lunes, 3 de noviembre de 2014

HISTORIA EN BLANCO Y NEGRO (2ª Parte)

 
 
 
EQUIPO INFANTIL DE MOZOS DE CEA CLUB DE FUTBOL
 
(1968)
 
 
 
 
 
 
De pie: Maxi, Pedrín, Carlos, Nanín y Jesús. Agachados: Javier, Miguel Angel, Moisés (q.e.p.d.) Rafael y Tinín.
 


Como  ya os comenté en el anterior texto, aquí os dejo publicada esta  fotografía donde aparece el segundo equipo en edad infantil. Ya os hablé de que este equipo jugó contra el equipo mayor de Mozos de Cea, al cual ganó por 3 a 1. También conocéis la razón de el porqué se organizó este partido y en qué lugar del pueblo se jugó, así  como otros  detalles del mismo,  por tal motivo huelga  escribir cualquier  otro comentario al respecto para no resultar repetitivo. También os hablé de que este uniforme nos lo regaló la misma persona que se lo regaló al equipo de los mayores. Quien haya leído el anterior texto, sabrá de quien se trata. Supongo que como habrá ocurrido con las camisetas y pantalones del equipo mayor lo mismo habrá sucedido con este atuendo del equipo infantil, por lo tanto habrá desaparecido; aunque bueno, yo personalmente conservo el pantalón. La camiseta desgraciadamente no se donde puede estar. Y la verdad que me gustaría haber conservado las dos prendas, pero se ve que la camiseta se "evaporó" sin saber cómo, ni porqué. El color de la camiseta era blanco, pero tenía dibujado una C y una V grandes ambas  en rojo, así como los cinco aros olímpicos también en rojo. El pantalón era negro con dos bandas amarillas a cada lado. En esta ocasión  faltaban algunas camisetas y pantalones, así como el jersey   del portero para completar los 11 atuendos que componen el uniforme del equipo. Fueron un total de 8  camisetas y 7  pantalones las que había. Para compensar esa falta de atuendos, nos regalaron unas rodilleras , dos de las cuales las luce en sus rodillas el que jugaba de portero con el equipo infantil aquel día. Como habréis visto está presente en esta foto sujetando un balón entre sus manos. Se trata de Moisés Modino Bueno que tristemente falleció a consecuencia de un  accidente laboral en octubre de 2004. Él era uno de los 3 jugadores que sobrepasaban  la edad infantil, como ya os comenté,  y que jugó con los chiquillos  para completar el equipo. Los otros dos fueron Maxi y Nanín, (Abreviatura de Emilianin, hijo de Emiliano y Brígida)  ambos presentes en la fotografía. Os contaré una anécdota que no tiene relevancia alguna de este partido, para recordar, sin más. Al  acabar el encuentro, como el equipo de los chiquillos había derrotado al mayor, empezaron a cantar las mozas con recochineo  (con mi hermana Duaret llevando la voz cantante)  aquello de   "A la bín, a la ban, a la bin, bon, ban, los de la estrella, los de la estrella y nadie más" (la estrella se referían a  la C y V y los aros dibujados en la camiseta)  Yo creo que este cántico en plan "toca pelotas" iba dirigido con segundas   al "Maestrín". Como éste andaba   "tirando los tejos" a una de las mozuelas del pueblo, de ahí ese cántico tan animoso y burlesco a la vez.
 
El uniforme completo de los mayores, así como el balón, lo guardaba una persona en su casa y obviamente lo sacaba cuando era necesario vestirlo; bien como en el partido citado, o  cuando se jugaba contra otros pueblos. La persona encargada de guardarlo era Santiago Morán. El mejor y más"jugón" por entonces de Mozos de Cea. Todo una notoria  figura futbolera en aquellos tiempos, sin duda. En parte un poco porque los demás éramos un tanto torpones, hasta que con   el tiempo,  a base de darle patadas al pelotón, era casi la única forma de divertirnos por aquella época,  fuimos mejorando y  cogiendo nuestra  particular  manera de entender y jugar al futbol. A lo que iba,  el uniforme  de los mayores se guardaba en casa de Santiago, en cambio el de los pequeños se acordó que cada uno se llevara su pantalón y camiseta a casa en propiedad. El problema fue que no había para todos. Hete ahí que las cabezas pensantes, creo que "mirando por sus intereses" decidieron que se repartiría entre los que  supuestamente jugaban mejor al futbol. Ellos mismos iban valorando quien era el mejor de forma escalonada. A mí no me tocó directamente  atuendo alguno. Tuve que ganarme la octava camiseta, que no el pantalón porque faltaba, en un mano a mano con Angel Tejerina. Un partido de uno contra uno y se lo gané. Me dieron la camiseta. Y ahí se acabó el reparto. Lamentablemente algunos se quedaron sin nada. Tiempo después  no se cómo llegó a mi poder ese pantalón que aún conservo. Por cierto, sólo teníamos por entonces un balón de cuero  y lo apreciábamos como una autentica joya. Lo hinchábamos con la típica bomba de inflar bicicletas o con la que  se utilizaba para inflar los neumáticos de las ruedas de la máquina de segar los cereales.   Ahora pienso que  el material con que  habían confeccionado aquel balón  dejaba mucho que desear porque con frecuencia andábamos inyectándole aire con esos artilugios citados.  Cuando se pinchaba, a menudo también, nosotros mismos poníamos el parche y luego alguien lo llevaba a  Villanzanzo por que  en ese pueblo había un zapatero remendón  para que  le cosiera las costuras por donde se le había hecho el arreglo del pinchazo.  Os podéis imaginar como estaba el balón, todo recosido. Está claro que si querías que te dejara un marca en la cara, o frente, sólo era cuestión de que le golpearas  con la cabeza en el sitio exacto donde le habían zurcido las costuras.

