martes, 2 de julio de 2019

PORTALES




Nadie me podrá discutir que una de las partes principales   que tiene una vivienda es el portal. Su función antiguamente fue siempre  la de guardar en su interior los carros que  utilizaban  los agricultores para sus innumerables cargamentos y  que eran tirados, bien por una pareja de vacas o de mulos. Aparte de los carros, también solía guardarse en su interior la leña de roble para el fuego , previamente cortada claro está; así como todo tipo de aperos de la labranza. Pero aparte de ser utilizado, pongamos como  almacén,  donde se guardaba en su interior una variedad de artilugios de los más variopintos, todos ellos muy útiles en su momento por cierto,  muchos portales  también sirvieron en su día como lugar para reunirse en alegre camaradería  los mozos y niños del pueblo; así  como también fueron un ocasional refugio para transeúntes de paso, como  los   gitanos y quinquilleros  que en tiempos remotos su presencia en el pueblo era bastante habitual. Y por consiguiente,  siempre había que estar en alerta constante cuando éstos aparecían, en especial los gitanos porque al menor descuido  éstos  te robaban hasta lo que no estaba escrito.  Sobre todo las gallinas. Tenía tendencia a apropiarse de las pitas, sin duda.  Otros transeúntes de menor calado  que buscaban refugio en los portales, aparte de las cuadras,  eran los mendigos que por desgracia en aquellos remotos y terribles  años de penurias  practicaban a menudo la mendicidad por los pueblos. Como ya indico arriba,  los mozos y niños del pueblo se juntaban a menudo dentro de los portales en  animada compañía,  sobre todo durante el invierno para protegerse de las rigurosas inclemencias del tiempo. Como por entonces no tenían ningún  local público donde juntarse, los portales eran siempre el sitio propicio para este fin. El problema   era que los portales tenían su dueño y éste no quería que  los mozos o niños se reunieran allí dentro, porque lo normal es que acabaran  haciendo alguna de las habituales trastadas,   sobre todo cuando tenía su carro  guardado allí dentro. Pero haciendo caso omiso al dueño, se ocupaba  el portal sin temor alguno. Por esta razón más de una vez los niños tuvimos que salir por patas cuando  de lejos veíamos que venía el dueño  muy cabreado y profiriendo  gritos amenazadores  contra nosotros.



 
 
 
(En esta imagen aparece el típico  portal de adobes de  Mozos de Cea  de los que hablo en este párrafo.  El de la imagen es propiedad de los herederos de José Luis Pacho Rodríguez. Su ubicación corresponde a  la Calle Travesía de las Barreras. Como podéis comprobar está situado fuera de la entrada de la vivienda, cosa poco habitual. Yo siempre lo conocí abierta su entrada, a pesar de que en la imagen dos "portilleras" la cierren. Supongo que fueron colocadas cuando el portal fue reformado a cuenta de su deterioro.   Su utilidad siempre fue la de guardar el carro su propietario)

Han existido unos cuantos portales en el pueblo que por lo que representaron en su época,  tienen ganada su  popularidad.  La mayoría de ellos, bien han desaparecido o han sido reformados, con lo cual esta circunstancia hace que  poco, o nada, quede  de  su original estructura.  Ahora a continuación  escribiré en nombre de los portales que para mí,  por una u otra razón,  han sido los más populares , aunque alguno sólo lo conozca  de oídas porque físicamente no les llegué a conocer.

El portal de Clementino: Este portal estuvo situado en su día en la que hoy es vivienda propiedad de Adolfo Pacho. No lo conocí, por tanto  desconozco el lugar exacto de su ubicación,  pero en cambio si que conozco por boca de otras personas  que este portal  fue un  sitio donde acostumbraban a reunirse los mozos y los niños del pueblo. Os podréis hacer una idea de todo lo que dentro de aquel portal pudo acontecer, o hablarse,  durante aquellos momentos en que mozos o niños se juntaban allí dentro en bulliciosa y activa reunión.  Por cierto, los quinquilleros también ocuparon como alojamiento transitorio este portal cuando venían al pueblo para hacer arreglos con el estaño  de faroles, candiles y demás artilugios fabricados con  chapa o metal. Como algo anecdótico quiero comentaros un hecho, que no se si es parte de la rumorología popular, o es algo verídico, el caso es que he escuchado a más de una persona comentarlo,  que en este portal nació un niño. Parece ser que un día que se hallaban alojados en su interior los gitanos,    se puso de parto una  gitana  y parió allí dentro del portal a la criatura.  


El portal del Tío Dionisio: Este portal si que lo llegué a conocer y frecuentar durante mi etapa infantil. Por tanto conozco por experiencia propia todo cuanto allí dentro aconteció. Supongo que más o menos se viviría las mismas experiencias en este portal como en el que cité en primer lugar porque los protagonistas eran los mismos, aunque de diferente generaciones.  Recuerdo que allí dentro,  cuando hacia mal tiempo, practicábamos a menudo juegos tradicionales donde estaban las antiguas perras, o "perronas" de por medio.  Se jugaba  a "la careta" o  al "gallino". Este juego de las perras lo practicábamos tanto los niños como los mozos. Lo que también  hacíamos  a menudo los niños eran travesuras siendo la "victima"   de nuestras barrabasadas el carro del dueño del portal  que lo guardaba allí dentro y que no era otro que el "Tío Dionisio" .  Siempre estaba vigilante y cuando menos te lo esperabas,   aparecía de la misma con la cacha  en mano y lanzando gritos de amenaza contra nosotros. Cuando esto ocurría,   de ipso facto todos los niños  nos íbamos echando leches fuera del portal para que no nos cayera un "cachazo"  en el cuerpo. Pero al día siguiente allí dentro estábamos de nuevo, eso si, un poco en alerta por si aparecía por sorpresa. Por supuesto que también los quinquilleros hacía parada y fonda en ese portal. Recuerdo que hacían en su interior una fogata, bien para cocinar sus viandas, o para realizar sus trabajos  con la quincalla. Gustaba estar en su compañía, porque aparte  la forma tan peculiar que tenían  de hablar, contaban todo tipo de amenas  historietas que a mí, y supongo que también  a la mayoría de los allí presentes, nos  gustaba escuchar. . Este portal  hace unos cuantos años , principios de la década de los ochenta aproximadamente, fue tabicada con ladrillos su entrada, por  Vicente Díaz. Este señor se    se lo había  comprado a su propietario, Dionisio Conde. Por consiguiente,  el popular portal desapareció y supongo que con él desparecieron también aquellos añorados y divertidos  momentos que en grupo allí se vivieron; o vivimos, porque allí dentro yo también metí juntos a los niños de mi época horas en cantidades industriales.

El portal del Tío Walerico:  En el número 11 de la Calle Mayor se encuentra  este portal, que ha sido completamente reformado, por tanto de su estructura original apenas si queda indicio alguno. En tiempos lejanos este portal, en ocasiones, daba cabida en su interior  a los vecinos del pueblo y a su junta vecinal cuando celebraban  el tradicional Concejo vecinal. Cuando hacia buen tiempo, lo habitual era que la sesión de Concejo se celebrara en plena calle, sólo cuando la inclemencias del tiempo lo impedían, se utilizaba este portal. Que por cierto, también allí dentro se comía, o repartía, el escabeche que la junta vecinal obsequiaba a los agricultores el día de su patrón:   San Isidro "el labrador".

