangre y de la forma siguiente. El matarife clavaba el cuchillo en la zona de la yugular del gorrino. El desdichado animal tumbado sobre un banco y sujetado por varias personas para que no se moviera, chillaba con desesperación mientras que el matarife clavaba  y   removía el cuchillo dentro del cuerpo del cerdo, al cual  le salía  la sangre por la  herida en abundancia y caía dentro de un caldero. Una mujer iba removiendo con sus manos aquella sangre para que no se cuajará. Debía permanecer  en estado líquido  a la hora de elaborar la morcilla. Y desde luego que permanecía porque la porción de sangre necesaria era revuelta de forma constante. En ese mismo caldero se mantenía en reposo el tiempo correspondiente hasta su utilización. Normalmente una noche. Por cierto, el resto sobrante de la sangre, ya cuajada, se la cocinaba en la sartén para su consumo.  

Tal como dicen el tópico, y con mucho atino,  que del cerdo se aprovecha todo, pues algo tan repulsivo como las vísceras o tripas de este animal eran empleadas para elaborar las morcillas.  Cuando se le habría el vientre  sobre el banco-matadero donde se le había dado matarile, una vez chamuscado, se extraían de él todas sus tripas. A continuación,  en el lugar propicio,  se las lavaba a conciencia.  Una vez finalizado el lavabo,  las tripas   más delgadas se las destinaba para elaborar chorizos; en cambio las más gruesas para hacer las morcillas. A éstas  se las cortaba en pequeños trozos a los que se les iba cosiendo  una de sus partes, utilizando para este fin la popularmente "aguja pelujera" y el cáñamo.


Por tratarse de morcillas de cebolla, obviamente  era esta verdura el ingrediente  principal    de  aquellas morcillas caseras. Todos conocéis sobradamente que el pelar o cortar cebolla es una actividad muy desagradable por que es normal que el ácido sulfúrico  que contiene la cebolla acabe por irritarnos los ojos y eso supone un lagrimeo constante. Por entonces no había ácido alguno que impidiera el pelarlas y cortarlas porque la necesidad  obligaba. Y no era un par de cebollas únicamente las que se cortaban, sino por docenas. Con lo cual, tanta cantidad obligaba a que todos los miembros de la familia se implicaran en tan desagradable tarea. Unos se empleaban en pelarlas y otros en cortarlas. Por tanto el lagrimeo era compartido. Solía ser por la noche antes de la cena la hora en que se desempeñaba esta labor.  

Y bueno, pues ya las vísceras, o tripas, del cerdo acondicionadas para su cometido, la cebolla debidamente picada,  la sangre del cerdo aún líquida y el sebo seco reservado para la ocasión, sólo quedaba ponerse manos a la obra para comenzar la elaboración de las morcillas. Ahí es donde tomaba el protagonismo principal la caldera que aparece en la imagen. Habitualmente era en  la hornera donde se llevaba a cabo esta faena. Dentro de este habitáculo se hacia fuego en el suelo, y cuando estaba la brasa formada, encima de ellas    se  colocaba  unas trébedes grandes  y sobres  la misma  se ponía   la caldera. Dentro de este recipiente se introducía en principio el sebo cortado en pequeños trozos.   Progresivamente se iban derritiendo hasta convertirse en una líquido grasiento. Recuerdo que solíamos  comernos  los pequeños residuos de aquel sebo que quedaba sin derretir y que  popularmente se conocían como "torrejitos".  Con aquel líquido grasiento del interior de la caldera,  se mezclaba el resto de los ingredientes  y una vez todos allí dentro, se les iba removiendo de continuo con el "cucharón de madera" hasta que estuviera apto para su empleo aquel  caldo oscuro y pastoso conocido como  chichurro; aunque también había quienes le daban el nombre de "mondongo".  A base de tiempo y de ir probando el chichurro, la experta "morcillera" sabía perfectamente  cuando estaba en su punto afín de   comenzar con el relleno de   la tripas. Una vez listo,  se sacaba el chichurro de interior de la caldera y se le depositaba dentro de alguno de los recipientes que habitualmente se utilizaban     durante la matanza del cerdo,  como eran el barreñón o el artesón.


