viernes, 20 de febrero de 2015

EXPOSICIONES

De nuevo  el recuerdo vuelve a tomar protagonismo en  este espacio virtual con el fin de poder  hablaros en esta ocasión  de las exposiciones que hace unos cuantos años, 15 concretamente,   organizamos varias personas en Mozos de Cea. Aunque bueno, quienes más implicados estuvimos en este evento cultural-popular, y a su vez coordinamos e ideamos el  tipo de exposición que se iba a llevar a cabo anualmente, fuimos dos personas: Tina Conde Pacho (Tinina como popularmente se la conoce en el pueblo)  y yo . Es de recibo reconocer que las  otras personas, también  involucradas con  el evento,  colaboraron y nos ayudaron mucho para poder llevar a cabo la exposición, la cual durante una semana permanecía abierta al público  para que pudiera ser visitada.    Durante cuatro años seguidos, desde 1997 hasta el 2000,  organizamos a mediados de agosto este evento  incluido dentro  de la denominada  "Semana Cultural"  y que formaba parte de  los diversos  actos culturales que por entonces llevaba a cabo la asociación cultural y deportiva "Montes de Río Camba" de Mozos de Cea. La finalidad de organizar la citada  exposición anual estaba hecha con la idea de rememorar el pasado  para que  las nuevas generaciones de niños y jóvenes que no conocían aquellos  objetos o utensilios  vinculados a la identidad y la  esencia del pueblo que allí se exponían se familiarizasen con ellos y ya de paso   conocieran directamente la utilidad de cada uno de ellos cuando  necesariamente en su momento tuvieron que ser empleados  para  desarrollar la función que le correspondía. Fueron muy   emotivos y entrañables, sin duda, aquellos días en que las personas visitaban la exposición y por unos momentos volvían a reencontrarse con su pasado muchas de ellas. A identificarse claramente con los enseres de cocina, aperos de labranza, vestimenta antigua, etc. etc.  y que   prácticamente la totalidad de ellos estaban arrinconados en el olvido,   pero que en algún momento del pasado las familias campestres  se sirvieron de ellos como una necesidad básica para subsistir. También resultó gratificante para quienes organizamos el evento, la curiosidad e interés  de los niños; así como sus constantes   preguntas sobre la utilidad de cuanto allí permanecía expuesto.  Y también la nostalgia que invadía a las personas mayores recordando parte de su infancia y de su juventud que estaba vinculada intrínsecamente a todos aquellos objetos que formaron parte de las correspondientes exposiciones.


Tres fueron los locales que se utilizaron para poder llevar a cabo este evento cultural. El primer año de la exposición, 1997, se hizo en  la escuela, un año antes de ser tristemente derribado este edificio. Parte de los utensilios que formaron parte de la educación docente de innumerables generaciones de niños que asistieron a las clases de aquella escuela  allí se exhibían con su correspondiente e inevitable  deterioro a causa del transcurrir del tiempo: mapas, libros, tinteros, las populares  "Enciclopedias Alvarez"  (la  Wikipedia por entonces) pupitres, etc.  Sin duda alguna  aquel antiguo material escolar que otrora se empleó para la enseñanza didáctica  de lo niños del pueblo que asistieron a   aquella escuela mixta,  (Por cierto se llamaba oficialmente "Escuela mixta San Benito de Mozos de Cea") , durante la exposición  sirvió exclusivamente  para que se dieran cita los recuerdos de nuestra etapa escolar y de alguna manera, muchos de nosotros  pudimos reencontrarnos con nuestra niñez e identificarnos plenamente con aquel emotivo material escolar. En aquella ocasión junto a los objetos escolares citados, también se expuso fotografía antigua. De forma generosa y desinteresadamente muchas fueron las personas que prestaron sus fotografías para este acontecimiento. Aunque alguna hubo en color, prácticamente la totalidad de ellas fueron en blanco y negro. En mi opinión, aquellas fotografías resultaban  auténticos documentos históricos conexos al pueblo en su vertiente humana. Muchas de aquellas fotografías nunca las había visto con anterioridad y realmente me causaron una gratísima  impresión. Sólo en situaciones como ésta uno tiene la gran suerte y oportunidad de poder contemplarlas. Lo que también pude comprobar es que al observar detenidamente aquellas fotografías antiguas uno se da cuenta de  la forma constante e implacable en que el transcurrir del tiempo nos impone su ley a la vez que nos va dejando ausencias mientras caminamos por el   itinerario de la vida hasta convertirnos nosotros también en ausencia para quienes nos preceden. 


