lunes, 1 de abril de 2019

DIAS DE MASAR EL PAN

"Mozos de Cea no quedan/ tradiciones que has vivido/ la de cocer en los hornos/ el pan que muchos comimos"...Estos versos son parte de  romance (poema)  que escribí hace unos cuantos años y el cual está dedicado a Mozos de Cea. Obviamente en estos versos indico que ha desaparecido en el pueblo la tradición de amasar el pan. Efectivamente  hace ya muchísimos años que desapareció  y  que según mi criterio   resultó ser transcendental  durante aquellos tiempos remotos. Prácticamente  la totalidad de los vecinos del  pueblo se autoabastecían con su propio pan amasado en aquellos rudimentarios hornos de adobe y ladrillos refractarios que había  en casi todas   las casas del pueblo.  Y si se daba el caso de que algún vecino, más bien vecina, no disponía de horno en su casa,   lo normal era que amasara el pan en el horno de otra vecina. Por entonces había un buen "filing" vecinal  en lo referente a  este tipo favores.   Desde la calle era fácil conocer en que lugar de la casa estaba situado el horno, porque salía hacia el exterior la parte abombada del mismo. El espacio dentro de la casa donde estaba su ubicación   se conocía como "La hornera". Por cierto, durante la temporada de verano, era una tradición el que  la cotidianidad de la vida diaria, se desarrollara en esta parte de la casa indicada.
 
Y ahora trataré de comentaros como era por entonces una jornada de hornear el pan, siempre  tomando como referencia los recuerdos que tengo archivados  en  mi memoria sobre este asunto. No dudo de que  algún que otro patinazo mi memoria cometa por que lo escrito no concuerda  con la realidad. Pero bueno, al margen de excusas, comentaros que por aquellos remotos años,  para que  las mujeres  del pueblo pudieran amasar  era necesario que dispusieran  de la suficiente harina para este cometido. Los hombres eran quienes se encargaban de aprovisionarlas de la necesaria harina    para amasar la hornada de pan correspondiente. Para este cometido, los hombres, o mozos,  cargaban en sus carros de vacas los necesarios costales llenos de trigo y se encaminaban con destino al molino de Santa María del Río. Allí los dejaban llenos del cereal  a la espera de que en su momento la piedra de aquel viejo molino convirtiera  en harina ese  trigo. También una parte de aquella molienda quedaba    convertida en   salvados. Por entonces,    para las personas  aquellos salvados resultaban  incomestibles,  en cambio eran ideales para alimenta a los animales de tracción, a  los perros y a los cerdos en especial. Una vez que en el molino ya había echo su función,    el molinero  introducía esa harina  normalmente en unos sacos de telas estrechos y largos  a los que se les conocía como "hundas". El nombre popular que tenía la carga del interior de  la hunda se la conocía como "zaquilada". Los salvados en cambio  por su condición de marginados se le introducía dentro de los costales. Unas veces era el molinero Maximín quien personalmente se trasladaba con su carro a Mozos de Cea para entregar a sus dueños las "zaquiladas" y los costales llenos de los salvados; otras en cambio había que ir personalmente a recoger la harina y salvados.   No estoy muy seguro, pero creo que como pago por esta labor, el molinero se quedaba con parte del producto. Por cierto, también venían por entonces para hacer esta misma función, Heraclio y Benito,  dos molineros de Velilla de Valderaduey. Ambos se encargaban de recoger a los vecinos del   pueblo los costales de trigo para moler y ellos mismos les  traían la harina  y los salvados a su casa.   Nunca supe  porque razón este molino de Velilla de Valderaduey tuvo mucha menos aceptación que el de Santa María del Río. 







 ( En esta imagen podéis observar la hunda de la que hablo. Más o menos como la que aparece en la imagen eran las hundas de tela utilizadas en Mozos de Cea para transportar dentro de ellas la harina. Una vez llenas como arriba indico en el argot popular se decía "zaquilada")

Y bien, una vez que ya se tenía la harina en casa, lo siguiente era comenzar al proceso de amasar y lógicamente después hornear el pan . Para poner en marcha  el proceso, lo primero que había que tener  en  casa  era una pequeña porción de levadura madre, o  "recentadura" como en el argot popular se la conocía. Cuando por un casual la recentadura se enmohecía,( o se ponía "mosa" como se decía por entonces),  y no servía para su utilidad, era un hábito el que  las mujeres fueran  a casa de alguna vecina  para que  les prestara la recentadura que tenían ellas guardada. Todas las mujeres que amasaban en el pueblo  reservaban una pequeña porción de la masa fermentada a fin de  ser utilizada en su próxima hornada. Recuerdo que la noche anterior a cocer el pan, se solía mezclar la recentadura, con la harina, la sal y el agua, y soba que te soba hasta conseguir una porción de masa considerada al  que se conocía con "urgüento".  Una vez en su punto la masa, se la envolvía en un lienzo y se dejaba que fermentara toda la noche. Por cierto, era del "urgüento"  de donde procedía la recentadura.   Al día siguiente esa  misma masa fermentada se depositaba dentro de una artesa y   se añadían los mismos ingredientes pero en mayor cantidad, luego  se iba agregando de forma progresiva mas harina hasta conseguir  elaborar la suficiente masa  para hornear las correspondientes hogazas.  Una vez elaborada, se solía dejar reposar un tiempo. Momento en que se aprovechaba para encender el horno.   Para este cometido,  se introducía en su interior  gran cantidad de leña de roble para que ardiera a fin de   que lograra alcanzar los grados de calor necesarios. No  os podéis imaginar con que fuerza tan violenta  desprendía sus llamaradas  la leña ardiendo.   Los mayores decían que aquello se parecía a "Las calderas de Pedro Botero".  Se solía tapar la boca del horno  mientras se iba quemando con esa vehemencia  la leña  mientras que a su vez  iba aumentado los grados   de calor  en su interior.  A la vez  que el horno se iba poniendo en su punto,  era el momento de que  la masa compacta que se hallaba en el interior de la artesa , manos expertas  lograran darla por partes forma de  las tradicionales hogazas.  Como era lógico, había unas mujeres más diestras que otras, tanto en la elaboración de  la masa  como el  darle forma a las hogazas. Porque exclusivamente era lo que se elaboraba por entonces, no existía por aquella época toda esa variedad de  barras de pan como  hoy en día. Bueno, alguna que otra torta azucarada  también se hacía. Y bien, una vez  que progresivamente la leña  se había  convertido en brasas y  el    horno había cogido la temperatura ideal, era el momento de introducir en su interior las hogazas.  Pero antes de llevar a cabo esta acción,  era necesario quitar las brasas del interior y limpiar a conciencia la base del horno. Y era esta labor la que se llevaba a cabo. Primero con el "mazagatos"  ( un palo largo y en su punta una tabla encorvada al estilo rastrillo)  se arrastraban todas las brasas hacia el exterior y se las depositaba dentro de una  hornacha que estaba situada debajo  de la misma  boca del horno y tenía un fondo amplio.  Se las depositaba allí dentro con la finalidad de que  conservara mejor  el calor del interior. Una vez que desaparecían todas la  las brasas, había que lavar a conciencia el suelo del horno. Para este cometido se utilizaba "las trapas", que no era otra cosa que un palo largo, o varal en el argot popular, y en cuya punta se ataban unos cuantos  trapos viejos. Y luego  frota que te frota con agua y jabón.  Y cuando  se suponía que  estaba  óptimas condiciones su limpieza, sobre la tradicional pala que utilizan los panaderos, se colocaban una por una aquellas hogazas y tortas y sobre la base del horno se depositaban. Y luego a es esperar el tiempo necesario de  cocción. La verdad es que  no se cuanto tiempo era el  suficiente para que estuviera  horneado en su justa medida el pan.  Supongo que las expertas y circunstanciales panaderas de entonces lo conocerían sobradamente. El caso es que una vez cocidas en su punto las hogazas, para su mejor conservación se acostumbraba a guardarlas dentro de los típicos y antiguos arcones de madera  que había en todas los hogares del pueblo. Se solían hacer hornadas de pan para que duraran de dos o tres semanas, por lo tanto,  los últimos días  no resultaba extraño que aquellas  hogazas estuvieran duras como piedras, o parecido. Pero no había más remedio que hincarle el diente porque  hasta la próxima hornada no había más pan que echarse a la boca. 