El portal de Silvio: Aquí habría que comentar  por partida doble el portal, o más bien portales ubicados en lugares diferentes, pero ambos eran propiedad de Silvio Morán. El primero  de ellos, ya desaparecido,  estuvo  ubicado entre las calles Travesía la Barrera y  Las Eras.  Su lugar lo ocupa a día de hoy  la vivienda que construyó en su día Maxi De Lucas Barreales. En tiempos remotos, pongamos aproximadamente década de los cuarenta del siglo pasado, cuando las inclemencias del tiempo no permitían a los mozos y mozas del pueblo  organizar su  popular bailoteo en la calle,   era dentro de este portal donde  lo preparaban y era  amenizado por la pandereta de Enedina Diaz De Lucas. ("La Ina", como se la conocía o nombraba en el pueblo). También durante mi infancia recuerdo que los niños y niñas del pueblo dentro de aquel portal muchas veces practicábamos aquellos tradicionales juegos de entonces,  como era el de los piñones, los fréjoles, los cartones de las cajas de cerilla, etc. Y ahora vayamos con el segundo portal. Este se encuentra en la entrada de la vivienda de su propiedad, hoy lamentablemente vacía.  Aunque como la mayoría de los portales del pueblo, también fue reformado. Infinidad de  horas fueron las que pasamos dentro de aquel portal los niños de mi generación . Hablo de la década de los sesenta, del siglo pasado claro está. Y mira que en aquella casa vivía toda la familia al completo, pero nosotros de mañana y tarde ocupábamos ese portal. Sobre todo los domingos y festivos. Mañana y tarde.  No debía molestarles  mucho nuestra presencia allí dentro, de lo contrario nos hubieran mandado a la puñetera calle.  También se daba la circunstancia de que durante unos años en  esta casa  vendían paquetes de pipas de la marca Facundo.  (los que en su interior tenían una bolita amarilla y al romperla, si era de color rojo, conseguías un premio, ¿recordáis?).  Y bien, allí   casca que te casca pipas,  pasábamos horas y horas en aquel viejo  portal. Recuerdo que también   se nos pasaban la horas viendo un álbum  completo de cromos de futbolistas. Colección que había completado Javier en su tiempo de estudiante  en  un colegio de frailes de Zalla (Vizcaya). ¡Anda que no le dábamos la tabarra constantemente a Dolores para que nos dejara  ver el álbum!





(Ya que he mencionado las pipas Facundo, y aunque resulten un tanto prosaico el comentario, aquí os dejo en esta imagen una pequeña bolsa vacía, y deteriorada por el transcurso del tiempo, con la marca Facundo. Se trata de un paquete original  que bien  podía ser de la época que ocupábamos los portales.  Como podéis apreciar, en  la bolsa de la imagen izquierda, en  un recuadro blanco con letras rojas impresas,  se ve la inscripción acerca de  la bolita de color rojo que resultaba premiada, de la cual también os comento  arriba)


El portal de Trinidad:  Este portal ya lo mencioné  con anterioridad en un texto que hablada sobre los diversos lugares donde se organizaban  bailoteos antiguamente en el pueblo. Con lo cual no me explayaré escribiendo acerca de él. Sólo deciros que allá por mediados de la década de los sesenta,  en el citado portal cada domingo y días festivos se organizaba un interesante bailoteo amenizado por la música que sonaba por entonces merced a los discos de vinilo. Recuerdo que aquellos discos eran mayormente singles. Avelina  (Vina) ,la hija de la propietaria del portal, era a quien pertenecía  aquel viejo   tocadiscos, donde sonaba aquella  música que animaba el divertido bailoteo de mozos y mozas en el interior del portal y también  parte del corral.  

El portal de Hortensio: Cuando escribí en un anterior texto acerca de las cantinas que a lo largo de los años ha habido en Mozos de Cea, ya hice alusión a este portal que era, pongamos  "el complemento" idóneo de la cantina. Por cierto, la barra de esa cantina  estaba   situada dentro de  lo que se conocía en el pueblo popularmente  como "casafuera". Pues bien, cuando hacia buen tiempo,  era literalmente ocupado el portal  por personas  de diferentes edades. Allí dentro se solía  jugar  partidas de cartas y dominó. En especial los domingos y días festivos  a la tarde. Los niños, y niñas por supuesto,  solíamos también pasar horas y horas allí dentro, normalmente comiendo pipas y alguna que otra golosina que vendía Hortensio. Y de vez en cuando también alterando el ambiente   con tanto griterío,  razón por la cual era normal que  nos mandaban a la puñetera calle porque   todo aquella escandalera,   acababa molestando   a los señores y mozos que jugaban las correspondientes partidas.  

El portal del Panadero: Frente a la actual  casa rectoral, o casa del cura, se encontraba este portal antiguamente, que por entonces  era propiedad de Guillermo Díaz Arroyo "El panadero". Fue derribado en su día y su solar paso a formar parte de la ampliación de una pequeña nave. Mucha relevancia no es que  tuviera este portal, pero como en ocasiones buscaban refugio allí dentro   los mendigos que venía a practicar la mendicidad de casa en casa por el pueblo, le cito también por que a mi juicio merece también estar en este listado de portales, que por una u otra razón, se pueden considerar populares en Mozos de Cea. 

El portal de la iglesia:  Este   pequeño recinto que es el  vestíbulo  de la entrada a la iglesia,  desde siempre fue un lugar  de reunión   para los feligreses  del pueblo. Por tanto público. Las reuniones allí dentro  prácticamente todas ellas siempre estuvieron asociadas al culto de la religión cristiana. Allí dentro a los niños,  a base de clases de catequesis o  de charlas vinculadas a la religión católica se les trataba de inculcar   la fe cristiana. Y también a menudo  el sacerdote, a la vez que les adoctrinaba, solía   aplicarles castigos corporales  por su supuesto mal comportamiento. Por entonces,  la tradición mandaba que los señores mayores y los  mozos, antes de que dieran las últimas campanadas (las tres)  para asistir a un determinado  acto religioso,   esperaran dentro del portal  charlando  antes de entrar en el interior de la iglesia. Parte de este portal fue acondicionado  para ser  utilizado como trastero con el fin de guardar  algunos de los viejos pupitres de la escuela cuando este edificio fue derribado. Y por ultimo, decir que durante aproximadamente tres años, 1969-1972, fue utilizado como Teleclub este portal.  Dejo esta función cuando construyeron el nuevo y actual edificio del Teleclub.

Y hasta aquí este listado de portales que yo recuerdo, y que por una u otra razón han resultado emblemáticos o populares.  En  su interior ha ido transcurriendo de forma lúdica  la vida de varias generaciones  del pueblo y  estoy convencido que muchas personas, desde la distancia que les concede el tiempo, recordarán con cierta nostalgia anécdotas  o momentos que transcurrieron dentro de aquellos rudimentarios portales por haberlos  vivido in situ.  Por otra parte, los portales, son parte consubstancial de las viviendas rurales, tan características en  Mozos de Cea y pueblos aledaños. En todas estas viviendas, o casas, su entrada principal desde siempre ha sido el portal. Entradas que tradicionalmente estaban cerradas con  recias y duras  puertas construidas la mayoría de ellas con madera de roble. A estas puertas de gran tamaño se las nombraba   popularmente  como "portonas". En una de esas portonas se hallaba incrustado  el típico postigo que consistía en  una pequeña puerta con su picaporte, algunos con llamador, y   que servía para la entrada y salida de las personas y animales de tracción, por supuesto.  Pero muchos de los portales que arriba he nombrado, no estaban cerrados con sus correspondientes   portonas.  Permanecían sus huecos abiertos durante todo el año y además solían estar un tanto alejados de la vivienda del propietario. Por esta   razón  no resultaba complicado  ocupar su interior. ¿ Y que otra cosa más que ocuparlos  podían hacer los mozos y niños si por entonces en el pueblo no había ningún local público para poder reunirse?  Sobre todo durante los gélidos inviernos de aquellos años porque no se podía aguantar en la calle charlando o jugando  a la intemperie.  Pero esta antigua ocupación de los portales que llevaron a cabo la sucesivas generaciones de Mozos de Cea para disfrutar en alegre compañerismo,   ya ha pasado a formar parte de la historia o del pasado.  Es imposible que se pueda dar tal circunstancias por razones bastante obvias como el que ya no quedan portales de estas características, ni tampoco  generaciones de mozos y niños  que lo pudieran poner   en práctica.  Además hoy en día está el local público del  Teleclub que es perfecto para este cometido.    Hoy los portales que existen  en las viviendas del pueblo, prácticamente todos están reformados y ello ha hecho que  pierdan su original y rudimentaria estructura. Alguna que otra portona con su postigo incrustado  aún se puede ver. Según mi criterio,  parecen  ser reliquias que acreditan con toda veracidad como eran las autenticas puertas que servía  para cerrar los viejos y originales portales de antaño. Es obvio que   todo fue, y sigue estando,  invadido por la modernidad y es irrefutable el que la  modernidad y el  pasado son antagonistas. Y como la modernidad es sinónimo de progreso, razón por la cual el pasado queda relegado a un segundo plano. Una lástima, pero hay que asumirlo y aceptarlo, pero eso sí, tratemos de que permanezca siempre latente la memoria,  porque un pueblo que olvida su pasado, sus raíces, gran parte de  su futuro queda  cuestionado.  