Estas dos fotografías formaron parte de la 1ª Exposición, año 1997.
  (Material escolar y foto antigua)
 

Desconozco el año que pudo haber sido sacada esta fotografía. Supongo que a principios del siglo pasado porque algunos de los niños que están presentes en la fotografía y que aún viven, tienen aproximadamente 90 años, y alguno sobrepasan esa edad como Eustaquia Conde. (segunda de pie en la primera fila contando de derecha a izquierda) Creo que sin mucho margen de error, hoy en día de los niños que aparecen en la fotografía, tan sólo viven siete: Eustaquia, Dolores, Cirina, Saturnina ,Exuperancia, Aniana y Porfiria. Curiosamente todas mujeres. Es evidente que la longevidad de la mujer en esta fotografía queda patente. 




Esta fotografía también estuvo presente en la exposición. Fue sacada en 1966. Es obvio que se trata de la formación de un equipo de futbol, aunque no estén conjuntados con el mismo uniforme. Alguno de ellos llevan la típica visera que por entonces la mayoría de los hombres llevaban para proteger las partes de su  cabeza del frío. Atados sobre su brazo portan un brazalete blanco que era para diferenciarse con los jugadores del otro equipo. Este equipo está formado por: De pie: Tomás, Maxi de Lucas, Pedro Revuelta, Paco, Valentín Y Pedro  Fernández. También está Mario que ejercía de árbitro. Agachados: Jesús Pacho, Epifanio Morán, Fonsi, Gerardo Fernández, Javier y Talín.



El siguiente año, 1998, se organizó una  exposición de   antiguos enseres de cocina, los cuales     en su momento fueron utilizados por   nuestras abuelas y alguna que otra  bisabuela,  para realizar  sus tareas domésticas y para cocinar los alimentos, éstos siempre preparados en aquellos pucheros de cerámica, "pucheros de barro" como se les nombraba,  o las cazuelas,  conocidas como "cazuelas de Pereruela"  que posaban sobre las  trébedes al calor del fuego o las brasas que ardían en las   popularmente "hornachas" hasta que se convertían en "cernada" (Ésta se solía esparcir como fertilizante sobre los terrenos plantados de ajos)   . Y siempre con el típico fuelle en la mano avivando el fuego. Por cierto, para freír los alimentos, se utilizaba un tipo de sartén semejante  a un trípode porque ésta también  tenía tres patas. Así que por entonces, nada de vitroceramica, ni de  inducción, ni ninguna otra innovadora o moderna cocina  por el estilo. Leña de roble y rudimentarios cacharros de cocina para preparar las viandas de turno. (El cocido de garbanzos en un puchero con sus correspondientes tropiezos casi a diario para la comida del mediodía; y a la mañana de desayuno,  las sopas de ajo y el torrezno, también a diario, por supuesto.)   Como ya os comenté, la escuela a finales de 1997 fue derribada, por lo tanto al quedarnos  sin éste  local del pueblo, tuvimos que buscarnos otro local alternativo con el fin de  poder  realizar esta segunda exposición.  Para ello contamos con la colaboración generosa y desinteresada  de David y Sunci que nos prestaron  por unos días su garaje. Y en ese local durante una semana  pudimos  exponer allí todos aquellos  antiguos utensilios domésticos ya en desuso que muchas personas conservaban, y supongo, y espero,  que aún seguirán conservando por diferentes motivos. Uno de esos motivos  imagino estará relacionado principalmente  con el valor sentimental que sus dueños les hayan  querido otorgar. Desde luego   que   este valor  conseguirá ser un factor determinante para que   logren  salir victoriosos del  permanente  "acoso y derribo"  que en estos casos ejercen  los  anticuarios por su ansia de adquirirlos a toda costa para luego mercadear con ellos.  (¿Verdad Matías?)