( En esta imagen podéis ver una artesa de madera que como se ve está bien conservada; por tanto en condiciones perfectas para su utilidad. Parecida a la de la imagen eran aquellas artesas que la mujeres de Mozos de Cea empleaban para elaborar la masa de hacer pan. Os cuento una anécdota asociada a la artesa. Veréis. Creo que nadie me negará que su forma tiene un pelín parecido a una barca, o más bien barquichuela. Pues eso  fue  lo que yo creí ,o lo  pensaba allá por  mi lejana infancia. Por tanto una tarde le eché coraje y  arrastrando con una cuerda la artesa que teníamos en casa, me fui decidido a las barreras con el fin de surcar aquellas aguas subido en mi "artesa-barca".  Cierto que me adentré unos pocos metros barrera adentro, pero sin poder navegar ni un mísero metro, ya que de la misma por las innumerables grietas y agujeros que tenía en su base la artesa, comenzó a entrar agua de continuo y triste de mí sin poder achicarla. Con lo cual se llenó por completo y quedó varada entre el barro. Todo un fracaso resultó mi intento de navegar por la barrera. Oye, pero la intención era buena, ¿ no os perece?. El añorado Luis Pacho Rodríguez, como distante  espectador que fue de mi navegantes propósitos, solía recordarme  con su particular socarronería este original y nostálgico hecho. )


No quiero olvidarme de comentaros  que aprovechando la hornada de pan  para el  consumo de personas, también se amasaba una especie de pan que servía para  alimentar a los perros. Este pan estaba elaborado  con los mencionados salvados y   una vez cocido su color era más bien negruzco. Parecido un poco al pan integral que se hace hoy en día, pero obviamente aquel era de mucha peor presencia. El nombre que popularmente se le daba a este pan era el de "caniego". De ahí la razón de  el por qué cuando el  pan cocido salía de mala calidad o tenía mala  presencia, la mujer responsable de   su elaboración decía de forma despectiva: ¡ Esta vez en vez de pan, me han salido  caniegos para los perros! También se daba la casualidad  de que alguna  mujer  aprovechaba que el horno estuviera aún con la temperatura ideal, una vez horneadas la hogazas, para elaborar   la típica y exquisita repostería casera en forma de: sequillos, magdalenas, roscas, etc. Una de aquellas mujeres a las que me refiero  era "La Tía Esperanza" ( Esperanza Vallejo) Recuerdo que era muy experta en este tipo de repostería; es más,  hacía hasta caramelos caseros.  




(  Esta labor de elaborar  poco a poco  la masa dentro de la artesa que lleva a cabo la mujer que aparece en  la imagen, es idéntica a la que  desarrollaban  con mucha solvencia en tiempos remotos  las mujeres de Mozos de Cea en sus horneras cuando  tenían que amasar el pan. )


Como era lógico, debido a la   evolución y a los inevitables cambios que  de forma progresiva fue imponiendo  el tiempo,   paulatinamente la tradición de amasar fue despareciendo. A mi juicio yo creo que también  un poco   por la comodidad de disponer del pan necesario para consumir sin tener que  soportar el cansino y atosigante  trajín  que suponía  tenerlo que amasar por obligada necesidad, sobre todo   en verano cuando arreciaba la canícula de narices.  Cuando se dejó de amasar, fueron los panaderos que disponían de su  "particular y humilde panadería industrial" los encargados de ir a Mozos de Cea para suministrar el pan a sus vecinos. Recuerdo que por entonces venían dos panaderos: uno era Senén, natural  de Villaverde de Arcayos.  Éste transportaba el pan   en un carro  tirado por un mulo; por cierto,  siempre venía acompañado por  un enorme perro mastín blanco. El otro, o más bien los otros, ya que eran dos hermanos los que venían de Sahelices del Río  transportando el pan en su Land Rover Santana. Estos hermanos panaderos tenían una forma muy peculiar de cobrar el pan a algunos vecinos de recursos limitados.   Solían apuntarles en una libretas todas las hogazas que les compraban durante el año y al llegar septiembre, estos  vecinos pagaban su deuda  con los correspondientes kilos del  trigo  recogido  en la última cosecha. Por cierto, a principios de los setenta del siglo pasado todas aquellas humildes panaderías que había por los pueblos limítrofes, formaron una cooperativa  en Sahagún. Luego fueron los panaderos de  " Industrias Holsan S. L." ,  este fue el  nombre comercial con que registraron a la susodicha   cooperativa panadera,  quienes desde entonces, y  hasta día de hoy, han ido proveyendo    de pan a los vecinos de Mozos de Cea. Bueno,  también en la actualidad de este cometido se encarga la panadería Gorrona, ubicada en Santa María del Río.  No quiero que se me olvide comentaros que también en Mozos de Cea hubo en su día una rudimentaria panadería industrial, o algo similar.  No estoy muy seguro de los años que corresponde a su existencia, pero creo que fuera por la década de los cincuenta del siglo pasado. Guillermo Díaz Arroyo, "El panadero", como se le nombraba  popularmente, era el dueño y quien amasaba en esa panadería.   ( Por cierto, este señor, genio y figura,  era todo un personaje que sin duda se merece en exclusiva un texto para él solo. Hoy de momento no, pero con el tiempo todo se andará) Lo que yo tengo mis dudas es acerca de si le sería rentable o no  su rudimentaria tahona.  Por entonces,  lo normal era que todos las vecinas del pueblo amasaran su propio pan, razón por la cual se generan  mis dudas. Clientes de otros pueblos si que debían venir a comprarle pan;  como por ejemplo uno de Valdescapa. Según he oído, este señor al que apodaban "Pepuca", y  que al parecer fue maestro, venía con su mujer, Goya,   y se llevaban sacos enteros de hogazas. La panadería de la que os hablo estuvo en un parte de la casa que hoy día es de mi propiedad situada   en el nº 4 de la Plaza San Pelayo.  Aún recuerdo  los dos hornos que tenía aquella rudimentaria tahona  de "El panadero" .  Por entonces,  presentaban ambos un aspecto  de total abandono, casi en ruinas, pero en cambio se percibía claramente que se trataba de hornos aparentemente industriales. Cuando en 1970 se hizo  la primera reforma de esa casa  desaparecieron ambos hornos y todo cuanto a ellos estaba vinculados. Y desgraciadamente  lo mismo que estos, por una u otra razón, fueron despareciendo paulatinamente el resto de los hornos que había en el pueblo. Estoy convencido de que ya no queda ni un vestigio que pueda indicarnos en que parte de la casa  estuvieron situados en su día.  Lo mismo ocurre con aquellos  artilugios que fueron necesarios para amasar el pan, los cuales arriba os he nombrado. Supongo que junto a  los antiguos aperos de la labranza también estarán almacenados todos ellos  en el rincón del olvido. Por eso de vez en cuando resulta  muy emotivo rescatarlos por un tiempo de tan deprimente rincón a fin  de  darles luz, vida, aire...a través de la memoria. Es una forma simbólica de agradecer la utilidad que prestaron en su día y la cual resultó  ser una parte fundamental y necesaria  en nuestras vidas. Es obvio que esa utilidad que nos dieron, en su momento, tanto  los utensilios para amasar, como los aperos de la labranza,    ha posibilitado el que generación tras generación nacida en  Mozos de Cea, o vinculada directamente al pueblo por determinados  lazos sanguíneos,  tengamos  la oportunidad  de continuar sintiendo cada día   todo el dolor y la belleza de estar vivos. Como por supuesto  espero y deseo que  sigan teniendo   esa misma oportunidad todas  las generaciones que a nosotros nos precedan

Y esto fue todo. Si el texto puede resultar excesivamente largo, mis disculpas. La ocasión así lo requería. Trato de resumir al máximo, pero se ve que no lo consigo. En fin....Serafín.