Espero que os haya resultado entretenida la lectura del texto publicado. Si es así, objetivo satisfactoriamente cumplido.

Saludos a toda y a todos y feliz verano.

Rafael.




prueba

sábado, 1 de junio de 2019

ADOBES

Regresamos donde siempre para hablaros en esta ocasión de esas tradiciones, la cuales, como tantas otras ya han desaparecido. Una de las que lamentablemente desaparecieron en el tiempo fue la   de fabricar adobes. Para ser sincero, os comento que no tengo ni la más remota idea  en que fecha, y debido a qué circunstancias,  se fabricaron los últimos  adobes en Mozos de Cea en algunos de los antiguos lugares que estaban destinados para este cometido. Lo único que conozco, aunque no aseguraría el cien por cien de veracidad, es que la primera construcción que se hizo en el pueblo y  que no se utilizó el adobe  fue la cuadra donde guardaba sus vacas por entonces  Juan Rodríguez (Juanito). Recuerdo que las paredes e interior de esta cuadra  fueron construidas con bloques.  La verdad es que por aquellos años resultó todo una novedad la utilización del bloque ya que   toda la vida se había empleado el adobe en el pueblo. Si no me falla la memoria, y en estos casos es fácil que lo haga, creo que fue a principio de la década de los setenta cuando fabricaron las paredes con bloques de la mencionada  cuadra. Esto fue el pistoletazo de inicio para que progresivamente otros vecinos fueran utilizando tanto el bloque, como el ladrillo, a la hora de  construir   nuevos edificios  o la rehabilitación de los antiguos. Este hecho, hizo que la fabricación del adobe fuera relegándose hasta el punto de hacerla desaparecer por completo. Pero antes de su desaparición, la presencia del  adobe en el pueblo  se hizo necesaria y de vital transcendencia para aquellos tiempos en que la precariedad con que se disponía de  recursos económicos  generaba una situación de supervivencia al límite.
 
Y ahora desde la memoria os hablaré de todo ese proceso que requería  la fabricación del adobe; así como los materiales necesarios y los lugares habituales donde se los fabricaban por entonces. Vayamos por partes. Que yo recuerde los lugares de costumbre para su fabricación eran en especial  dos y  se conocían como "Las adoberas de arriba",  y "Las adoberas de abajo" (aún se siguen nombrando a ambos términos con este nombre ). Ambas están próximas una de la otra y  supongo que la mayoría de vosotros sabréis que estos dos términos están situados muy próximos a donde se encuentra actualmente  la antena de Moviestar.  Recuerdo  que las adoberas  que estaban situadas en la parte de arriba tenían más actividad y allí   era donde se fabricaba la mayoría de los adobes por que el agua de la lluvia que caía durante el año  quedaba estancada  en las charcas o pozos situadas en el interior de ese recinto y  parte de ella se conservaba casi todo el año dentro de esas concavidades.  Y si no me equivoco, creo  que la tierra  de este sitio era más abundante y  de mejor calidad para la fabricación del adobe que la que se hallaba dentro del terreno de la adobera de abajo. Otro de los lugares donde habitualmente se desarrollaba esta actividad era en el paraje conocido como Valdezalces. Como en este paraje hay varios manantiales, esto facilitaba el que hubiera    agua en abundancia, razón por lo cual no existía problema alguna de fabricar allí los adobes durante todo el año. En algún que otro paraje del pueblo de forma  circunstancial se desarrolló esta tradicional actividad; como por ejemplo en el término conocido como "El Horcajo". Esto se debió  a que el albañil Abundio Modino, natural de Velilla de Valderaduey, construyó con adobes  un corral para encerrar la ovejas en el Alto Torriyuelo. El  propietario del corral  era, y sigue siendo, Matías Lazo, que, junto a su hermano, Serapio Lazo, ya fallecido, fueron los artífices de  la fabricación de los correspondientes  adobes para la construcción de este rústico edificio para la protección  del ganado lanar.





(Aquí en esta imagen aparece el corral que nombro arriba y que no es otro que "El corral de Matías". En el Alto Torriyuelo se encuentra ubicado esta pequeña edificación construida totalmente con adobes y algún que otro material autóctono, a excepción de la teja. Este corral, edificado en 1963, es una prueba  verídica que  acredita que  en tiempos remotos  se utilizó el adobe    en Mozos de Cea )

 

 
Y ahora os comentaré más o menos, y desde los recuerdos  que tengo "archivados"  en la memoria,  con sus márgenes de error claro está, como era el simple proceso de la fabricación del adobe. En principio  con la azada, u otra herramienta de símiles características,   había que cavar la tierra necesaria para hacer una cantidad considerables de adobes. Una vez cavada, creo recordar que se la golpeaba o machacaba para que ésta quedase lo más suelta y fina  posible. Sobre el montón de esa tierra convenientemente preparada, se vertía una cantidad propicia de aquella paja que anteriormente había sido  molida a base de haberla pasado por encima  de ella cientos de veces  con el trillo en la era;  lo normal que fuera  del  trigo de donde procedía esta paja. Y bien, antes de verterla sobre la tierra, si no recuerdo mal, había que acribarla para que desaparecieran la mayor parte de sus  impurezas. La razón de utilizar la paja era afín  de darle más consistencia al adobe y que éste no se agrietara.  A base de mezclar  tierra, agua y paja, y de remover constantemente esa mezcla se conseguía elaborar la masa que sirviera para la fabricación del adobe. Por cierto,  era bastante normal que algunos de los que removían aquella mezcla, se calzaran   botas de goma y se metieran  dentro de  la misma para efectuar mejor esa labor. Una vez ya convenientemente elaborado  el barro, a éste  había que darle forma de adobe. Para este fin se empleaba un artilugio de madera que se conocía popularmente como "amacal". Se trataba de un molde de madera de forma rectangular con el fin de darle la tradicional forma y aparentemente "medida  estándar"  a los adobes.  Se colocaba el susodicho molde sobre el suelo y se la iba rellenando hasta sus bordes de aquel barro, y como remate, y  a fin de  dejarle una  mejor presencia al adobe, se solía pasar por toda  la parte de arriba del molde  la paleta mojada en agua. Esta tarea se repetía una y otra vez   hasta que el montón de barro se terminaba. Los adobes recién hechos quedaba sobre el suelo extendidos  en espera de su secado. Cuando una parte del mismo estaba seca había que darle la vuelta par lograr el mismo objetivo. Una vez completamente secos se solían apilar unos encima de otros, aparentemente en forma de pirámide. Lo normal es que esperaran en esta posición unos días antes de  que fueran cargados en el tradicional carro tirado por una pareja de vacas y  luego transportados  hasta un  lugar de  la casa para  darles la utilización correspondiente. Por entonces como ya he indicado se empleaban para todas las obras que se realizaran   dentro de la vivienda o fuera de ella, en especial para construir  paredes y tapias. También solían emplearse para edificar  fuera del núcleo urbano, como eran los corrales de ovejas de las que ya os he hablado en infinidad de ocasiones; así  como también para la fabricación de palomares, o más bien palomar por que en el pueblo yo sólo he conocido uno.  Éste aún sigue en pie, aunque a mediados de los ochenta el exterior de su  pared circular de adobe fueron dos  albañiles del pueblo, Tomás Cuesta y Mario González, quienes  lo recubrieron  con ladrillos. También con adobes fueron  edificadas  las tradicionales casetas situadas en diferentes términos del pueblo. Una de ellas era la popular "Caseta del Tío Epifáneo",  situada en un viñedo, si no recuerdo mal estaba ubicada   en el término conocido como "El Anillo".  También en su día estuvo en pie  la  "Caseta de Julio" . Situada  ésta   junto la era de  y un  viñedo, ambos de su propiedad, y muy próxima  al cementerio. Estos pequeños edificios su dueños las utilizaban para guardar todo tipo de herramientas y enseres de labranza. También comentaros que el adobe es un buen aislante térmico que retiene tanto el frío como el calor. La mayoría de nosotros conocemos sobradamente que en el pueblo durante los meses de verano cuando aprieta la canícula de lo lindo,  en el interior de  una vivienda construida con adobes,  no se sufre excesos de calor  por ese efecto  aislante contra el calor que posee  el adobe. Y por propia experiencia lo hablo. Es obvio que las vivienda que están  edificadas  con los modernos y sugestivos  materiales de construcción, cuando aprieta el calor, la temperatura que se halla en  su interior se asemeja a la de un horno. Otra negativa experiencia personal que también he vivido. ¿Y quién no?