Estas dos fotografías formaron parte de  la  2ª Exposición, año 1998
( Utensilios de cocina y labores domésticas)








En estas dos fotografías podéis observar parte de aquellos antiguos enseres utilizados en la cocina. A través de esta imagen podéis observar la mencionada hornacha, dentro de ella, una cazuela de Pereruela sobre las trébedes, y al lado el puchero, con su típica tapadera. Están en la misma antigua posición dispuestos a cocer sus viandas, tal como os lo he narrado. Obviamente en aquella ocasión ni se encendió el fuego, ni se coció el tradicional garbanzo con su morcilla, chorizo, tocino...y demás ingredientes de aquellos que provenían  del  cerdo que  casi todos los vecinos del pueblo criaban bien cebados  en las pocilgas para su matanza.



El año 1999 en el mismo local que el año anterior, se montó la  exposición, tercera cronológicamente,  y en esta ocasión estuvo relacionada con la   ropa antigua. Se mostró todo tipo de  atuendos que en tiempos lejanos vistieron nuestros mayores en los momentos que la ocasión  lo  requería. Se diferenciaban claramente   los que  se ponían  para las tareas agrícolas, algunos con unos cuantos   remiendos,  y para los actos festivos o religiosos. Entre la variedad de atuendos  mostrados, estaban  aquellas  anguarinas, que tanto usaron los labradores para protegerse del agua y del frío invernal que por allí tanto acontece. Si este atuendo protegía a los varones de las rigurosas inclemencias del tiempo, las mujeres buscaban idéntica protección  con  el típico mantón negro con flecos, y allí estaban presentes varias de estas prendas . Claro está, también se expusieron otro tipo de mantones más elegantes como    resultan ser los mantones de manila, con ese colorido y toque  tan especial  y  de fantasía que les caracteriza,   los cuales   obviamente  por entonces los vestían cuando acudían a algún acto festivo. La verdad es que me sorprendió gratamente  comprobar como aún seguían conservando muchas de  aquellas antiguas  prendas de vestir sus dueños  en tan buen estado, después de los muchísimos  años que por ellas habían transcurrido. Se ve que habían sabido resistir con firmeza  los estragos que acostumbran a ocasionar en este caso las  despiadadas polillas.  Está claro que la exposición sirvió  también para que la mayoría de aquel atuendo en desuso  volviera a tomar contacto con el aire y así poder ventilarse.  Por cierto, coincidiendo con aquellas fechas, un día festivo a la mañana, (15 de agosto)  Martiniano vestido con capa autóctona y sombrero al uso, y  Begoña, Sunci y Nori, vestidas con el  típico  manteo  que   usaban antiguamente  las mujeres del pueblo en ocasiones para proteger sus piernas mientras realizaban tareas en el campo, y un elegante matón de manila, recorrieron las calles  del pueblo acompañados  de otras personas al son de los dulzaineros que tocaban  la popular diana mientras que, como es habitual, se va solicitando de puerta en puerta ayuda económica para sufragar gastos. Porque aparte de la exposición se organizaba Baile Vermut y algún que otro evento cultural y festivo.


Estas dos fotografías formaron parte de la 3ª Exposición, año 1999
(Ropa antigua)
 
 
 






Desde luego que estética y colorido no les falta a estas dos fotografías que pertenecen a la 3ª exposición celebrada en 1999, tal como ya os he indicado. No faltó en este evento la antigua cama de metal que por entonces había en las habitaciones de todos los hogares. En esta ocasión la cama luce una elegante colcha con las típicas y decorativas puntillas. Y para adornar aún si cabe más la escena, cuadros e imágenes religiosas de notoria antigüedad. También colgadas se hallan las boinas que usaban nuestros abuelos y los velos negros con que  las mujeres mayores y jóvenes, y también las niñas, se tenían que cubrir obligatoriamente la cabeza cuando entraba en la iglesia para asistir al correspondiente actor religioso que en ella se celebraba. En la otra imagen, tal como ya os conté, podéis ver a Sunci, Begoña y Nori, elegantemente ataviadas con el tradicional manteo y mantón de manila. La fotografía está sacada en medio de la calle Mayor, justo enfrente de la casa de alcalde,(Jesús Mª Pacho Pacho alcalde pedáneo por entonces,). Fue sacada en el momento justo de finalizar la diana matinal y los dulzaineros entonan una jota leonesa. Y ahí están las tres mujeres citadas, junto a mi hermana Mª Jesús y Dora, bailando todas ellas la jota leonesa tal como el cuerpo les pedía en aquellos momentos.