Largos días y plácidas noches a todos y a todas ( Y a seguir luchando por ser felices)

Rafael






( Aprovechado que el "Pisuerga pasa por Valladolid",... aquí os dejo este video donde podréis escuchar la archiconocida y popular jota de que Melitona no puede amasar porque tiene la levadura en Pamplona. El enunciado dice que es jota castellana, supongo que será castellana, pero también leonesa, porque desde tiempos ancestrales se ha cantado en León. Seguro que muchos de vosotros en algún momento la habéis   canturreado. O escuchado. Si no es así, ahora tenéis la ocasión de hacerlo. ) 


 
prueba

viernes, 1 de marzo de 2019

REBAÑOS

 
Es evidente que   Mozos de Cea  por excelencia hay que catalogarlo como  pueblo de labradores. Pero esto no quita para testificar que todo cuanto esté vinculado a los rebaños de ovejas,  también forma parte esencial de sus características.   No hay duda de  que en  la actualidad este  vínculo resulta cuestionable  por  razones tan evidentes como el que existen dos únicos rebaños. Y uno de ellos tampoco es que resulte  muy fiable porque pude desaparecer  en cualquier momento. Este hecho estuvo a punto de ocurrir  tiempo atrás.  No fue  así porque  su dueño, Virgilio Pérez,  se quedó con  unas pocas  ovejas sin vender y  éstas de manera progresiva han terminado por  formar aparentemente  un nuevo rebaño.    El otro rebaño que actualmente pasta por todo el término de Mozos de Cea  pertenece a un joven de Renedo de Valderaduey. De momento parece haberse asentado  este "mozo forastero" con su amplísimo  rebaño ejerciendo de pastor en el pueblo. ¿ Hasta cuándo? Esto con seguridad nunca se sabe. Ahora lo que realmente  importa es  el que aún sigan pastando las ovejas por todo el pago de Mozos de Cea, no ya por que limpian a base de bocados toda esa maleza asilvestrada que crece sin un orden ni concierto por todo el páramo,  sino porque cuando uno va paseando por el campo, al escuchar sus estridentes balidos y el sonido ronco  de sus cencerros, así como también   los  ladridos de los perros que acompañan al pastor, rompen ese silencio tan concentrado e intenso que por aquellos parajes acostumbra a darse. Y porque en definitiva, los rebaños mantienen vivo el paisaje y el entorno rural de Mozos de Cea.






(En esta imagen, o fotografía que fue  sacada en 2010, aparece un rebaño de ovejas de Mozos de Cea pastando en Valdezalces. Las ovejas de este rebaño pertenecían a dos dueños diferentes: Julián Cuesta y Virgilio Pérez. El primero unos años después de haber sido  sacada esta fotografía se deshizo del rebaño. Del segundo ya conocéis su situación, la cual os comento arriba en el texto. Por cierto, el pastor que cuidaba este rebaño era natural de Marruecos. De esta misma nacionalidad, o de países europeos como Rumanía, Bulgaria, etc. son las únicas  personas que a día de hoy están dispuestos a "ajustarse" de pastor . Resulta casi una utopía hallar un pastor tanto autóctono, como  hispano que esté dispuesto a desempeñar esta función.)
 
No hay duda de  que este último comentario que acabo de escribiros acerca de   la realidad actual de los rebaños de ovejas  que existen en el pueblo,  para nada es un válido referente que  confirma   el que  Mozos de Cea está  vinculado estrechamente con el ganado lanar.  Para esto fin, sería necesario  remontarse a muchísimo años atrás  y así dar fe de que es cierta esa vinculación,  aunque pueda parecer todo lo contrario  si hacemos comparaciones con la realidad actual. Al respecto, os comento que  hay personas naturales de Mozos de Cea, la cuales  hoy tienen más de setenta años,  que dicen que cuando ellos eran mozalbetes,  pudieron ver     hasta once rebaños juntos pastando en el pueblo. Y yo les creo.   Supongo que con tantos  rebaños pastando juntos  habría escasez de comida para que se alimentaran tantas ovejas. Hago este comentario  porque obviamente la extensión del páramo de Mozos de Cea no creo yo que  tuviera por entonces  la capacidad suficiente para saciar de forma satisfactoria los estómagos de aquellas ovejas, a no se de que los rebaños fueran muy reducidos. De no ser así esto último,  no me cabe ninguna duda de  que pasarían hambre con frecuencia  las ovejas  y esta circunstancia con toda seguridad afectaría negativamente tanto en  su  desarrollo,   como en su producción.  Por  otra parte, os comento que por la época de mi infancia,   casi todos los vecinos del pueblo disponían de algunas ovejas en sus casas, las cuales     ayudaban en la economía de subsistencia, que por entonces  era muy común en la mayoría de hogares  del pueblo.  Quienes tan solo  disponían de  unas pocas ovejas, no se encargaban ellos de sacarlas a pastar. De este labor  se ocupaban      los pastores que cuidaban grandes rebaños .  Era un favor que les hacían esos pastores, aunque supongo que  lo normal era que luego fuera recompensado.  Yo personalmente por razones tan  obvias como el que aún no había nacido, no llegue a conocer la coincidencia de  esos onces rebaños que   juntos  pastaban en el pueblo,  pero en cambio cinco sí.  Aquellos  rebaños pertenecían a: Mariano Cuesta; Fernando Pérez; Nemesio López; Eusebio Lazo y  Eradio García.   Estoy hablando de a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado.    

Como es lógico, quienes estaban en posesión de un gran rebaño, obligatoriamente tenían que disponer de una  majada para encerrar a la noches sus ovejas; o también en ocasiones circunstanciales.  Para este fin, la mayoría de pastores tenían el corral del ganado en el mismo edificio donde vivían. Ahora que lo pienso, desde luego que saludable no resultaba para nada tener el redil de las ovejas pegando al lugar donde haces tu vida diaria por todos esos  nocivos parásitos que con frecuencia habitan entre  sus lanas. En especial las malditas pulgas que  acostumbran a picar como demonios,  y luego rasca que te rasca. ¡Pánico las tengo! También junto a  las viviendas solían estar   las cuadras y dentro de ellas se guardaban los animales  de tracción que se necesitaban para trabajar en las labores agrícolas. Vamos, que la insalubridad era por partida doble. Pero por aquella época no quedaba más remedio que vivir en estas condiciones.  Como era lógico, los pastores  por entonces  no sólo contaban con los rediles ubicados en sus casas para encerrar los rebaños sino que también  tenían otros alejados del núcleo  urbano. Casi  en su totalidad  estos rediles se hallaban situados dentro de la cota del monte, o muy próxima a ella. Se trataba de  rudimentarios y pequeños edificios que servían para el cuidado, protección y defensa de los rebaños y que   estaban  construidos con adobe, césped,  teja y leña de roble. Material autóctono, sin duda.  Se  les conocía  popularmente  como "corrales de ganado".    En mi opinión ponían cierto adorno al campo. Además también eran referencia del mismo ya que algunos  parajes de Mozos de Cea reciben el mismo nombre del corral que años atrás allí existió; como por ejemplo: "El corral de la tía Margarita";  "El corral de los melgos"; " El corral del tío Dionisio";  "El corral de Epifáneo y Crescencio"; etc. (Este último corral que estuvo situado dentro de la cota del monte personalmente    lo llegué  a conocer  cuando aún estaba en pie. Actualmente tan sólo quedan ya sus ruinas)  Hoy en día  solo se conserva  uno de estos corrales en pie en buenas condiciones.   Es  una suerte de que   siga conservándose de tal forma   por el hecho de que lleva muchos años   que ha perdido  su funcionalidad y rendimiento. Cuando los anteriores perdieron su utilidad,  sus dueños los abandonaron y  por esta razón    acabaron convertidos en ruinas. El corral que a día de hoy sigue en pie es propiedad  de Matías Lazo y fue  construido en 1963.  Ya os hablé de este mismo corral,  situado en un paraje de la cota del monte conocido  como  Torriyuelo en un texto anterior, por tanto  huelga cualquier otro comentario al respecto.  Por cierto, los excrementos de las ovejas, "cagalitas" como se las conoce popularmente en el pueblo, dentro de los corrales proporcionaban estiércol de mucha calidad que se aplicaba a las fincas como abono; y en especial para fertilizar la tierra de los huertos. Se trataba de era un abono muy solicitado.  Aún lo sigue estando.




