miércoles, 4 de marzo de 2015

AQUELLA FORMA TRADICIONAL DE JUGAR A LA LOTERIA

Vuelvo   de nuevo  a citarme con el recuerdo porque considero que es otra forma más de tratar de estimular a la nostalgia a fin de que pueda   quedar escrito una porción  de memoria   con algo  que aconteció  hace ya un tiempo remoto en Mozos de Cea. Es obvio que lo relevante que pudiera resultar  cuanto  sucedió por entonces y yo trato de contaros a modo personal y subjetivo,  queda supeditado al juicio de valoración    que  cada uno de vosotros lectores estiméis oportuno conceder.  No me cabe duda de que sabréis valorar en su justa medida  todo lo que aquí os dejo escrito . De lo que en esta ocasión voy a hablaros, yo mismo dudo del interés que puede causaros, pero como formó parte intrínseca de aquel antiguo pasado   de Mozos de Cea, por consiguiente  estimo  oportuno comentar. Sin más  dejaré de "marear a la perdiz" e iré directo al grano. Pues veréis, mocénses y mocénsas (gentilicio como se conocen a los habitantes de nuestro pueblo) esta vez voy a hablaros de algo que tradicionalmente se llevaba a cabo  en Mozos de Cea  como era el "jugar a la lotería".  Ese juego que  todos conocemos hoy en día  como bingo y que durante buena parte del año, concretamente la temporada de verano y otoño, en el aula de cultura del Teleclub juegan mayormente la mujeres en la actualidad pero con  unas normas que  varían en esencia de aquellas que establecían los jugadores de antaño en Mozos de Cea. Ya de por sí, el lugar de donde se juega ahora  es completamente distinto al de aquellos remotos años.
 
 
 
 Resulta palmario que por entonces  en la imaginación de ninguna persona que residía  en el pueblo estaba el proyecto de construir ese  Teleclub donde ahora practican este juego muy animosas la mujeres. Por lo tanto, había otros sitios específicos reservados para este juego. Yo conocí  un par de ellos. Uno ya os he hablado en otra ocasión. Es el que  está junto a "El Plantío" . En el  mismo lugar donde tiene Jesús Mariano su huerto. También os hablé con anterioridad que en ese mismo  lugar había altos y frondosos olmos y bajo su sombras alegremente jugábamos a  nuestra popular y un tanto "autóctona" lotería por lo sui generis que aparentaba, en especial por la forma de cantar los números con su coletilla añadida. Otro de los lugares reservados también para este evento, era un prado que hay en el término denominado "El Rio" y que está colindante al  llamado "Huerto de Juanito" . Allí también bajo la protección de las sombras de cuanto árbol por entonces se alzaba frondoso, olmos mayormente, la cantinela de los número, los cartones, las piedrecitas, las perras de 10 céntimos de peseta  con que se pagaba cada cartón jugado, etc. se daban puntual cita "lotera". Y con mucha animación, por cierto, ya que se concentraban un considerable números de personas que participan en el juego.  Otro de los lugares emblemáticos del pueblo donde se jugaba, el cual yo no tuve la oportunidad de conocer ni jugar, era bajo la sombra de una grande y frondosa chopa que había en un huerto cerca de la casa de Mario. No recuerdo ahora a quien pertenecía ni la chopa ni el huerto por entonces, ahora creo que es propiedad  de Virgilio.  Según he escuchado a las personas mayores,  en ese lugar era donde tradicionalmente se jugaba a la lotería, igual antes de nacer yo. Supongo que cuando desapareció ese árbol, lo cual desconozco el motivo por lo que esto ocurriera, tuvieron que buscarse otro lugar alternativo para este fin. Los dos que os he nombrado sirvieron para este objetivo. Ya que nombro de continuo "jugar bajo su sombra" es obvio que el juego se practicaba más  durante la época  en que las temperaturas eran calurosas, concretamente en verano. Lo que recuerdo sin menor duda es que habitualmente se jugaba los domingos o festivos a la  mañana después de salir de misa. También hay que reconocer que por entonces los hombres y los jóvenes, o mozos,   no tenían más diversión que ésta o el juego de los bolos. Por cierto, como la costumbre de siempre era que sólo los hombres jugaran, era muy raro que en alguna ocasión participara una mujer. Totalmente distinto en la actualidad ya que en el bingo de los domingos y festivos que se juega  a la tarde en la sala de cultura, prácticamente la totalidad de la participantes son mujeres. El que los tiempos han cambiado resulta una obviedad, a este respecto, claro.
 