Y llegamos al 2000, último año en que se montó una exposición en el pueblo. En esta ocasión la última exposición que se realizó fue en el local del teleclub, obviamente antes de ser restaurado. El amplio espacio que ocupa actualmente el aula  de cultura, fue el que se empleó para la exposición de aquel año, la cual  estaba relacionada con los antiguos  artilugios  y herramientas   que los labradores de antaño  utilizaron en su momento para las faenas agrícolas. Aquellos remotos años en que brillaban por sus ausencia los sofisticados y potentes tractores con que cuentan hoy en día los labradores para desempeñar sus faenas agrícolas y era la tracción del ganado mular y vacuno quienes desempeñaban aquel fatigoso  trabajo  en el campo. De ahí el motivo por el que en la exposición se mostrara una gran variedad de aparejos vinculados  a estos animales, tales como: cornales, cabezadas, collarines, bozales, sobeos, yugos, alforjas, etc. También un número considerable de herramientas de madera y de hierro; así  como medidas de capacidad agraria tales como la medifanega y el celemín     se exhibieron en aquella ocasión. Prácticamente la totalidad de todos estos últimos  utensilios    eran  los que se  empleaban durante el verano, justamente cuando  se hacía la cosecha   de los cereales  y éstos se recolectaban una vez que  habían pasado su proceso de siega, trilla y aventarlos. Ya que he sacado a colación la palabra trilla, aquel año formó parte de la exposición un viejo trillo. Como de costumbre, y en todas las exposiciones, los vecinos del pueblo nos  prestaron desinteresadamente todos los objetos que formaron parte cada año de ese evento, así como su colaboración o ayuda en lo que hacia falta. Cuando se clausuraba la exposición nos encargamos de devolver a sus dueños  lo prestado. Que yo recuerde nunca surgió problema alguno en el momento de la devolución de objetos prestados. Todo por suerte fue correcto. 



Estas dos fotografías formaron parte de la 4ª Exposición, año 2000
(Aparejos y herramientas antiguas)














Estas dos fotografías acreditan la veracidad de que se organizó una cuarta exposición en el año 2000 y que estuvo relacionada con las herramientas que utilizaron en tiempos remotos nuestros mayores para faenar en el campo y también con los antiguos aparejos vinculados al ganado vacuno o mular. Y para muestra de esto un botón, por todos esos yugos y cornales que muestra la imagen. El yugo quien más quien menos  conoce su utilidad, pero seguro que la palabra "cornales" les sonará a chino. ¿verdad?. Para los inexpertos,  diré que se trataba de una especie de tiras rectangulares finas de considerable largura   y fabricadas en  cuero. La utilidad de éstas era para amarrar al yugo la cabeza y cuernos de las vacas. Aparte de este aparejo, ahí están los escriños, cribas, costal, zarcilla,  alforjas, una gran variedad de antiguas herramientas, mayormente de madera, las cuales  se utilizaban en tiempo de  la cosecha. También está presente y  dejándose ver con gran claridad, el viejo trillo del que os hablé. Con sus "cagaderos" incluidos. (Latas idénticas como las que salen en la imagen eran las que se empleaban por entonces  de cagadero. Había que ir con prisa a poner la lata debajo del culo de las vacas o mulos cuando cagaban para que se vertiera dentro de ella y no se callera sobre la "trilla porque al pasar el trillo por encima de la cagada se preparaban una montonera de órdago)