( Aquí podéis ver en esta imagen  en que  condiciones está en la actualidad  el corral de ganado que aún queda en pie en  Mozos de Cea. Yo pienso  que, debido a su buena conservación,  aún podía seguir cumpliendo perfectamente  su funcionalidad sin problema alguno. Como ya he comentado, su   propietario es Matías Lazo Fernández y está ubicado dentro de la cota del monte; concretamente en el término conocido como "El alto de Torriyuelo". ) 
 
Resulta de Perogrullo el que donde hay ovejas, existen pastores. Por este motivo pienso que es también consubstancial a  la idiosincrasia de Mozos de Cea el oficio de pastor. Como algo anecdótico comento que  en su momento, hubo  algunos casos en el pueblo,  donde se dio la circunstancia  que  dentro de una  misma familia se fueron sucediendo las generaciones en el cuidado del rebaño familiar.   Según mi criterio, antiguamente la función del pastor era realmente dura.  Sobre todo en invierno por las gélidas temperaturas que por entonces acaecían. Pero aquellos pastores de antaño, igual que los labradores,  eran duros como la tierra que los acogía,  y estaban curtidos  por el frío y la solana,  de ahí el que estoicamente aguantaban las rigurosas temperaturas del  invierno en medio del campo todo el puñetero día hasta el anochecer:  completamente a la intemperie lloviera o hiciera un frío de mil demonios.  Siempre vigilando y cuidando el rebaño, razón por la cual siempre  buscaban el mejor pasto y el agua para que abrevara el ganado, sobre todo en verano. Tenían la costumbre de que cuando las ovejas dejaban de pastar por estar arriando, aprovechaban para comerse las viandas que llevaban o también para echarse una reconfortante siesta. Esto de la siesta  era más bien patrimonio exclusivamente del verano.  En alguna ocasión cuando arreciaba la calima, encerraba el ganado en los corrales del campo hasta que  aflojara el sofocante el calor. Como indico arriba,  soportaban a la intemperie  las rigurosas temperaturas invernales, por este motivo  necesariamente tenían que vestir un tipo de atuendo que les protegiera a conciencia   de aquel intenso frío.  Y esto es lo que hacían. Por cierto, esa sólida   vestimenta  de abrigo artesanalmente  la confeccionaban los propios pastores. Para ello utilizaban los pellejos secos  de la oveja, y como   aún conservaban la lana, resultaba un aislante ideal contra el frío. Comentaré que una de aquellas prendas de abrigo  que vestían los pastores, a mi entender la más principal, tenía por nombre zamarra. Se trataba de una especie de hábito que le cubría todo el cuerpo hasta las rodillas. También vestían  los bragos los cuales tenían similitud a las  polainas y  les cubría desde el muslo hasta  los tobillos.  Utilizaban también como calzado los tradicionales chócolos, sobre todo los días de lluvia. Se trataba de unos zapatos cuya suela era de madera bastante gruesa. También los propios  pastores eran  quienes se encargaban de fabricar  este calzado tirando de lezna y cuero,  aunque la suela creo que la adquirían ya fabricada en algún comercio de Sahagún.  Luego también llevaban el tradicional zurrón, o más bien  zurrona que es como popularmente se la nombraba.  Les servía para llevar en su interior  las viandas y demás artilugios necesarios para la vida de pastor. Por supuesto que también estaba elaborada la zurrona con el pellejo de la oveja. Vamos que el pastor se podía camuflar perfectamente entre el ganado sin el temor a ser descubierto. Otra prenda textil que formaba parte del atuendo de los antiguos  pastores   era  una capa que estaba confeccionaba con un tejido basto   de color castaño y  que se conocía popularmente como "capa de estameña".   También formaba parte de su  indumentaria, aunque no textil,   la tradicional cacha. Un artilugio que  se fabricaba artesanalmente con las ramas de los diferentes tipos  de árboles que  crecen en el pueblo.  Había por entonces en Mozos de Cea algunas personas que eran verdaderos  artistas fabricando cachas.  Una de estas personas era Florentino López ("El tío Flores); como también lo fue  Eradito García,  éste además  era un auténtico maestro en fabricar artesanalmente   todo tipo  de  cachivaches  de madera.  Por otra parte,  la tradición mandaba que  el día 29 de junio, festividad de San Pedro, era la fecha señalada  en que los amos de los rebaños que por alguna razón   no querían o no podían cuidarlos personalmente,  contrataban  a otros pastores  para este fin. El contrato duraba hasta la próxima festividad de San Pedro.  Al respecto, comentaros que en argot popular, no se decía lo de contratar, sino que se ajustaba de pastor. En el pueblo, por entonces era normal  que se diera de continuo la circunstancia de haber pastores que guardaban su propios rebaños y otros que estaban al cuidado de ajenos. En Mozos de Cea   por entonces había quienes  se "ajustaban de pastor" para cuidar los rebaños del pueblo, otros en cambio se ajustaban  para hacer esta misma  función en los pueblos colindantes y en ocasiones en otros bastante más  alejados. Y es que cuando la necesidad y la urgencia aprietan,  no hay distancia que valga. No quiero que se me olvide el   comentaros que antiguamente   era una costumbre el que  fueran los pastores  quienes se encargaban   de adecentar los manantiales y las charcas que hay a lo largo y ancho del páramo de Mozos de Cea. Esta labor,  yo creo que no lo hacían como un bien comunal, ni tampoco por tradición, sino más más bien por la necesidad de tener las charcas en perfectas condiciones para que abrevaran los rebaños sin problema alguno; lo mismo que los manantiales para que de los mismos ellos  pudieran beber  su agua  en condiciones salubres. Por desgracia, al haberse abandonado esta labor, a día de hoy   prácticamente el agua de todos los manantiales es insalubre y a la abundante  maleza que crece asilvestrada  se ha apoderado de todas las charcas,  razón por la cual  apenas se percibe el escaso agua que hay  dentro de todas  ellas.