 
Tanto los cartones, como las bolas de madera donde estaban inscritos los números pertenecían a Paulino de Lucas. (Creo que éste señor  se merecía un escrito  aparte, por lo  irónico, burlesco,  y algún que otro merecido epíteto más por su peculiar carácter) .  Los Cartones y las  bolas estaban  dentro de una vieja  bolsa de tela, la que se conoce popularmente  como "fardel". Recuerdo los cuadros de color  verde donde estaban los números inscritos en el cartón y los de color  blanco que aparecían vacíos. Cartones que estaban ya muy gastados y borrosos de tanto manosearlos; lo mismo que las bolas, que por cierto no eran redondas como las que se juegan actualmente, aquellas tenían otra forma distinta.  El que de costumbre  cantaba los números con su toque personal y socarrón y a su vez  añadiendo al número la coletilla que le correspondía, era el señor mencionado; o sea: Paulino de Lucas. La verdad que cantaba los números con una rapidez vertiginosa. Tenías que estar atentísimo de reflejos visuales y de audición para que no te se pasaran los números porque no les repetía. A más  de uno ni le daba tiempo a colocar la piedra encima del  número cantado. Efectivamente era con piedras pequeñitas como se apuntaban los números. No se cantaba ¡bingo! cuando se completaba una línea del cartón, sino se decía ¡Alto! (algunos también ponían su coletilla particular  ante tal exclamación con el: ¡Alto que se me calló un ojo!) . Cuando a alguien le faltaba un número para completar la fila, era costumbre decir en voz alta : " la espero en el ..."(el número que le faltara) Una vez comprobados los números tal como sigue vigente en el bingo que ahora juega, se le entregaba al ganador lo recaudado y éste tenía que aportar a la bolsa una parte del dinero ganado, la cantidad que se estipulara de antemano  antes de empezar a jugar. Vamos, que el dueño del fardel que contenía los artilugios de   la  lotería se llevaba su buena comisión sin haber arriesgado céntimo alguno en el juego . Por cada cartón jugado había que pagar como ya comenté 10 céntimos de peseta (las conocidas popularmente como "perronas") En todas las jugadas la norma era completar una línea para obtener lo recaudado. Como despedida, el último juego se le conocía como "la llena".  Esto se debía a  que era necesario completar todos los números del cartón. Esto suponía que había que pagar el doble por cartón jugado, o sea 20 céntimos, con lo cual obviamente te posibilitaba ganar el doble. Siempre se daba la circunstancia de que había  alguno de esos "jetas  aprovechados"  que únicamente jugaban la última por lo del premio doble. Y claro está, las ganancias para la bolsa también se doblaban.




Esta imagen muestra la dos caras de esa moneda de la que os he hablado: la perra de 10 céntimos de peseta, o perrona en el argot popular. Una de estas monedas había que pagar por cada cartón de lotería que se jugaba por entonces.


¿Cuándo se dejó de jugar a su tradicional lotería en Mozos de Cea? El año en concreto no podría confirmar con seguridad, pero posiblemente fuera a principios de los setenta. Lo que si recuerdo sin posible error es la forma en que se dio por finiquitado el juego. Tiempo atrás antes de su "defunción", ya se jugaba en contadas ocasiones y con muy poca participación. Al parecer había comenzado la desmotivación por este juego. Se presagiaba lo inevitable. Y sucedió. Había transcurrido bastante tiempo sin jugar y sin que nadie lo hubiera echado en falta. Pero un buen domingo a la mañana, no recuerdo que persona planteó no con mucha convicción la idea de jugar a la lotería. Aunque la mayoría no estaba por la labor de jugar, más bien lo contrario, con cierta desgana se fue a buscar  el fardel  con sus bolas y cartones dentro. Y a pesar de que allí estaban presentes esperando esos artilugios loteros, nadie se decidía a ponerlos en marcha. Y los minutos iban   transcurriendo. Y a estos les sucedieron las horas, y seguía la indecisión y la desgana.... Hasta que asumiendo todos de forma general la falta de ganas  por jugar, los allí presente decidieron devolver el fardel al su dueño. Pero como la costumbre desde siempre era que al devolvérselo también había que introducir en su interior la recaudación que le correspondía a la bolsa de lo ganado. Aunque aquel día se dio la circunstancia de que no hubo ganancia alguna por falta de juego,   para no quedar mal con el dueño, hubo alguna generosa persona de los allí presentes que introdujo cada uno de ellos  una peseta   dentro del fardel porque ya por entonces el tema de las perronas estaba ya prácticamente en desuso. Después de aquel día ya no  hubo más  lotería y su tradicional forma de jugar  quedó relegada, digamos que al recuerdo, que no es poco.


A continuación voy a dejaros escrito las coletillas que se añadían al final de  cada número cantado. Son todos los números que yo recuerdo y creo que ningún otro más del resto de los noventa  que consta la numeración total de la lotería, o bingo, tenía su correspondiente coletilla. Como podéis comprobar casi la totalidad delos números guardan notoria relación con su coletilla correspondiente. Algunos desconozco que relación pueden tener entre sí. Supongo que quien inventó la coletilla lo sabrá, la cual no dudo que fuera el Paulino, porque la verdad imaginación socarrona para este menester no le faltaba.




 1.- La pipí.   2.- Una monja de rodillas.   3.- La patita el perro

4.- La casita el gato.   5.- Un civil solo.   7.- El gancho trapero.

8.- Un burro amarrado por el tripo.    9.- El navo gallego.

10.- El palillo y el tambor.   11.- La calle el burgo.  12.- Mediodía.

13.- Cara sucia.   14.- Caga y retuerce.   15.- La niña bonita.

16.- Castilla.    18.- Buen mozo.  21.- El violín. 

22.- Las dos monjas de rodillas.   24.- San Juan. 

25.- Vicentico (también La víspera)    26.- San Pelayo.

27.- San Pelayín.     29.- San Pedro.   33.- La edad de Cristo.

36.- El mal año.    44.- Capicúa.   55.- Los dos civiles.

69.- Arriba y al hombro.   77.- Las dos banderas de Valdescapa.

88.- Los dos burros amarrados por el tripo       90.- El abuelo.

*Cuando salía un número que terminaba en cero, por ejemplo el 40, se decía : "Cuarenta pelao y una vuelta al ganao"  Era el momento de revolver la bolas dentro de la bolsa.


Y esto es todo cuanto puedo contaros del antiguo y   tradicional juego dela lotería en  Mozos de Cea. Espero  que  os haya resultado amena su lectura; aunque bueno, me conformo también  con que no os haya resultado muy  aburrida o  indiferente.

Saludos a todas y a todos

Rafael


 

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