Se habló de montar una quinta Exposición.  Relacionada con    "Las edades del hombre". Esta se había pensado llevarla a cabo en la iglesia. Pienso que de haberla hecho posible hubiera resultado pero que muy interesante porque material dentro de este edificio hay en cantidades industriales y de gran interés humano e histórico; pero todo quedó en "agua de borrajas".  O sea que no se llevó a cabo. Aunque ahora que lo pienso, me entran serias  dudas si hubiera sido  posible haber montado esa 5ª exposición  dentro de este edificio. Estoy seguro que los organizadores hubieran topado con el hándicap del sacerdote que ejercía las funciones eclesiásticas en el pueblo, D. Tomás. Una persona bastante reacia a la hora de  dar   permiso para poder  utilizar este edificio   con el fin de llevar a cabo eventos que estuvieran al margen de lo puramente  eclesiástico. Nunca sabremos si pudo haber  negativa o no a la hora de conceder el permiso  por parte de ese sacerdote porque la exposición no se realizó. Pero como ya os he comentado las anteriores si se montaron, con un considerable éxito de visitantes y de colaboración vecinal. No se si cuando pasen unos cuantos años más  otras personas se organicen y vuelvan a repetir esta misma experiencia tan gratificante y nostálgica como a mí me resultó. Aunque dudo si aún podrán mostrarse en el mismo estado de tan buena  conservación parte de todos aquellos objetos utilizados. Pero bueno, eso ya es cuestión de futuro. De momento quedémonos con las que si fueron posible organizar y recordémoslas como si de un    ejercicio de nostalgia se trataran el cual  nos sirvió en su momento para conocer muy de cerca el origen de nuestra identidad.

Espero os haya resultado amena esta lectura.

Saludos a todas y a todos

Rafael.

 
 
 
 
 

viernes, 6 de febrero de 2015

HISTORIAS DE LA NIEVE EN MOZOS DE CEA

A raíz de las constantes nevadas que en estos días han caído sobre muchas partes del país, entre ellas  Mozos de Cea claro está, he recordado aquellas copiosas nevadas que in situ presencié caer en el pueblo hace ya muchísimo tiempo. Y es que durante  los 17 años  que viví de continuo en el pueblo, fueron muchos los inviernos en que  la nieve hizo su acto de presencia. No creo equivocarme si digo que por entonces nevaba con más asiduidad y más abundante  que ahora. Tampoco  conozco directamente los centímetros de espesor que puede llegar a tener esa capa de nieve que en la actualidad cubre   el suelo  para poder cuantificar la forma de nevar de  ahora y la de aquellos lejanos años. Estoy hablando entre mediados de la década de los sesenta y la de los setenta, claro está del siglo XX. Pero por las imágenes o las fotografías que he visto y las cuales  muestran  las nevadas caídas en   estos últimos años, pienso que no son  en nada  comparable en   abundancia   la de aquellos remotos años con la de la actualidad . Y es natural y lógico. El supuesto cambio climático y calentamiento de la atmosfera han sido factores determinantes para reducir su copiosidad. Pero bueno, es sumamente importante que siga la nieve haciendo su acto de presencia en el pueblo cada año, porque a parte de darle más autenticidad al invierno, resulta altamente beneficiosa para la futura cosecha por el simple hecho de  que cuando se va derritiendo, lentamente  ésta se va  filtrando a través del  suelo. Con este proceso se consigue el que se mantenga   por más tiempo la humedad en el interior de la tierra. Además ya lo dice el refrán: "año de nieves, año de bienes".
 
Como os iba diciendo, en aquellos años nevaba con copiosidad, y además   resultaba  muy extraño el que algún invierno no lo hiciera. Recuerdo que  en alguna ocasión subía a la torre y desde el campanario  a través de toda  la visión que podía abarcar mis ojos,  observaba  la extensión del paisaje de Mozos, y el de otros pueblos limítrofes, que estaba cubierto por una espesa capa de nieve. Aquella extensión tan blanca y tan simétrica parecía infinita. Los árboles apenas  si se  podían distinguir en la lejanía  ya que sus  desnudas ramas también estaban cubiertas por la nieve. También recuerdo que con este panorama tan nevado los coches ni podían entrar en el pueblo. ¿Cómo lo iban a poder hacer si el camino que llega desde la carretera hasta el pueblo aún no estaba asfaltado? (Aunque estuvo aprobado comenzar su obra de asfaltado a mediados de los setenta, se tuvo que posponer una y otra vez su inicio. El comienzo se fue demorando año tras año debido a la gran polémica  que surgió entre los  vecinos por desacuerdo en asfaltar uno de los dos caminos que llegan hasta la carretera "Las Arridondas" . Al final el llamado "Camino Villacerán" se asfaltó   a principios de los ochenta)  pues eso, que al no estar asfaltado, se hacía logicamente intransitable. Y por entonces ni había máquina quitanieves ni nada parecido. Las únicas maquinas para quitar la nieve eran los vecinos del pueblo que con pala en mano, abrían pasillos entre esa nieve caída  para poder caminar por las calles. Por entonces daba la impresión de que se trataba de un pueblo situado en la  alta montaña, el que  aparentemente quedaba incomunicado. Los dos arrieros que ya os nombré, Revilla y Narciso, como era lógico les resultaba imposible transitar con sus carros y mulos por aquellos caminos cubiertos de nieve y barro. De intentarlo,  seguro que acabarían "atollándose" las ruedas de sus carros  en algún lugar del camino. Por tanto cada hogar tenía que echar mano de las viandas que guardaban en sus arcones y otros lugares para este mismo uso. Nada de conservarlas en  frigoríficos, por entonces era un electrodoméstico desconocido en los hogares  
 