(En esta imagen aparece un pastor ataviado con la antigua indumentaria de la que os hablo en el texto. Se trata de  la zamarra.  Como podéis observar está confeccionada con la piel, o pellejo seco, de la oveja. Con una  zamarra parecida a la que aparece en la imagen, atada al pecho con un cinturón, se  vestían por entonces los pastores de  Mozos de Cea  en invierno para protegerse del frío)  



Y hasta aquí este extenso recorrido que de forma resumida he escrito acerca de todo cuanto guarda estrecha relación con los rebaños de ovejas y los pastores de Mozos de Cea. Por supuesto que si decidiera entrar  minuciosamente en más detalles vinculados a este asunto, el texto sería excesivamente largo y puede que hasta farragoso, y no dudo de que  acabaría aburriendo de forma general.  Por tanto daremos por concluido el párrafo, esperando como de costumbre que os haya resultado amena la experiencia de su lectura. Si no es así,  al menos que todo  lo que aquí dejo escrito y publicado  pueda servir  como homenaje y recordatorio a aquellos antiguos pastores, que son ya  parte del pasado y memoria viva  de  Mozos de Cea. 


Largos días y plácidas noches a todas y todos. (Y a seguir siendo felices)


Rafael  

prueba

sábado, 16 de febrero de 2019

INVITADO

 
Intentaremos seguir en este año 2019  con el capitulo de invitados en este espacio, siempre que exista posibilidad de proseguir. De esta forma podréis seguir  conociendo las impresiones y el sentir que tienen hacia Mozos de Cea  otras personas vinculadas directamente  a este pueblo. Como  es el caso de  la persona  que aparece en esta ocasión para dejarnos un bello y emotivo poema con nostálgicas referencias a Mozos de Cea y que a continuación voy a dejar publicado. Los versos serán literalmente  transcritos del poema original que en su día escribió el autor. 
  
A MOZOS DE CEA, MI PUEBLO
 
Dejadme solo un momento.
Solos yo y mi sentimiento.
 
¡Ay, tierra de mis mayores,
vergel de amores,
de ilusión, de sufrimiento,
de duro pan, de sudores...!
 
Dejadme solo un momento
que quiero beber del viento
la nostalgia del recuerdo:
 
Tomorisco, Campofrío,
La Cota, El Bardal, Villeza,
Santa María del Río...
y Mozos, el pueblo mío:
infancia y niñez. ¡pobreza!
Dejadme solo un momento
contemplar con la mirada
de mi alma, emocionada,
cuán rápido pasó el tiempo:
 
Aquí comenzó el camino.
Dejadme solo un momento,
solos yo y mi sentimiento,
mi pasado y mi destino
¡Solo Dios sabe mi sino!
 
Dejadme solo un momento.
Solos yo y mi sentimiento
y el viento
que silba y sueña
llevándose, Dios, mi pena,
mi amor y mi pensamiento.
 
¡Dejadme solo un momento!
 
(* Este poema formó parte de la obra poética que en el año 1993 obtuvo el primer premio "Carlos Sbat Erccasty de Poesía" en un certamen literario convocado por la revista literaria que se publicaba por entonces en Montevideo (Uruguay) "La Urpila" y por "La Casa del Poeta Latinoamericano", cuya sede de esta entidad cultural también estaba ubicada en la capital uruguaya)
 
 
 
El autor de este poema es José María Rodríguez González ( se le conoce en el pueblo con el nombre de Josemari) Nació en Mozos de Cea. En la actualidad reside en Madrid. Sus padres fueron: Clementino Rodríguez, natural de Mozos de Cea y Virginia González, natural de Valdavida. En la imagen aparece el autor leyendo el poema que  en 2010 también obtuvo el primer premio de Poesía en un certamen celebrado en Boca de Huérgano (León)
 
 
 
Espero que os haya gustado este entrañable y nostálgico poema y también  hayáis disfrutado con la lectura.
 
 
Saludos para todas y todos
 
Rafael.
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
prueba

viernes, 1 de febrero de 2019

FILANDÓN

Aquí nos hallamos de nuevo en este primer día de febrero con el cometido de costumbre. Efectivamente estamos inmersos en este "Febrerico el corto, un día peor que otro" , un refrán que mucho  le escuché decir  años atrás a nuestro mayores . Supongo que aún se seguirá citando cuando la ocasión lo requiera. Y dichas esta palabras protocolarias vayamos al quiz de la cuestión. Es de suponer que varias de las personas que leen este blog habrán oído en alguna ocasión la palabra filandón, o  algún sinónimo semejante,   como por ejemplo hilandorio. Como también imagino que alguno de vosotros (as)  conoceréis de que se trata el susodicho vocablo. Para quienes no sepan de los que estoy hablando,  les comento que se conoce como filandón al hecho de reunirse varias personas después de la cena  para contar todo tipo de historias y leyendas urbanas,  o cualquier otro tema de conversación que surja, siempre  alrededor del fuego del hogar. Era ésta una costumbre habitual que en la antigüedad se llevaba a cabo en la mayor parte de  la provincia de León pero que  hoy en día  apenas quedan  zonas de la mencionda  provincia donde se realizan.  Una costumbre que lamentablemente también en la actualidad ha desaparecido en Mozos de Cea. Porque, aunque os cueste imaginarlo,  también en su día  se llevó a su práctica. Quizá no de la forma en que la tradición lo ordenaba, pero yo creo que en cuanto a la esencia y los propósitos eran perfectamente válidos para cumplir con la costumbre. En principio comentaros que los  filandones  no solían ser después de la cena como ordena la tradición, sino más bien antes de la misma durante las largas  y frías  noches del otoño e invierno. Pero eso sí, después de la salida del rezo del rosario. Una vez que los y las  fieles devotas salían del templo, comenzaban los referidos filandones. Mas o menos siempre se hacían en los  hogares  habituales. Era dentro de la cocina  donde se reunían para conversar ese grupo de personas. Habitualmente estaba formado  el grupo por los miembros de la familia y   algún que otro   pariente, y en ocasiones  también solían participar en el palique alguna persona del pueblo ajena a la familia.  La mayoría de los participantes se sentaban   en el típico escaño de madera, mueble éste que nunca faltaba en todos los hogares del pueblo.  También  lo hacían sobre  los típicos taburetes. La conversación se entablaba  alrededor del fuego del hogar  que ardía dentro de las populares hornachas.   Tampoco  éstas faltaban en todos los hogares del pueblo.  Desde luego que era muy necesario aquella  lumbre para poder mantenerse calentitos dentro aquel reducido espacio debido a  las gélidas temperaturas del exterior  que por entonces se daban con frecuencia. Por cierto, para que  la leña de roble con que se atizaba al fuego aguantará ardiendo el mayor tiempo posible,  se solía cubrirla con la paja molida de los cereales que se almacenaba en el pajar. Era la única  forma para que aguantaran sin consumirse  la mayor parte del día tal como indico.  Con lo cual, las brasas incandescentes removidas  a base de tenaza y avivadas de vez en cuando con  el fuelle, seguían ardiendo y desprendían el necesario calor para que el personal reunido allí dentro  se sintiera  a gusto charlando dentro de aquella cocina    las dos tres horas que normalmente  duraba el hilandorio. Una cosa que siempre se hallaba presente durante el palique era el popular porrón lleno de vino. En mi opinión, resultaba esencial y necesaria su presencia para que fuera más animosa la charla.  Como ya he comentado más de una vez  el vino que se elaboraba en la bodegas de Mozos de Cea tenía muy poco grados etílicos por tanto  te podías beber gran cantidad de ello   y no te ponías piripi para nada. Por esta razón  se empinaba el codo de continuo. Yo creo que alguno acudía  más por darle a la priva que por la cháchara. Segurísimo.
 