 La verdad es que este uniforme blanco y negro no tuvimos la oportunidad de lucirlo en muchas ocasiones ante otros pueblos. Tan sólo recuerdo una ocasión de vestirlo, y ahora dudo si    hubo alguna  más. Poco tiempo después de regalarnos el uniforme estábamos deseosos de exhibirnos con él en otro pueblo. Por acuerdo unánime decidimos ir a jugar contra los chiquillos de Villazanzo. Pueblo idóneo para que vieran in situ nuestro elegante uniforme. Y ahí que nos presentamos un domingo a la tarde, sin previo aviso. Toda una incómoda  sorpresa resultó para ellos nuestra inesperada aparición. No les apetecía para nada jugar al futbol. Eso sí, nos  invitaban a jugar a pelota a mano a cambio. Pero nosotros no queríamos jugar a la pelota, sólo estábamos empeñados en jugar al futbol para lucir nuestro uniforme. Y al final por tanta insistencia acabaron cediendo y decidieron jugar. Nosotros la mar de contentos porque al fin íbamos a lograr el objetivo de que nos vieran  todo conjuntados. Imagino que no debieron impresionarlos a tenor del resultado, porque nos ganaron de paliza: 8 a 0. Creo que si no nos metieron más   es porque se aburrieron, digo yo. Y es que las dos "jugones" que tenía por entonces Villazanzo, como eran Jesús Mariano y Amador, ellos dos solitos bastó para apalizarnos. Recuerdo que el arbitro era uno chico de Villazanzo,  era el hijo de  aquel señor que fue hace muchos años el alguacil del ayuntamiento, de nombre Albano. Este arbitro un poco compasivo con nosotros, por ver si podíamos al menos meterles un gol,  decidió pitar un penalty inexistente contra los de Villazanzo. Cierto que hubo tibias protestas del equipo local, pero el penalty lo tiramos. Hasta tres veces seguidas lo lanzamos, porque en cada fallo del lanzamiento el arbitro se encargaba de volver a repetirlo por supuesta irregularidad del portero,  pero ni con esas pudimos meterles un gol. Un desastre  total en toda regla.  Lo   único que nos quedó como satisfacción o consuelo personal tras las derrota, fue el  exhibir nuestro uniforme deportivo. Unos cuantos años después, creo que nos resarcimos de aquella sonrojante derrota, ya que también un domingo a finales de julio a la tarde volvimos a jugar contra ellos. Pero esta vez ya luciendo nuestro uniforme rojo y azul. Ya no estábamos en edad infantil. Aquel día en su propio campo, les endosamos un 9 a 1. Aquel partido fue otra historia bien distinta. La clave estuvo en que sus dos mejores "jugones" por un buen marcaje  fueron totalmente anulados. La verdad es que  siempre hubo por entonces una fuerte rivalidad entre estos dos pueblos. Partidos que no llegaron a terminarse y se suspendían  por discusiones de una determinada jugada  entre  jugadores de ambos equipos. Partidos que nos acusaron de robárselo por que el árbitro les anuló goles marcados   legalmete. Como por ejemplo el que jugamos con ellos el segundo día de San Pelayo en 1973. El partido se jugó en la eras. El arbitro del mismo era Adolfo Fernández, que falleció hace años y era un minero jubilado de Asturias,    padre de los hermanos Fito, Javi, Lucas y David. Totalmente casero su arbitraje. Barriendo para casa, sin duda. El partido lo ganamos por 3 a 2, pero el polémico arbitro asturiano les anuló dos goles, yo creo que marcados legalmente, pero... De nada sirvieron las protestas de el equipo contrario. No subieron al marcador. Al final del encuentro,  indignados seguían protestando y discutiendo con el arbitro; pidiéndole  explicaciones de el por qué había anulado  los dos goles marcados legalmente. De nada sirvieron las protestas:  la supuesta  injusticia arbitral estaba cometida y el partido concluido y  ganó  el equipo de Mozos de  Cea y punto.   Por lo tanto  el trofeo San Pelayo  se quedó en Mozos. Estoy de acuerdo que por ética y por justicia se merecían ellos el trofeo, pero los partidos hay que ganarlos, no merecerlos. Y desde luego la imparcialidad e injusticia arbitral ha formado, y forma parte consubstancial del futbol desde tiempos inmemorables. Acaso desde el mismo momento en que se empezó a arbitrar los partidos de futbol.   En fin; que todos estos hechos y anécdotas relacionadas con el futbol inter-pueblos  es lo que se ha ido quedando en la memoria    como una  sana, dura y nostálgica rivalidad de aquellos lejanos años del siglos pasado y  que por razones obvias no creo que tal como sucedió por entonces podrá volver  a repetirse.

Como he citado  el equipo de Villazanzo y he escrito algún comentario acerca de él, creo que resulta oportuno dejaros aquí la fotografía de una alineación  de este equipo. Varios  de estos jugadores  presentes en la fotografía jugaron por aquellos años contra nosotros.

 
VILLAZANZO C. F.
 
 
 
 
 
Como no conozco los nombres del equipo al completo, no escribiré ninguno. Aunque sí puedo indicaros que los dos últimos que están de pie, de izquierda a derecha, son los dos "jugones" que nombré; o sea:  Amador y Jesús Mariano.
 
 
A todas y a todos mis saludos.
 
Rafael
 

 



 

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