( Esta imagen nos muestra la forma tradicional de como antiguamente se fabricaba los adobes. Bien podría ser una fotografía sacada en Mozos de Cea en plena faena de la fabricación del adobe en cualquiera de las dos adoberas arriba citadas, pero obviamente no lo es; además, aquí el molde donde dar forma a los adobes, es completamente diferente al que se utilizaba en el pueblo. Como podéis observar este de la imagen se asemeja a una escalera, con lo cual puede formar varios adobes a la vez, en cambio en  Mozos de Cea el molde, o la "macal"  servía para fabricar solo una a la vez. Con lo cual era evidente que se tardaba más en elaborar la cantidad de adobes requerida. )

Quiero comentaros también que los denominados  "edificios públicos" en Mozos de Cea fueron construidos en su día con el adobe también. Me estoy refiriendo a la escuela, el cementerio y la casa rectoral;  bueno también habría que catalogar como edificio público el frontón, en el argot popular trinquete,  situado en su día en la Calle Cascajera. La escuela como es bien sabido fue derribada en el otoño de 1995, por tanto lamentablemente no queda señal alguna que indicara que   su construcción fue hecha con adobe. Lo mismo sucede con el trinquete que  progresivamente  acabó  convirtiéndose en ruina por su falta de utilización y  por el abandono. Sus ruinas desaparecieron a principio de la década de los ochenta cuando comenzó la canalización de las calles para meter el agua dentro de los hogares.  El cementerio, cuya construcción data de 1955, originariamente sus  cuatro paredes fueron construidas todas ellas con adobe. Pero a consecuencia de  las inclemencias del tiempo, se  fueron    deteriorando y  al final por imperiosa necesidad en años sucesivos se fueron rehabilitando esas cuatro paredes y hoy en día  los bloque   han suplantado al original adobe. Referente a los  adobes utilizados para la construcción de las paredes originales del  cementerio vecinal , quiero comentaros que fueron fabricados por todos los vecinos del pueblo. Cada uno de ellos tuvo que fabricar por obligatoriamente   la cantidad de adobes  que  le fue asignado, y la cual fue impuesta por mandato  del Concejo vecinal, presidido entonces  por el alcalde pedáneo Epifáneo Cuesta Rodríguez.  Y por último la casa rectoral, o también conocida popularmente como "La casa del cura". La casa actual,  fue construida en el mismo solar que estuvo la antigua casa rectoral cuando ésta fue derribada. Todos  los adobes  empleados para la construcción de la nueva casa rectoral,  se obtuvieron de la misma  forma que  se empleo para el cementerio. Fue en 1951 cuando el vecindario en pleno concejo, presidido por Alejandro Pacho,  aprobó la construcción de la nueva casa rectoral. Por cierto cuando se daba la casualidad de que algún vecino no podía fabricar los adobes por tener que asistir a otras obligaciones, solía   mandar a otra persona que realizara esta labor, previo pago acordado, claro está.  Fueron dos albañiles quien construyeron la nueva casa rectoral, uno de ellos era natural de Sahelices de Río. Solían ser uno, o dos, los peones de entre los vecinos del pueblo quien ayudaban a diario a estos dos albañiles. A pesar de que en 1952 estuvo prácticamente terminada la casa rectoral y presta para ser habitada, únicamente un solo sacerdote la habitó, este fue el párroco natural de Villalebrín, Bernardo Pérez Gil, que según mis cálculos fue  la friolera de aproximadamente 36 años. Casi nada. Y ahí sigue la casa rectoral, de momento en pie, pero no se hasta cuanto tiempo. Me temo que si nadie pone remedio acabará en ruinas. Síntomas  de que termine en esta situación,   en la actualidad da muestra muy obvias de ello.  Y es una pena que acabe en ruinas,  por todo  lo que esta emblemática casa   representa para el pueblo, tanto en el plano emotivo como histórico   y sobre todo   por el esfuerzo y el sacrificio económico que les supuso a todos  aquellos antiguos vecinos del pueblo su construcción . ¿Culpables de su destino en ruinas? Yo creo que  la dejadez, la indiferencia, el abandono, la testarudez, etc.     de unos y otros. Y en especial la del obispado de León por sus   intereses egoístas y mezquinos. Obviamente, la iglesia habría que considerar edificio público, el cual lleva varios siglos en pie, pero como se ve, el clero siempre ha tenido, y sigue teniendo, un gran poder económico,  de ahí la razón por la cual estos edificios  en la antigüedad fueron edificados con un material de mayor consistencia que el adobe. Razón por la cual continúan en pie después de tantos siglos de haber sido edificados.




( En esta imagen se puede apreciar una pared de adobe,  que bien se pudiera catalogar como uno de los últimos vestigios de este material de construcción que quedan en Mozos de Cea. Además también se puede observar con notoriedad la forma en que antiguamente construían las paredes de los edificios en el pueblo.  Aparte del adoben, también utilizaban maderos de roble empotrados en la pared en diferentes posiciones  para darle más consistencia a la misma. Esta pared, también se pude observar que su color no es el que tiene originalmente el adobe, se le ha dado una especie de barniz oscuro. Esto se debe a que su propietario, Matías Lazo, en el año 2015, ayudado por Maxi (Villadiego) rehabilitaron esta pared, para su mejor conservación y a su vez darle una estética original, razón por la cual se la dio esa capa del citado  color. Yo creo que la rehabilitación de esta pared de adobe estuvo influenciada en gran parte por que ese mismo año la Calle de La Era, donde está ubicado este edificio, fue asfaltada y colocada sus aceras. Comentaros también que Matías y Maxi para dar el capeado necesario a esta pared, tuvieron que elaborar de forma tradicional el barro. Como se ve, ambos se las apañaron perfectamente para conseguir esa paja idónea para su elaboración; que por otra parte, confirma que ha sido la última vez que en Mozos de Cea se elaboró de la manera tradicional una masa de barro para darle su utilidad correspondiente.)