 
 
( En esta imagen aparece el programa de fiestas del patrón del pueblo, San Pelayo. Podréis apreciar que entre los actos que se han organizado,  se encuentran la celebración de un  Filandón en la Sala Cultura. Aparece subrayado en amarillo. Cada año forma parte de la programación pero que yo sepa hasta el momento nunca se ha celebrado el susodicho acto en el lugar indicado . A ver  si es posible  hacerlo  realidad algún año de estos  y deja de ser sólo una atractiva  palabra que sirve  únicamente como relleno del programa del patrón del pueblo) 

Yo por entonces era un niño de corta edad que sólo me limitaba a  escuchar los variados y amenos    temas  de conversación que allí surgían.  En alguna ocasión a cuenta del sueño yo no aguantaba despierto hasta el final del parloteo. Cuando esto ocurría, me acostaba plácidamente sobre la cenefa (popularmente conocida como trébede) que estaba muy calentita y allí encima  me quedaba dormido.   Recuerdo  que durante el filandón se acostumbraba a hablar de temas muy  variados acorde con la realidad que se vivía por entonces. Por supuesto que no faltaban las habituales leyendas urbanas, como tampoco algún  suceso o anécdotas vinculadas a la guerra civil. Por entonces,  el final como el transcurso de ese terrible conflicto fratricida que desangró el país   aún estaban muy recientes en la memoria de nuestros mayores, de ahí la razón por la cual  este asunto trágico siempre era un tema recurrente en aquellas conversaciones.   A mí  la verdad me causaban cierto pánico  al oír todo cuanto estaba relacionado con este  acontecimiento fratricida. Lo que resulta evidente es   que las aproximadamente tres horas que duraba el tradicional filandón daban para muchos temas de conversación. Finalizaba la cháchara  cuando el reloj marcaba  la hora habitual   para la cena, alrededor de las diez. Por cierto,  era la dueña de la casa quien había elaborado  la cena mientras  transcurría el filandón. ¿ Quién iba a ser si no?  Por norma general  las mujeres que participaban   en la conservación lo hacían sin dejar de trajinar  en la cocina preparando viandas; como  también  podían estar remendando pantalones o zurciendo medias o calcetines. Desde luego que aprovechaban el tiempo.  Con referencia al tema de las leyendas  urbanas quiero comentaros que una de las personas que más me fascinaba escuchárselas  contar,  por  su peculiar  forma de narrarlas,   era  Antolina Fernández. (Madre de Carlos, Toñi y Mari Cruz)  Muchas de esas fábulas  tenían como protagonista especial  un   cura.  Yo las escuchaba embelesado, y  hasta me las creía por ese énfasis que ponía a la hora de  contarlas. Es evidente que mi credibilidad  se debía  a ese halo de inocencia con que está envuelta la niñez. Han transcurrido casi sesenta años de aquellos emotivos momentos, pero aún sigo recordando alguna de sus leyendas, y sobre todo en especial unos irreverentes pareados que recitaba  con mucha retranca y que decían lo siguiente:

" Señor mío Jesucristo
yo me calzo, yo me visto,
yo me pongo las angorras
y me voy con las machorras"
 
 
(Angorras era un tipo de vestimenta que utilizaban antiguamente los pastores. La palabra machorra supongo guardará relación con las ovejas estériles, o algo símil)



Aprovechando que estoy hablando de reuniones nocturnas  en las cocinas del hogar, voy a comentar algo vinculado a este asunto. Veréis. Por aquellos años que describo en este párrafo, se emitía un programa legendario por la radio, concretamente por la emisora  Radio Nacional de España. El programa al que me refiero se llamaba "De España para los españoles". Un programa que era de escucha obligada  en el pueblo, por lo cual    parecía  tenerse  "generalizada devoción"  al mismo. Comenzó su edición en 1964 y creo que debió finalizar allá  por el 1978. En plena transición española.  Tuvo gran éxito y difusión. En definitiva se trataba de una emisión  de discos solicitados y mensajes para los emigrantes que se encontraban en Suiza, Alemania o Francia. Países a donde mayormente se iban los emigrantes españoles. Por lo tanto era una forma de que estos emigrantes se sintieran más cercanos a España y a sus seres queridos mientras escuchaban la emisión de este programa, cuyo locutora del mismo era la mítica María Matilde Almendros. Fallecida en 1995.   Quiero resaltar   que por aquellos años en todos los hogares de Mozos de Cea no había aparato de radio. Por consiguiente, quienes  no lo tuvieran, necesariamente tenían que ir a escuchar el susodicho programa  a la casa de algún vecino o pariente  donde si lo tenían. Es evidente  que esta circunstancia era la excusa perfecta para realizar un filandón antes de empezar a escuchar por radio la voz de la locutora indicando el inicio del programa. Cuando empezaba su emisión, el tema de conversación giraba exclusivamente a cuanto  se escuchaba de aquel programa radiofónico, el cual  yo creo que en esencia era musical.  Cierto que las cartas que escribían los emigrantes y leía la locutora resultaban ciertamente emotivas, pero el leitv motive del programa era la música, en especial la que estaba relacionada con el cancionero folclórico español. La copla en todas sus variantes sonaba de continuo.  En más de una ocasión alguno de los radioyentes, si la canción que sonaba tenía mucha marcha, pongamos que el "pasodoble",   no se cortaban ni media,  y en pareja se arrancaban a bailar en medio de la cocina. Al final del bailoteo, sonaba algún que otro  aplauso por parte de los allí presentes. Ahora   recuerdo que sonaba muy a menudo una canción a petición  de los radioyentes, folclórica por supuesto,  que se titulaba "Españolear, españolear"... La interpretaba el cantante valenciano Luis Lucena. Ahora cuando por casualidad  vuelvo a oír  esta antigua canción,  me parece muy casposa y totalmente fuera de lugar y tiempo.  No se por qué razón  pudo convertirse por entonces  en una especie  de  banda original de mi niñez.  Sabía su letra de memoria, y mal entonada, la canturreaba muy a menudo.  Confieso que deseaba con impaciencia   escucharla diariamente en cada emisión del programa.  Por supuesto que todos los días no la ponían, pero sí con mucha frecuencia. Imagino que esto lo harían con el propósito de   hacer más liviana la querencia, o la nostalgia, que los emigrantes sentían hacia  España.  
 
 


( Lo que nos muestra esta imagen es el desarrollo del tradicional filandón, el cual hablo en este párrafo. Por supuesto que no es una fotografía sacada en un hogar de Mozos de Cea. En principio porque el fuego no está situado dentro de las populares hornachas como era habitual en el pueblo. Como tampoco está presente el porrón.  Pero lo que está bien  claro que alrededor del  fuego las personas presentes dialogan  o narran cualquier tipo de leyendas que son el espíritu y la esencia del filandón)   



Como ya indico arriba, la práctica del tradicional y antiguo filandón  en torno a la lumbre del hogar ha desaparecido  por completo en Mozos de Cea. Resulta lógico, porque a día de hoy   es otra forma muy diferente de relacionarse la que tienen  los vecinos que residen de continuo en el pueblo a la manera de cómo lo hacían antes. Aunque pensándolo bien, yo creo que totalmente no ha desaparecido el filandón en el pueblo. Cierto que no es como tradicionalmente se hacían durante aquellos tiempos remotos, pero si que tienen cierta semejanza. O al menos un grado de parentesco. Me estoy refiriendo a ese grupo de personas que se reúnen durante las apacibles noches de verano en plena calle para charlar sentados sobre los populares "maderos". Da fe de ello el número considerable de personas - a veces llega hasta la docena-que se reúnen con el fin de   darle al palique sentados en el madero y banco situados ambos  en la Plaza San Pelayo. ¿ No tiene esta reunión similitudes con el antiguo filandón? Cierto que allí no transita de boca en boca el  porrón; como tampoco está presente el fuego para darle ese toque  genuinamente "filandonero"  a la reunión nocturna. En cambión sí que están los parlantes conversando animosamente  de todo cuanto se les ocurra, tal como se hacía en los antiguos y añorados filandones. Aunque obviamente sus temas de conversación están más acorde con los tiempos actuales, pero por supuesto que también habrá momentos para rememorar  el pasado. Estoy convencido de que más de uno (y una) pensará  que en algún momento de la conversación no faltará el oportuno corte de traje por parte de los allí reunidos. Como pensar, tanto para bien como para mal,  es un libre ejercicio,  allá cada uno y cada cual. En fin; que  tal como dice la canción, -  ahora no recuerdo quien leches la interpreta- "no todo está perdido"... . Porque como indico, aún  queda ese tiempo reservado para dar el palique durante las plácidas noches de verano sentados sobre los populares maderos y así mantener el "espíritu del filandón". Menos es nada. Digo yo.   