 
 
 
(Panorámica del parque "La Barrera"  nevado. Fotografía sacada en 2012)
 
 
Cierto que la nieve a veces resulta una incómoda molestia. Sobre todo si le da por caer como lo hizo uno de aquellos años, de noche por cierto,  con un furiosa ventisca que cuando amanecimos, había auténticas "parvas" de nieve apiladas sobre paredes o puertas.  Cuando se abrían las puertas, toda la nieve o bien  te venía encima, o se vertía dentro de portal.  Pero no me dirán ustedes que  al margen de esas molestias, a veces  la nieve resulta la  mar de divertida.  También   una espectacular y decorativa panorámica en cuanto al paisaje para ser fotografiado.  Los momentos divertidos   que tengo con la nieve  claramente están relacionados con los años que viví de seguido en el pueblo. Recuerdo que acostumbraba a hacer  el típico muñeco de nieve. Solía hacerlo donde está la plaza San Pelayo, al lado justo de donde encienden la hoguera la víspera del patrón. Ahí estaba siempre el muñeco. Le colocaba sombrero y manos con unos guantes de goma. Y hasta escoba. Y ahí permanecía, hasta que progresivamente se iba derritiendo y acababa  desapareciendo. Otra experiencia divertida con la nieve que tuve fue cuando  en cierta ocasión, por el deseo que tenía  de sentir  directamente en mi propia carne la sensación de lo que se siente al esquiar,  no tuve otra ocurrencia  que la disparatada idea de prepararme  unos esquís. Como comprobé que la tablas con estaban fabricadas las vasijas, o pipas, como popularmente se conoce a los recipientes de madera para guardar el vino, eran encorvadas,  aparentemente como la punta de los esquís, supuse que harían la misma función  que estos utensilios. Así que sin dudarlo un momento, puse manos a la obra. Acondicioné un poco las tablas y en las mismas   clavé   unas zapatillas viejas, de las que se conoce por allí como de "zapatillas de invierno" para poder meter los pies en ellas. La mar de feliz y contento me sentí cuando pensé que ya me había auto proporcionado los ansiados esquís. Todo ilusionado  me lancé a la aventura de esquiar. Traté de hacerlo bajando por la ladera de la Era el Alto, ya saben, donde está situado el cementerio. Si que en principio me  deslizaba lentamente, pero la nieve siempre acababa pegándose a la base de las tablas, y en vez de deslizarse, lo que iba era adhiriéndose  cada vez  mas nieve en la base de las tablas que al final   me quedaba inmovilizado. Pero no desistía. Quitaba la nieve pegada y vuelta a empezar.  Aún con este problema,  la intención  de esquiar con más enjundia no se me quitó. En mi mente estaba la idea de que cuando nevará un poco más, acercarme hasta la ladera de Tomorisco y deslizarme por allí cuesta abajo. Creo que para salvar mi integridad física, tuve la suerte de que no nevó más y así no pude  de llevar a cabo tal arriesgada e insensata osadía. De haberlo hecho igual me hubiera estrellado contra alguno de los robles que hay al final de esa ladera. Y seguro que la avería física hubiera sido de órdago a la grande. Estaba  seguro que en esta ocasión las tablas se iban a deslizar con menos problemas, ya que tenía la intención de untar su base con grasa. Por cierto, se ve que la idea de prefabricar los esquís con ese par de tablas, le sedujo a otra persona. Javier Morán, cuando se lo conté, de ipso facto él también se preparó con idénticas tablas unos esquís. Creo que se deslizaban algo mejor que los míos, por el mismo lugar que yo lo había intentado hacer, pero al final sufría el mismo problema.