Por otra parte, comentaros que cuando las paredes de los edificios y las  tapias construidas con adobes se deterioraban por las inclemencias del tiempo, por entonces era habitual "capearlas" con barro. Este barro    se elaboraba con el mismo material y  en  las mismas condiciones  que el empleado para la fabricación del adobe. Pero está tradición del capear las paredes, tanto como la de fabricar adobes, pasó a mejor vida, tal como  indico al principio. Además hoy en día sería harto complicado fabricarlos  como antiguamente al faltar unos de sus principales materiales como es  la paja  tal como se la utilizaba por entonces . Resulta  casi imposible conseguirla por que   que ya no se emplean en las eras los tradicionales trillos tirados por los animales de tracción, mulas y vacas,  para moler la mies y proporcionar esa paja ideal para el cometido citado.  Y las  que dejan las cosechadoras tras el segado, me da a mí que  son inservibles. Quiero también comentar   que apenas se ven  en el pueblo , y creo que también en los otros pueblos colindantes situados en la ribera del Cea o del Valderaduey y más allá de éstos, viviendas   que muestren su exterior construido con adobe. Casi todas ellas, por estética o para mejor conservación,  han sido cubiertas sus paredes exteriores  de adobe con ladrillo u otros materiales de moderna construcción. Alguna que otra pared  por causa del abandono y olvido, muestra su originaria construcción de adobe, pero  ya están muy  deterioradas o en semi ruinas. Pero esta circunstancia, por muy lamentable que resulte,  sin duda es señal inequívoca de que en la antigüedad en  Mozos de Cea, y los pueblos colindantes,    utilizaron  un  recurso natural  para la construcción de sus viviendas como fue  el adobe  y el cual posibilitó que los edificios construidos con este material formaran una especie de patrimonio arquitectónico histórico y autóctono. Patrimonio de gran transcendencia, pero como se ve, por diversas razones,  se trata de ocultarlo tras el ladrillo, o en su defecto borrarlo y con ello borrar a su vez parte de su intrínseca identidad. Y en mi opinión, por mucho  que el progreso y las  moderneces  se hayan impuesto y con ello el pasado quedé relegado, siempre resulta de vital importancia saber de donde realmente venimos.    Y esta es más o menos la realidad del adobe, contada desde mi punto de vista, claro está. Supongo que cada uno de vosotros lectores tendréis también vuestro particular punto de vista, así como opinión acerca   del adobe, ese material de construcción de viviendas que ha estado presente en todos los continentes y en todas las civilizaciones desde la antigüedad.

Espero que les haya resultado amena la lectura de este nuevo texto. Si es así, objetivo cumplido.

Largos días y placidas noches a todas y a todos. Y a poner cada uno de su parte todo cuanto nos posibilite hacernos feliz.


Rafael.



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miércoles, 1 de mayo de 2019

TARDES DE COSTURA


 Y aquí seguimos, con un poco más de lo mismo, aunque bueno, mismo, mismo...pues  yo diría que no, porque  que cada vez que aparezco de nuevo es para escribiros un tema diferente. Como lo voy hacer en esta ocasión que comenzaré diciendo que era costumbre allá por "los años de la polca" en Mozos de Cea el que varias  mujeres se juntaran en plena calle para coser o remendar la ropa de vestir y a su vez charlar animosamente. Lo normal era que  fuera en primavera ,o el otoño, cuando las tardes aún  son cálidas  el momento adecuado de la reunión para poner en marcha aquella antigua  costumbre de coser y remendar la ropa de vestir en plena calle. Era habitual el que  todas ellas llevaran  sus taburetes o sillas,  y también  su "medester" (canastillo de mimbre) donde guardaban los utensilios de costura.  Lo que no solía faltar dentro de aquel  mendester era una cajita, o bolsa de tela,  llena de botones de diferentes formas y tamaños. Cuando las prendas quedaban inservibles, a éstas se las arrancaban los botones y se les guardaba para ser utilizados cuando la ocasión lo requería, que era bastante a menudo. Y bueno, una vez   acomodadas en sus correspondientes asientos  en plena calle,  con la pericia que les caracterizaba a  aquella mujeres, que no fueron otras que  nuestras abuelas y madres,  le daban a la aguja con la destreza que  sólo ellas podía tener.  Eran auténticas artistas cosiendo o  remendando todo tipo de prendas de vestir. No había agujero en pantalones, camisas, chaquetas, faldas, etc. que se les resistiera. En ocasiones  zurcían remiendo sobre remiendo, perfectamente se podría considerar toda una obra de arte del cosido, la verdad. En especial los pantalones de pana marrón, los cuales era habitual que la mayoría de  los hombres mayores  por entonces vistieran.   Era muy  raro ver alguno  que no tuviera su remiendo.   Hoy en día cuando veo a toda  esta juventud , y no tan juventud, que por imperativo de la estúpida moda, visten andrajosamente  pantalones rotos o con agujeros, me acuerdo de aquellas mujeres que se afanaban por remendar los pantalones. Por supuesto que también zurcían los "tomates" de los calcetines. Como veis,  por entonces  los calcetines tampoco se libraban de los remiendos  ¿ Y las medias que utilizan las mujeres?   Cuando se formaban  las típicas carreras, las zurcían. Y mira que es complicado, o difícil,  por el tipo de tela tan sutil con la que están confeccionadas. No importaba, se las apañaban perfectamente para darlas el cosido oportuno a aquellas roturas . Recuerdo que para este menester se ayudaban de una bombilla fundida grande o un vaso. También solían utilizar estos objetos en  ocasiones  para remendar los calcetines.  Y así día tras día cada tarde aquellas anegadas mujeres, auténticas artistas del remiendo,   charlaban y cosían plácidamente en plena calle las prendas de vestir y cualquier otra variedad de tejido, porque era una costumbre y a su vez una necesidad imperiosa por el simple hecho de que los limitados recursos económicos que se disponía no permitían comprar nuevas prendas de vestir cuando se deterioraban. Comentaros que lo normal era que las cosedoras durante su faena,  siempre llevaban  puesto su dedal  correspondiente, si por casualidad u olvido alguna mujer que cosía no lo llevaba puesto, le caía encima ese refrán sobradamente conocido y que no es otro que: "Costurera sin dedal, cose poco y todo mal".   Quiero también  deciros que no solo  remendaban o cosían las prendas que por entonces se vestían exteriormente,   sino que también  también se las aplicaba el mismo remedio a  la ropa interior : calzoncillos (nada de Calvin Klein ni exquisiteces de este estilo, sino  el típico "gallumbo" blanco  de toda la vida, y alguno de pata larga, a los que  popularmente nombraban como "calzoncillos de celpa", los cuales era una costumbre que nuestros mayores vistieran en invierno)  Por supuesto que tampoco se libraban de pasar por la aguja para su correspondiente reparación,  las prendas interiores de las señoras cuando la ocasión así lo requería.  A raíz de las estrecheces económicas a las que me refiero,  me viene a la memoria una especie de copla que escuché en alguna ocasión cuando era niño y que guarda cierta relación con lo que os comento. Decía lo siguiente:
 
"Estoy loco de contento
porque mi madre me hace
unos pantalones nuevos
de otros viejos de mi padre".
 
Obviamente escucharlo cantado , como yo lo oí en su momento, sería lo ideal. Pero como no puede ser, pues queda escrito y seguro que os haréis una idea la situación de miseria que vive ese desdichado que se cree va a conseguir unos pantalones nuevos. Bueno, tampoco resulta muy disparatado el mensaje de la copla si lo extrapolamos a  una remota anécdota que yo recuerdo se dio en Mozos de Ca. Os cuento.  Es bien cierto que no conozco yo casos en el pueblo que una madre confeccionara a su hijo un pantalón en estas condiciones, pero si recuerdo que   en cierta  ocasión cuando acabábamos de entrar a la escuela, la maestra le preguntó a una de las alumnas .-  ¿ por qué no ha venido hoy tu hermano a la escuela?  Y ella tristemente la contestó: .-  no puede venir porque mi madre le ha lavado los pantalones. Podéis deducir por la  respuesta en que situación de penurias se podría encontrar aquel infeliz  cuando sólo disponía de un único  pantalón . Muy triste y penoso, la verdad. En fin;    que debido a la anécdota comentada, muchas veces las prendas de  pasaban de hermano a hermano. Sobre todo el abrigo, prenda de confección recia que aguantaba carros y carretas. Era evidente que el hermano mayor era quien lo estrenaba, cuando crecía y la prenda quedaba pequeña,  pasaba al segundo, y así sucesivamente hasta el último. Y lo mismo que el abrigo, los pantalones, jersey, camisas...No se tiraba nada hasta que casi de puro harapo quedaba  inservible.  Pero hasta que se deteriora por completo,  pues aguja, hilo y retales de tela  hasta que aguantara. Por desgracia es lo que tocaba por entonces. Por cierto, recuerdo que durante mi niñez era habitual que uno de los lugares en plena calle  donde se juntaban las costureras del " Barrio de Arriba" era frente a la casa hoy en propiedad  de Ángeles Pacho Rodríguez, situada en la  Calle La Barrera. Recuerdo que por aquellos remotos año este antiguo edificio  hacia la función de pajar y cuadra para encerrar las vacas. Su propietario era Cayo Cuesta.