 
 
 
 



( En estas tres imágenes aparecen los utensilios que arriba indico:  el Barreñón,  el artesón y la cuchara artesanal de madera.   Obviamente los utensilios que muestran las imágenes no corresponden a nuestro pueblo, pero  en cambio  son idénticos  a los que se empleaban por entonces en Mozos de Cea para la elaboración de sus sabrosas morcillas caseras )

Una vez vacía y fregada la caldera se  la llenaba de agua y  volvía  a colocarse  sobre las trébedes a esperar a que entrara en ebullición aquel agua. Mientras,  se aprovechaba para  ir rellenando las tripas con el chichurro. Solía emplearse para este fin un embudo de metal  cuyo cono inferior era muy corto y bastante grueso. A cada trozo de tripa relleno, se le anudaba  la parte por donde había sido  introducido el chichurro.  Una vez acabado de rellenar todas las tripas,  en un palo con forma de  gancho  se iban  ensartando  varias morcillas para introducirlas   dentro del agua  hirviendo de la caldera. Y allí dentro permanecía un tiempo cociéndose hasta que "encallaran", tal como se decía en el argot popular. Este procedimiento se repetía una y otra vez hasta que todas las morcillas quedarán encalladas. Cuando esto sucedía,   se las iba  introduciendo una por una, a través de su "atijo",  dentro de los correspondientes varales. ( vara larga y gruesa que procede de las ramas de un árbol, por entonces comúnmente era de "zalce" -sauce)  Los varales repletos de  morcillas  colgantes se colocaban  en el techo de la cocina sujetos a las vigas con cuerdas o también dentro   de  unos artilugios acondicionados  para  este cometido. Y allí permanecían el tiempo preciso las morcillas colgadas en sus varales, curándose progresivamente con el calor que desprendía la lumbre de la hornacha, o el humo. Una vez curadas, a excepción de alguna casualidad, esas morcillas formaban parte de los sacramentos del cocido de garbanzos que a diario se comía en prácticamente todos los hogares del pueblo.


Supongo que habrá quien diga pero  de que cosa más insustancial nos está hablando este tío....¿no tendrá otra cosa más interesante que hablar de morcillas?  Puede que estén en lo cierto, porque la verdad hablar de como se elaboran  el susodicho embutido, interés o relevancia no es que tenga mucha. Aunque en esta ocasión,  si lo analizas detenidamente, según mi criterio, sí que la tiene. Porque no se trata de la elaboración de unas morcillas cualquiera, sino las que en tiempos remotos se elaboraban artesanalmente en Mozos de Cea con ingredientes la mayoría de ellos autóctonos,  y eso en mi opinión  tiene una especial y emotiva transcendencia, por el hecho de que antiguamente  resultó ser un  alimento esencial   de su particular gastronomía . Y también, porque además de elaborarse de forma artesanal,  se trataban de morcillas puramente naturales, sin aditivos ni conservante alguno. Difícil de encontrarlas hoy en día con esa pureza, a no ser que todavía algún "romántico", o más bien "romántica" que  las elabore artesanalmente en su hogar. Cosa que dudo porque no se dan las circunstancias para ello. Que os haya suscitado o no interés alguno todo cuanto os he hablado en este párrafo sobre el asunto culinario de marras, es cosa que desconozco;  en cambio quienes se hayan molestado en leer  por completo el texto, cosa que agradezco,  si que han de conocer como se elaboraban de forma artesanal las morcillas en Mozos de Cea antiguamente Y como dice el tópico: "El saber no ocupa lugar". Pues eso.

Y a seguir en la misma línea de empeñarse en ser felices.

Saludos a todas y a todos.

Rafael.