Y eso fue todo por hoy. Como de costumbre, espero que os halla resulta una grata experiencia la lectura de este párrafo.

Largos días y plácidas noches a todos y a todas ( y a ser felices)

Rafael

 
 

                                
         




 (En este video podréis escuchar la canción de la que os hablo en este texto. "El españolear, españolear..."  Si os molestáis en escucharla, sabréis de que va el tema y podréis dar  vuestro juicio de valor sobre la misma .)




martes, 1 de enero de 2019

"DON PIRI"




De nuevo me acerco a este espacio al que sobradamente conocéis cuales son los objetivos que persigue, o su razón de ser,  para  hablaros en esta ocasión de un maestro que estuvo impartiendo clases en la escuela mixta "San Benito" de Mozos de Cea. Me estoy refiriendo a Expiridión Sánchez González, conocido y nombrado popularmente en el pueblo como  "Don Piri".  Nadie se pone de acuerdo de donde era originario esta persona. Unos dicen que era natural de Cifuentes de Rueda, otros de Villómar. Yo la verdad es que no tengo ni puñetera idea de donde nació esta persona. Lo único que se , aunque no me atrevo a afirmarlo con total  seguridad,  que fue alrededor de 10 años, o quizás más, el tiempo estuvo este señor de maestro en el pueblo.  Creo que lo normal ha sido siempre que más de tres años no durase la permanencia de los maestros  en el pueblo, pero como se ve, con éste señor se rompió la norma. Desconozco por qué razones se rompieron, pero el caso es que permaneció durante este largo periodo de tiempo indicado  en Mozos de Cea. También  desconozco el año de su llegada al pueblo, supongo que allá por la década de los cuarenta aproximadamente.  Lo que si creo saber es el año que abandonó el pueblo y esto   debió ocurrir  allá por el año 1958. Una vez  que abandonó Mozos de Cea, según cuentan, se fue a ejercer su profesión de maestro a  Villanófar,  el  pueblo de su mujer, Socorro García. Cuentan algunas personas, que cuando se fue del pueblo, arrampló con todo lo que podía serle útil de dentro del edificio de  la escuela; como por ejemplo la estufa.  Este matrimonio  tuvo tres hijos, la más pequeña, Paquita, nació en Mozos de Cea.  Por cierto, los dos hijos mayores se llamaban Ramón y Manolo (como el Dúo Dinámico, ja, ja,..) 
 
La verdad es que son varias las anécdotas asociadas a esta persona que he escuchado de personas que asistieron a sus clases.   Hay alguna de ellas que les entra un cabreo monumental  cuando oyen su nombre, es como si le mencionaban al mismo diablo. Esto se debe  al comportamiento agresivo que mostraba  a la hora de las clases porque  empleaba la violencia de forma constante. Para ello se valía de cualquier objeto de madera que le sirviera para sacudir a los niños  sin importarle en que parte del cuerpo descargaba el golpe. Parece ser que  a las niñas las pegaba menos.   Utilizaba para aplicar los castigos corporales  de forma habitual  un viejo compas de madera. Y cuando éste no lo tenía a  mano, le servía para golpear  el trozo del  marco de un cuadro, o la pata de una silla rota. Todo le era útil para imponer su particular  disciplina a base de castigos corporales. Vamos que con  Don Piri se cumplía a la perfección ese refrán que dice: "las letras con sangre entran". Aunque me temo que la utilización de la violencia, estaba más asociada a la manera de comportarse los niños a la hora de las clases, que por el  desinterés o la pereza de los niños por no molestarse en aprender. Según cuentan, Don Piri tampoco ponía mucho interés y constancia en tratar de que aprendieran sus alumnos.  Y eso que al parecer  debía ser   muy inteligente. Creo que  en geografía era todo un erudito. Cuando impartía clases de esta asignatura,  los niños la mayoría de veces a pesar de que no entendían ni papa de lo que le explicaba,  alucinaban cuando les hablaba de la península de Kamchatka; del archipiélago de Nueva Zembla; o de los ríos rusos  Lena, Yeniséi...  Pero lamentablemente no estaba mucho por la labor de enseñar, sino más interesado en  leer durante el horario de clase un periódico que se publicaba por aquellos años cuyo nombre era el "Ya" .  ( Que ingenuos los niños porque se creían que mientras leía el periódico no se enteraba de lo que ocurría en la clase. Pero de vez en cuando levantaba la cabeza por encima de las hojas del periódico  y  "golpe que te crió" a quienes veía que  andaban desmadrados).   Otra de sus distracciones prosaicas durante la hora de clase era     la de percatarse   cuantos huevos habían puestos las gallinas, o si éstas  lo tenían dentro del cuerpo para ponerlo . Para comprobar esto último  solía introducir su dedo en el culo de la gallina haber si palpaba en su interior  el huevo.  Que conste que yo no me inventado   esta anécdota. Se la he oído contar a más de una persona que le vieron in situ llevarla a cabo  porque una parte de las ventanas de la escuela daban al corral donde estaban ubicadas las pitas.  ¿ Y que pasaba mientras se ausentaba durante un  tiempo Don Piri para controlar a las ponedoras?. Solía encargar   a uno de sus alumnos preferidos, Libino Pacho Rodríguez,  el cuidado de la clase para que los alumnos  no se desmadraran en su ausencia, pero como norma    los niños no le hacían ni puñetero caso  a Libino.  Allí dentro menos estudiar y obedecerle hacían lo que les venía en gana: saltar, jugar, gritar... A cuenta de aquel escandaloso jolgorio que se montaban los niños dentro de la escuela, cuando entraba en la clase, empezaba a repartir estopa de la buena. Uno  por uno les iba golpeando con aquel enorme compás de madera . Sin mirar ni preocuparse en que   parte del cuerpo les atizaba; como tampoco si habían o no  participado  en aquella escandalera .  Como se ve,  allí nadie se libraba del correspondiente mamporro.  Lo malo es que si algún niño iba a casa quejándose de que el maestro le había zurrado, las respuesta de los padres era la habitual: "Algo le habrás hecho. Seguro que te lo merecías".   Que diferente en la actualidad. Merecidamente o no, como hoy en día se le ocurra castigar corporalmente un profesor a un alumno, los padres del niño son capaces de meterle al agresor una querella criminal en el juzgado de guardia. Felizmente en este apartado se ha ido evolucionado a mejor.
 