( La verdad es que viendo esta imagen me recuerda aquellos momentos de los que os hablo. Y a su vez es como si viera a aquellas mujeres de Mozos de Cea sentadas en sus sillas en plena calle  cosiendo y parloteando alegremente. Tal como están sentadas en círculo sobre sus sillas, así se situaban más o menos las mujeres del pueblo haciendo la misma faena y con el medester a su lado ( el canastillo que aparece junto a los pies de alguna de esta mujeres) ¡Que recuerdos y que emotiva añoranza me transmite esta imagen porque a través de ella puedo ver a  aquellas mujeres de Mozos de Cea desempeñando idéntica labor de costura que la mujeres que aparecen en esta imagen.  Mujeres que tristemente todas ellas han fallecido. Ley de vida por nuestra condición de ser mortales.)

 
 
 Cambiando de tema, aunque en su desarrollo final un pelín relacionado   con lo que os he comentado, voy a hablaros sobre la lana y el uso textil y demás utilidades que se le daba. En un texto escrito en el blog con anterioridad, os hable de los rebaños de ovejas que hubo en Mozos de Cea. Y también os comenté que prácticamente todos los vecinos del pueblo tenían en sus casas alguna oveja. Esta circunstancia les facilitaba el que todos ellos pudieran disponer de una considerable cantidad de la lana que produce este animal. Por tanto cuando llegaba el momento de esquilarlas, a principios del verano, echaban mano de las "tijeras de esquilar" y con paciencia y buen saber pelaban a sus ovejas. Creo que algún kilo de esa lana sí que llegaban a vender a los laneros que entonces venían en su compra, pero la mayoría de esa lana se la quedaban para darle la utilidad propicia. Como era lógico, en principio había que lavarla a conciencia porque era obvio que estaba completamente mugrienta, Una vez que se consideraba que la lana se la había eliminado toda la suciedad, y ya seca, había que cardarla de la forma tradicional y artesanalmente. Para este objetivo utilizaban una especie de cepillo con mano y cuyas púas eran de acero. Este artilugio se le conocía popularmente como "carda". Y con la pericia y el aguante que les caracterizaba a aquellas mujeres del cardado tradicional, después de separar y estirarla con las cardas,  conseguían transformar la lana en fibra. A continuación utilizaban el huso y la rueca, artilugios de madera normalmente elaborados de manera artesanal en el pueblo, para hilar toda aquella lana con el fin de que  pudiera ser empleada para tejer. Normalmente eran calcetines los que tejían, prendas para los pies que a cuenta de los gélidos inviernos que durante aquellos remotos años acaecían en el pueblo, resultaban gloria bendita para abrigar a los pies. Además nadie podrá negar que estaban confeccionados con lana pura de oveja, y a demás autóctona. Ahí es nada.


 



( La mujer que aparece en esta imagen si es, o era, natural de Mozos de Cea, se trata de Dionisia Pacho Rodríguez, fallecida en el año 2013. Esta fotografía que fue sacada el 15 de agosto de 1999, el día que se inauguró la exposición celebrada ese mismo año y que trataba sobre ropa antigua, nos muestra en forma de exhibición  como se hilaba la lana antiguamente con el huso y la rueca. El huso es el palo  de abajo donde se va envolviendo la lana y la rueca que está la parte de arriba es que sostiene el mechón de lana ayudada por el brazo de la mujer, claro está. También podéis observar a la izquierda de la imagen, una silla y un medester.  Estos dos utensilios son idénticos a los que utilizaban antiguamente las mujeres que se juntaban para coser y parlotear en plena calle)


Pero no era exclusivamente para tejer calcetines y alguna que otra prenda en empleo que se daba a aquella lana, también era utilizada para   el relleno de colchones y todo tipo de almohadas. Por entonces no existían, al menos en el pueblo, esos  colchones "súper guay del Paraguay"   como pueden ser los  Pikolín, los Flex, y otros símiles. Prácticamente todos los   colchones que había estaban rellenos de pura lana virgen tal como indico, ideales para las frías y nada apacibles noches de invierno.  Y para las de verano,  nada incómodas porque   al parecer la lana tiene unas fibras que aíslan tanto del frío como del calor.   Por cierto, la lana de peor  calidad  a la que popularmente se la nombra como "borra", -solía tener un color oscuro- se la utilizaba para rellenar los típico "jergones".  Una especie de colchón, el cual algunas veces también se le rellenaba con la  paja de los cereales  o con  hojas secas  de las maíces. Normalmente no se hallaba dentro de los dormitorios, sino guardados en cuadras, pajares y símiles y exclusivamente eran utilizados en casos puntuales y por pura necesidad. Como era lógico, la lana de los colchones de tanto dormir sobre ella se acababa apelmazando, por tanto no resultaba nada agradable  dormir sobre él.  Por esta razón, era costumbre   descoser una parte del colchón y extraer del interior toda la lana. Luego se depositaba  aquella lana al aire libre   sobre aquellos bastos y coloridos cobertores que había en todas casas, a los cuales se les daba multitud de usos. Sobre ese cobertor   se  dejaba que se orease casi todo el día, a la vez que se la vareaba, habitualmente con el típico varal. Otro palo que tenía una función multiusos, la verdad.  Y después que sobre aquella lana se le había descargado con ganas un sin fin de "varalazos"  para desempelmazarla, y a su vez quitarla el polvo acumulado,  se volvía a introducir en el interior del colchón. Al que había que volver a coser, claro está. Una vez terminado todo el proceso de limpieza y vareado, aquel colchón quedaba como recién estrenado.  Nada que envidiar a los Pikolines y símiles. A las almohadas se hacia con ellas más de lo mismo. Recuerdo que uno de un lugar muy habitual para  el vareo de la lana eran los alrededores de la antigua barrera, por  hallarse rodeados de zona verde y también por que estaba el agua cercano por si la ocasión requería su utilidad. Aunque bueno, en los patios, nombrase  corrales,  de las casas también era costumbre llevar a cabo esta antigua tradición de varear la lana.


Tal como lo viví en su momento,  os lo cuento. Obviamente lo que aquí queda escrito es ya pasado. Un pasado intrínsecamente vinculado a los rasgos y caracteres de un pueblo, en este caso Mozos de Cea. Pero supongo que como nuestro pueblo, todos los otros que están colindantes a él, sus vecinas y vecinos, -el paisanaje en general de todos ellos- vivirían por entonces, en mayor o menor medida,  situaciones o costumbres  parecidas por esa cercana proximidad que tienen   todos ellos y  que hace el  que  la cotidianidad del día a día y las formas esenciales de ser y de proceder de todos esos pueblos sigan el mismo guión, aunque está claro que con alguna que otra variable. Digo yo, no sé tú. No se vosotros.  Dicho queda. Pues nada, que os haya resultado entretenida la lectura. Para que pediros más.


Largos días y plácidas noches  para todas y todos. Y a continuar tratando de ser felices que es una forma de resistir.


Rafael. 
 

lunes, 1 de abril de 2019

DIAS DE MASAR EL PAN

"Mozos de Cea no quedan/ tradiciones que has vivido/ la de cocer en los hornos/ el pan que muchos comimos"...Estos versos son parte de  romance (poema)  que escribí hace unos cuantos años y el cual está dedicado a Mozos de Cea. Obviamente en estos versos indico que ha desaparecido en el pueblo la tradición de amasar el pan. Efectivamente  hace ya muchísimos años que desapareció  y  que según mi criterio   resultó ser transcendental  durante aquellos tiempos remotos. Prácticamente  la totalidad de los vecinos del  pueblo se autoabastecían con su propio pan amasado en aquellos rudimentarios hornos de adobe y ladrillos refractarios que había  en casi todas   las casas del pueblo.  Y si se daba el caso de que algún vecino, más bien vecina, no disponía de horno en su casa,   lo normal era que amasara el pan en el horno de otra vecina. Por entonces había un buen "filing" vecinal  en lo referente a  este tipo favores.   Desde la calle era fácil conocer en que lugar de la casa estaba situado el horno, porque salía hacia el exterior la parte abombada del mismo. El espacio dentro de la casa donde estaba su ubicación   se conocía como "La hornera". Por cierto, durante la temporada de verano, era una tradición el que  la cotidianidad de la vida diaria, se desarrollara en esta parte de la casa indicada.
 