Otro recuerdo que ahora me viene a la memoria en relación con  la nieve, son aquellas gigantescas bolas de nieve que los mozos hacían siempre que nevaba. Nunca faltaron. Las solían hacer en las Eras de Abajo, y también en los Prados de la Herencia. Ya sabéis, los que están frente al bar y aula de cultura. Como esos dos lugares tienen pronunciada pendiente hacia abajo, es  lugar idóneo para hacer rodar las bolas con menos dificultad. Recuerdo que ponían un palo en el suelo de considerable largura y grosor. Lentamente lo iban rodando para que se fuera adhiriéndose la nieve a él. A base de vuelta y vuelta iba cogiendo grosor y consistencia. A la vez que iba  acrecentándose su grosor, también lo hacía la dificultad de hacerla rodar obviamente. Cada vez más mozos se apuntaban a la fatigosa faena de hacerla rodar. Hasta que llegaba a  un punto que se hacia imposible moverla por su gigantesco grosor. Y ahí quedaba inmovilizada para regocijo de quien quisiera mirarla y también para que formara parte de la diversión de los niños que tratábamos de subirnos a ella, y cuando lo conseguíamos con la dificultad añadida, nos deslizábamos con gran jolgorio a través de  ella. Lo normal era que hicieran dos o tres bolas de mismo tamaño. Una vez que  los días transcurrían  y prácticamente el paisaje nevado  con ese transcurrir iba desapareciendo siempre quedaban unos cuantos días más visibles las "ruinas" de esas bolas de nieve, de las que nos servíamos para organizar las últimas batallas a bolazos de nieve. (Mira si éramos un pelín perversos  por entonces los niños, ya que en cuando estábamos enfrascados en esas batallas  para hacer más daño al contrario envolvíamos con la nieve un trozo de "adobe", y se terciaba piedra, y con esa "agresividad" que concierne en estos casos se la lanzábamos al contrario con el ansiado objetivo de dar en el blanco. Si no nos hicimos alguna avería física  grave por entonces, fue seguro porque no estaba escrito dentro del guión del destino) Por cierto, al estar todo el suelo nevado, los gorriones no tenían ni donde ir a buscar comida. Era entonces momento idóneo para atraparlos. En los estercoleros, o molederos como se nombraba popularmente, a los montones de estiércol apilados tanto en el corral de casa o los exteriores del pueblo y  que procedía de la limpieza de las cuadras donde estaba recogido el ganado vacuno o mular, allí sobre el montón de estiércol cubierto de nieve se colocaban las típicas pajareras, bien con un trozo de pan o con un grano de cebada cocida como cebo-trampa. Se la tapaba con el estiércol dejando sólo al descubierto el cebo. Nos escondíamos y con toda la paciencia del mundo esperábamos que hambrientos los gorriones se acercaran a picar el cebo y esa fuerza por arrancarlo hacía que el mecanismo de cierre de la pajarera saltara y quedar atrapado entre las alambres el cuello del pobre gorrión. La verdad es que resultaba divertido ver todo ese proceso que comenzaba con la llegada  del gorrión, los amagos de picar, su forma de esquivar por desconfianza....Algún incauto y hambriento siempre acababa picando. Entonces   salíamos a toda prisa del escondite  gritando de alegría a por el gorrión atrapado.  Y a seguir escondidos y con paciencia esperando la próxima "pieza".  ¡Que tiempos aquellos, la verdad! (Ahora que lo pienso, una imborrable "mancha" va a resultar ser esto  en mi recalcitrante actitud anti cazadores)

Supongo que habrá quedado guardada en el cajón de la memoria alguna que otra anécdota referente a aquel tiempo de esa copiosa nieve que cubrió calles y parajes de nuestro pueblo por aquel tiempo un tanto remoto. Sólo es cuestión de forzarse un poco y abrir el cajón y dejar que fluyan por este espacio.  Pero no va a ser así. Se quedarán ahí dentro, reposando en silencio. Tampoco es cuestión de "empacharos con tanta nieve" por que seguro que a más de uno o una   le agobia o le pone de mal humor ver cubierto el suelo de nieve, y no veas como puede acabar resultándole en empacho. Así que finiquito este tema. Espero que os haya resultado entretenida esta "nívea" lectura.

Saludos a toda y a todos.

Rafael.