Lo que sucedía por entonces es que en las clases de Don Piri asistían alrededor de cincuenta niños de entre seis y trece años. Supongo que el único modo que tenía para no verse desbordado por toda esa cantidad de niños de edades diferentes, era emplear   de continuo  la violencia como un método eficaz  para imponer disciplina   a toda  aquella chavalería.  También hay que reconocer  que por entonces  tampoco se daban las mejores condiciones para impartir clases en aquella rudimentaria aula. El mobiliario escolar   era escaso para tanto niño. Contaban sólo con seis pupitres. Ya me dirán ustedes como se las apañaba para acomodar a tantos alumnos  con tal exiguo número de pupitres.  Uno de los antiguos alumnos me contó  que los niños de menor edad lo único  que disponían era de una silla pequeña. A la hora de escribir tenían que ponerse de rodillas y poner el cuaderno o pizarra sobre el asiento de la silla. Que penurias, la verdad. En tan deplorables circunstancias, o condiciones,   a muchas generaciones de niños nacidos en el pueblo  impartió clases  Don Piri durante el largo tiempo que estuvo en Mozos de Cea. Aunque impartir, impartir...más bien lo justo. A mi juicio  creo que cumpliendo el expediente  sin más.  A veces pienso que con aquella dejadez y desinterés por parte del maestro para enseñar a los alumnos, cómo éstos consiguieron aprender las  cuatro reglas básicas de la enseñanza escolar.  Considero que son dignos de todo elogio por  cuanto lograron  aprender  en aquella  nefasta situación.  No me extraña que cuando se largó Don Piri para Villanófar, muchos de los alumnos que por edad habían abandonado la escuela, se vieron en la obligación de asistir a las clases nocturnas que impartía en el edificio de la escuela, el que ejerciera de sacerdote en el pueblo, Bernardo Pérez Gil, para poder ampliar sus limitados conocimientos  de la enseñanza escolar.   También hubo un tiempo que impartió este tipo de enseñanza escolar en el mismo local( concretamente en el segundo piso de la escuela)  un maestro que venía de Almanza.




( Aunque  la escuela  que aparece en esta imagen no pertenece a Mozos de Cea, podía perfectamente corresponder al momento que se impartía alguna de  aquellas clases de las que hablo en este texto. La situación es muy parecida. Como se ve los pupitres también son escasos para el considerado número de niños que están dentro del aula.  Y tal como se  acostumbraba a  hacer en la escuela ( derruida, por desgracia)  de Mozos de Cea, los niños donde pueden  se sientan en bancos y sillas. Y luego en primer plano el maestro lamentablemente con el palo en la mano, por aquello de "las letras con sangre entran"; o para imponer disciplina. ¡Vete tú a saber!. Según mi opinión,  este maestro resulta ser un    "Don Piri" más de la vida de los muchos otros tantos que   desgraciadamente  impartían clases por aquellos tiempos de infausto recuerdo)

Seguiremos con algunas anécdotas más vinculadas al maestro de marras. Como por ejemplo  la de los niños a la hora del recreo, en vez de jugar y corretear que era la suyo,   no se si les  les ordenaba o les obligaba a que fueran  a recoger   las pajas  que se hallaban  aún  esparcidas  en las rastrojeras cercanas al casco urbano del pueblo.  Las recogían con el fin de que sirvieran al maestro     para chamuscar los pelos del cerdo una vez que el matarife de turno le había pasado a cuchillo.  Porque como todo vecino del pueblo por entonces, también Don Piri hacia la matanza del cerdo. Y por cierto, era Paulino de Lucas quien cada año se encargaba de traerle  en su carro el marrano ya en su punto  para   darle matarile. Otra anécdota está relacionada con el hecho de que  en alguna ocasión  Don Piri llevaba la cara marcada de arañazos.  Este tipo se inventaba que la razón de tener así la cara  era por culpa de  una gallina clueca (o cureca tal como se conoce en el pueblo) que le había arañado con sus patas.  Pero según me han contado, culpar a la gallina era mentira cochina porque todos estaban al tanto de las grescas que a menudo tenía el matrimonio.  Con lo cual es de suponer que su mujer   en alguna de sus habituales trifulcas con el marido le debió dejar  la cara marcada con sus uñas. Por lo que se   ve su mujer, Doña Socorrito como alguno la nombran en plan cariñoso,    le echaba un par y no se dejaba amedrentar.  Volviendo al tema de la habituales castigos corporales  que ejercía el maestro contra sus alumnos,  en cierta ocasión iba decidido a propinar  sus habituales mamporros  a Eradio   García (Eradito). Temeroso éste  de la que se le venía encima,  le agarró de la pechera al maestro y antes de que le lanzara el primer golpe se largó cangando leches  de la escuela.    Al parecer alguno de los alumnos mayores,   hartos y cabreados de que les zurrara asiduamente con el compás, se les ocurrió la disparatada idea de hacerlo desaparecer. Y es lo que hicieron, creo que esto ocurrió   por las navidades. Entraron a hurtadillas por una ventana del aula, cogieron el compás de marras y en el portal de Clementino ( un  emblemático y desaparecido portal que estuvo situado en el patio de la actual vivienda de Adolfo Pacho  y  en su interior se reunían durante la mayor parte del día los jóvenes y los  niños para pasar el rato)  hicieron allí dentro  una fogata y lo quemaron. Pero a rey muerto, rey puesto;  o sea que se  aprovisionó  de un palo nuevo para aplicar sus agresivos castigos a conciencia.  En plan amenazante les decía a sus alumnos con ese nuevo vergajo en la mano:

.- Este palo es muy bueno, se agarra bien al cuerpo.

Vamos que además  se regodeaba en plan amenazador el malévolo. Pero al parecer por suerte ese palo también le duró muy poco. En esta ocasión fue Pedro Fernández Conde quien lo hizo  desaparecer. Pero estoy convencido de que otras nuevos palos o vergajos  volvería a agenciarse  para emplearlos con malvados propósitos.    Es evidente  que por toda la información de oídas que conozco sobre  Don Piri, es probable que llevaba en los genes  la maldad de aplicar los  castigos corporales, todo   con en fin de  imponer a sus alumnos  severa disciplina. 

Lo último que supe de esta persona infelizmente está relacionado con su muerte. Veréis. Nos hallábamos en el antiguo bar del teleclub tres personas, concretamente en septiembre del año 2001, viendo la televisión, que en aquellos momentos  emitía su programación a través del canal de Castilla y León, cuando de repente  apareció la esquela de Don Expiridión Sánchez González. De ipso facto una de aquellas dos personas que estaban conmigo viendo el televisor  indicó sorprendido que el fallecido se trataba de  un    maestro que había estado  hacia ya muchos años dando clases en el pueblo. La otra persona que también estaba presente allí me dio la impresión de que   en absoluto le apenaba la noticia de su muerte; es más, salió por su boca alguna maldición y exabrupto contra el fallecido. Por su enfado, deducí  que debía tener malos recuerdos o experiencias personales con el finado. Estoy seguro de que la mayoría de sus antiguos alumnos también tendrán hecha su particular opinión  sobre  Don Piri. Aunque curiosamente   hay una cosa común entre todos  sus antiguos alumnos y es que lo primero   que recuerdan y comentan sobre este persona es la forma tan despiadada y continuada  que tenía de aplicar los castigos corporales. Me  resulta lamentable y triste que lo más recordado de su larga estancia como maestro en el pueblo sea  esto último que he comentado.   A pesar  de esta infame  circunstancia de emplear de continuo  la violencia para imponer  disciplina a sus alumnos,   por toda esa considerable cantidad de  años consecutivos que ejerció de maestro en el pueblo, impartiendo con mayor o menor suerte sus clases escolares a las sucesivas generaciones de niños nacidos en el pueblo, en mi opinión, subjetiva por supuesto,   creo que su recuerdo y su persona merecen un sitio de privilegio en la Historia de Mozos de Cea. ¿ No les parece?

Y esto fue todo por hoy. Espero os haya resultado amena la lectura del texto. Sino es así, lo siento. Se tratara  de hacerlo posible en el próximo  párrafo.

Saludos para todas y todos. Y como hoy mismo empezamos el 2019, no está demás desearos "que todas las causas que os hicieron llorar en el 2018 consigáis multiplicarlas en sonrisas en este año 2019."

Rafael