Y ahora trataré de comentaros como era por entonces una jornada de hornear el pan, siempre  tomando como referencia los recuerdos que tengo archivados  en  mi memoria sobre este asunto. No dudo de que  algún que otro patinazo mi memoria cometa por que lo escrito no concuerda  con la realidad. Pero bueno, al margen de excusas, comentaros que por aquellos remotos años,  para que  las mujeres  del pueblo pudieran amasar  era necesario que dispusieran  de la suficiente harina para este cometido. Los hombres eran quienes se encargaban de aprovisionarlas de la necesaria harina    para amasar la hornada de pan correspondiente. Para este cometido, los hombres, o mozos,  cargaban en sus carros de vacas los necesarios costales llenos de trigo y se encaminaban con destino al molino de Santa María del Río. Allí los dejaban llenos del cereal  a la espera de que en su momento la piedra de aquel viejo molino convirtiera  en harina ese  trigo. También una parte de aquella molienda quedaba    convertida en   salvados. Por entonces,    para las personas  aquellos salvados resultaban  incomestibles,  en cambio eran ideales para alimenta a los animales de tracción, a  los perros y a los cerdos en especial. Una vez que en el molino ya había echo su función,    el molinero  introducía esa harina  normalmente en unos sacos de telas estrechos y largos  a los que se les conocía como "hundas". El nombre popular que tenía la carga del interior de  la hunda se la conocía como "zaquilada". Los salvados en cambio  por su condición de marginados se le introducía dentro de los costales. Unas veces era el molinero Maximín quien personalmente se trasladaba con su carro a Mozos de Cea para entregar a sus dueños las "zaquiladas" y los costales llenos de los salvados; otras en cambio había que ir personalmente a recoger la harina y salvados.   No estoy muy seguro, pero creo que como pago por esta labor, el molinero se quedaba con parte del producto. Por cierto, también venían por entonces para hacer esta misma función, Heraclio y Benito,  dos molineros de Velilla de Valderaduey. Ambos se encargaban de recoger a los vecinos del   pueblo los costales de trigo para moler y ellos mismos les  traían la harina  y los salvados a su casa.   Nunca supe  porque razón este molino de Velilla de Valderaduey tuvo mucha menos aceptación que el de Santa María del Río. 







 ( En esta imagen podéis observar la hunda de la que hablo. Más o menos como la que aparece en la imagen eran las hundas de tela utilizadas en Mozos de Cea para transportar dentro de ellas la harina. Una vez llenas como arriba indico en el argot popular se decía "zaquilada")

Y bien, una vez que ya se tenía la harina en casa, lo siguiente era comenzar al proceso de amasar y lógicamente después hornear el pan . Para poner en marcha  el proceso, lo primero que había que tener  en  casa  era una pequeña porción de levadura madre, o  "recentadura" como en el argot popular se la conocía. Cuando por un casual la recentadura se enmohecía,( o se ponía "mosa" como se decía por entonces),  y no servía para su utilidad, era un hábito el que  las mujeres fueran  a casa de alguna vecina  para que  les prestara la recentadura que tenían ellas guardada. Todas las mujeres que amasaban en el pueblo  reservaban una pequeña porción de la masa fermentada a fin de  ser utilizada en su próxima hornada. Recuerdo que la noche anterior a cocer el pan, se solía mezclar la recentadura, con la harina, la sal y el agua, y soba que te soba hasta conseguir una porción de masa considerada al  que se conocía con "urgüento".  Una vez en su punto la masa, se la envolvía en un lienzo y se dejaba que fermentara toda la noche. Por cierto, era del "urgüento"  de donde procedía la recentadura.   Al día siguiente esa  misma masa fermentada se depositaba dentro de una artesa y   se añadían los mismos ingredientes pero en mayor cantidad, luego  se iba agregando de forma progresiva mas harina hasta conseguir  elaborar la suficiente masa  para hornear las correspondientes hogazas.  Una vez elaborada, se solía dejar reposar un tiempo. Momento en que se aprovechaba para encender el horno.   Para este cometido,  se introducía en su interior  gran cantidad de leña de roble para que ardiera a fin de   que lograra alcanzar los grados de calor necesarios. No  os podéis imaginar con que fuerza tan violenta  desprendía sus llamaradas  la leña ardiendo.   Los mayores decían que aquello se parecía a "Las calderas de Pedro Botero".  Se solía tapar la boca del horno  mientras se iba quemando con esa vehemencia  la leña  mientras que a su vez  iba aumentado los grados   de calor  en su interior.  A la vez  que el horno se iba poniendo en su punto,  era el momento de que  la masa compacta que se hallaba en el interior de la artesa , manos expertas  lograran darla por partes forma de  las tradicionales hogazas.  Como era lógico, había unas mujeres más diestras que otras, tanto en la elaboración de  la masa  como el  darle forma a las hogazas. Porque exclusivamente era lo que se elaboraba por entonces, no existía por aquella época toda esa variedad de  barras de pan como  hoy en día. Bueno, alguna que otra torta azucarada  también se hacía. Y bien, una vez  que progresivamente la leña  se había  convertido en brasas y  el    horno había cogido la temperatura ideal, era el momento de introducir en su interior las hogazas.  Pero antes de llevar a cabo esta acción,  era necesario quitar las brasas del interior y limpiar a conciencia la base del horno. Y era esta labor la que se llevaba a cabo. Primero con el "mazagatos"  ( un palo largo y en su punta una tabla encorvada al estilo rastrillo)  se arrastraban todas las brasas hacia el exterior y se las depositaba dentro de una  hornacha que estaba situada debajo  de la misma  boca del horno y tenía un fondo amplio.  Se las depositaba allí dentro con la finalidad de que  conservara mejor  el calor del interior. Una vez que desaparecían todas la  las brasas, había que lavar a conciencia el suelo del horno. Para este cometido se utilizaba "las trapas", que no era otra cosa que un palo largo, o varal en el argot popular, y en cuya punta se ataban unos cuantos  trapos viejos. Y luego  frota que te frota con agua y jabón.  Y cuando  se suponía que  estaba  óptimas condiciones su limpieza, sobre la tradicional pala que utilizan los panaderos, se colocaban una por una aquellas hogazas y tortas y sobre la base del horno se depositaban. Y luego a es esperar el tiempo necesario de  cocción. La verdad es que  no se cuanto tiempo era el  suficiente para que estuviera  horneado en su justa medida el pan.  Supongo que las expertas y circunstanciales panaderas de entonces lo conocerían sobradamente. El caso es que una vez cocidas en su punto las hogazas, para su mejor conservación se acostumbraba a guardarlas dentro de los típicos y antiguos arcones de madera  que había en todas los hogares del pueblo. Se solían hacer hornadas de pan para que duraran de dos o tres semanas, por lo tanto,  los últimos días  no resultaba extraño que aquellas  hogazas estuvieran duras como piedras, o parecido. Pero no había más remedio que hincarle el diente porque  hasta la próxima hornada no había más pan que echarse a la boca. 






( En esta imagen podéis ver una artesa de madera que como se ve está bien conservada; por tanto en condiciones perfectas para su utilidad. Parecida a la de la imagen eran aquellas artesas que la mujeres de Mozos de Cea empleaban para elaborar la masa de hacer pan. Os cuento una anécdota asociada a la artesa. Veréis. Creo que nadie me negará que su forma tiene un pelín parecido a una barca, o más bien barquichuela. Pues eso  fue  lo que yo creí ,o lo  pensaba allá por  mi lejana infancia. Por tanto una tarde le eché coraje y  arrastrando con una cuerda la artesa que teníamos en casa, me fui decidido a las barreras con el fin de surcar aquellas aguas subido en mi "artesa-barca".  Cierto que me adentré unos pocos metros barrera adentro, pero sin poder navegar ni un mísero metro, ya que de la misma por las innumerables grietas y agujeros que tenía en su base la artesa, comenzó a entrar agua de continuo y triste de mí sin poder achicarla. Con lo cual se llenó por completo y quedó varada entre el barro. Todo un fracaso resultó mi intento de navegar por la barrera. Oye, pero la intención era buena, ¿ no os perece?. El añorado Luis Pacho Rodríguez, como distante  espectador que fue de mi navegantes propósitos, solía recordarme  con su particular socarronería este original y nostálgico hecho. )


No quiero olvidarme de comentaros  que aprovechando la hornada de pan  para el  consumo de personas, también se amasaba una especie de pan que servía para  alimentar a los perros. Este pan estaba elaborado  con los mencionados salvados y   una vez cocido su color era más bien negruzco. Parecido un poco al pan integral que se hace hoy en día, pero obviamente aquel era de mucha peor presencia. El nombre que popularmente se le daba a este pan era el de "caniego". De ahí la razón de  el por qué cuando el  pan cocido salía de mala calidad o tenía mala  presencia, la mujer responsable de   su elaboración decía de forma despectiva: ¡ Esta vez en vez de pan, me han salido  caniegos para los perros! También se daba la casualidad  de que alguna  mujer  aprovechaba que el horno estuviera aún con la temperatura ideal, una vez horneadas la hogazas, para elaborar   la típica y exquisita repostería casera en forma de: sequillos, magdalenas, roscas, etc. Una de aquellas mujeres a las que me refiero  era "La Tía Esperanza" ( Esperanza Vallejo) Recuerdo que era muy experta en este tipo de repostería; es más,  hacía hasta caramelos caseros.  




(  Esta labor de elaborar  poco a poco  la masa dentro de la artesa que lleva a cabo la mujer que aparece en  la imagen, es idéntica a la que  desarrollaban  con mucha solvencia en tiempos remotos  las mujeres de Mozos de Cea en sus horneras cuando  tenían que amasar el pan. )


Como era lógico, debido a la   evolución y a los inevitables cambios que  de forma progresiva fue imponiendo  el tiempo,   paulatinamente la tradición de amasar fue despareciendo. A mi juicio yo creo que también  un poco   por la comodidad de disponer del pan necesario para consumir sin tener que  soportar el cansino y atosigante  trajín  que suponía  tenerlo que amasar por obligada necesidad, sobre todo   en verano cuando arreciaba la canícula de narices.  Cuando se dejó de amasar, fueron los panaderos que disponían de su  "particular y humilde panadería industrial" los encargados de ir a Mozos de Cea para suministrar el pan a sus vecinos. Recuerdo que por entonces venían dos panaderos: uno era Senén, natural  de Villaverde de Arcayos.  Éste transportaba el pan   en un carro  tirado por un mulo; por cierto,  siempre venía acompañado por  un enorme perro mastín blanco. El otro, o más bien los otros, ya que eran dos hermanos los que venían de Sahelices del Río  transportando el pan en su Land Rover Santana. Estos hermanos panaderos tenían una forma muy peculiar de cobrar el pan a algunos vecinos de recursos limitados.   Solían apuntarles en una libretas todas las hogazas que les compraban durante el año y al llegar septiembre, estos  vecinos pagaban su deuda  con los correspondientes kilos del  trigo  recogido  en la última cosecha. Por cierto, a principios de los setenta del siglo pasado todas aquellas humildes panaderías que había por los pueblos limítrofes, formaron una cooperativa  en Sahagún. Luego fueron los panaderos de  " Industrias Holsan S. L." ,  este fue el  nombre comercial con que registraron a la susodicha   cooperativa panadera,  quienes desde entonces, y  hasta día de hoy, han ido proveyendo    de pan a los vecinos de Mozos de Cea. Bueno,  también en la actualidad de este cometido se encarga la panadería Gorrona, ubicada en Santa María del Río.  No quiero que se me olvide comentaros que también en Mozos de Cea hubo en su día una rudimentaria panadería industrial, o algo similar.  No estoy muy seguro de los años que corresponde a su existencia, pero creo que fuera por la década de los cincuenta del siglo pasado. Guillermo Díaz Arroyo, "El panadero", como se le nombraba  popularmente, era el dueño y quien amasaba en esa panadería.   ( Por cierto, este señor, genio y figura,  era todo un personaje que sin duda se merece en exclusiva un texto para él solo. Hoy de momento no, pero con el tiempo todo se andará) Lo que yo tengo mis dudas es acerca de si le sería rentable o no  su rudimentaria tahona.  Por entonces,  lo normal era que todos las vecinas del pueblo amasaran su propio pan, razón por la cual se generan  mis dudas. Clientes de otros pueblos si que debían venir a comprarle pan;  como por ejemplo uno de Valdescapa. Según he oído, este señor al que apodaban "Pepuca", y  que al parecer fue maestro, venía con su mujer, Goya,   y se llevaban sacos enteros de hogazas. La panadería de la que os hablo estuvo en un parte de la casa que hoy día es de mi propiedad situada   en el nº 4 de la Plaza San Pelayo.  Aún recuerdo  los dos hornos que tenía aquella rudimentaria tahona  de "El panadero" .  Por entonces,  presentaban ambos un aspecto  de total abandono, casi en ruinas, pero en cambio se percibía claramente que se trataba de hornos aparentemente industriales. Cuando en 1970 se hizo  la primera reforma de esa casa  desaparecieron ambos hornos y todo cuanto a ellos estaba vinculados. Y desgraciadamente  lo mismo que estos, por una u otra razón, fueron despareciendo paulatinamente el resto de los hornos que había en el pueblo. Estoy convencido de que ya no queda ni un vestigio que pueda indicarnos en que parte de la casa  estuvieron situados en su día.  Lo mismo ocurre con aquellos  artilugios que fueron necesarios para amasar el pan, los cuales arriba os he nombrado. Supongo que junto a  los antiguos aperos de la labranza también estarán almacenados todos ellos  en el rincón del olvido. Por eso de vez en cuando resulta  muy emotivo rescatarlos por un tiempo de tan deprimente rincón a fin  de  darles luz, vida, aire...a través de la memoria. Es una forma simbólica de agradecer la utilidad que prestaron en su día y la cual resultó  ser una parte fundamental y necesaria  en nuestras vidas. Es obvio que esa utilidad que nos dieron, en su momento, tanto  los utensilios para amasar, como los aperos de la labranza,    ha posibilitado el que generación tras generación nacida en  Mozos de Cea, o vinculada directamente al pueblo por determinados  lazos sanguíneos,  tengamos  la oportunidad  de continuar sintiendo cada día   todo el dolor y la belleza de estar vivos. Como por supuesto  espero y deseo que  sigan teniendo   esa misma oportunidad todas  las generaciones que a nosotros nos precedan

Y esto fue todo. Si el texto puede resultar excesivamente largo, mis disculpas. La ocasión así lo requería. Trato de resumir al máximo, pero se ve que no lo consigo. En fin....Serafín.

Largos días y plácidas noches a todos y a todas ( Y a seguir luchando por ser felices)

Rafael






( Aprovechado que el "Pisuerga pasa por Valladolid",... aquí os dejo este video donde podréis escuchar la archiconocida y popular jota de que Melitona no puede amasar porque tiene la levadura en Pamplona. El enunciado dice que es jota castellana, supongo que será castellana, pero también leonesa, porque desde tiempos ancestrales se ha cantado en León. Seguro que muchos de vosotros en algún momento la habéis   canturreado. O escuchado. Si no es así, ahora tenéis la ocasión de hacerlo. ) 


 
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