 

viernes, 23 de enero de 2015

CANTARES

Supongo que la mayoría de los pueblos que  existen demográficamente  a lo largo y ancho del país ,  con idénticas características a las que tiene Mozos de Cea,  dentro de su autóctono y popular  folklore  tendrán sus particulares"cantares" como popularmente se conocen este tipo de composición  musical relacionada  generalmente con la idiosincrasia del pueblo en sí y  también por sus emblemáticos parajes o cualquier acontecimiento significativo que haya ocurrido a lo largo de su historia.  Y Mozos no iba a ser menos que cualquiera de estos pueblos, por lo tanto también tiene sus propios cantares. Desconozco quien habrá podido ser el autor de este tipo de canciones populares, lo que no tengo duda es que se deben remontar a tiempos ancestrales y que a través de sucesivas generaciones se ha  ido transmitiendolas. De ahí el conocimiento de las mismas. Creo que es importante seguir conociéndolas y recordándolas, por muy simple y sencillas que resulten, ya que forman  parte importante de ese acervo cultural- folklórico  que tiene  Mozos. No son muchos los  cantares  que conozco. Sólo  un par de ellos. Seguro que puede haber más que guarden referencias su argumento musical  por alguna circunstancia con Mozos de Cea, pero yo personalmente en ninguna ocasión les he escuchado.  Es una lástima el hecho de que  parece haberse perdido esa costumbre de entonarlos cuando  hay clara oportunidad de hacerlo, como por ejemplo  cuando se reúnen  varias personas del pueblo para celebrar un determinado acontecimiento popular, bien  festivo o gastronómico. Recuerdo que por aquellos tiempos de mi niñez y adolescencia vivida en Mozos se entonaban muy a menudo. En cualquier momento  donde predominaba el jolgorio surgía la oportunidad de cantarlos de forma colectiva y con mucho entusiasmo y creo que la finalidad de su entonación   era la   de ratificar la    categoría especial que concedíamos por entonces  a nuestro pueblo. Eran por aquellos tiempos, pongamos que " en blanco y negro": Años que resultaron  oscuros, difíciles, temibles... Pero bueno, felizmente todo aquello es  pasado.
 
Me enrollo, me enrollo...(y la madeja se lía y se lía...) y no acabo de escribir los cantares que son algo así como  el "leit motive" de este nuevo texto que escribo para que podáis leer a través del blog. Pues estos son:
 
Para Mozos basta Mozos,
para mozas Valdavida,
para segar a guadaña
las mozas de Castroarriba.
 
Tres cosas tiene Mozos
que no las tiene Madrid,
tiene el trinquete, la olmeda,
y la fuente de Antocil
 
 
Como podéis comprobar se trata de unos, digamos versos, de estructura  muy clara y sencilla. Solían, o solíamos,  cantarlos dándoles el tono como si de una jota leonesa se tratara. Oye,  quien conozca ese tono jotero leonés, pues  que  intente cantarlos, con "gallos" incluidos. Todo vale si al fin podéis acabar sintiendo  de manera especial la naturaleza intrínseca de este cantar popular.
 
 
Y una vez escrito estos dos cantares a Mozos  de Cea, voy a hacer una especie de disección con las estrofas. Escribiré de forma resumida, y desde mi punto de vista particular, claro está, lo que representan ambas y que resultan muy obvias, sin duda. La primera dice "Para Mozos basta mozos". Es evidente que por el simple hecho de llamarse nuestro pueblo Mozos de Cea,  considera  a sus mozos  los más elegantes  de la zona con  ese contundente "basta". Supongo que la misma elegancia tendrían las "mozas de Valdavida" si así las consideró en su día quien escribió el cantar.  Lo que verdaderamente a mí  siempre me ha suscitado mucha curiosidad, y no menos   duda, han sido las dos últimas estrofas; las que  nos indican que "para segar a guadaña las mozas de Castroarriba" (o Castromudarra como oficialmente es su nombre) ¿Serían por entonces las mozuelas de ese pueblo expertas en el arte de segar con la guadaña? Igual sí  que es cierto y por aquella época en que el autor lo escribió,  causaban admiración cuando agarraban esta herramienta agrícola con sus manos y le daban al corte de la hierba, forraje y lo que hiciera falta segar. Quizá  por este motivo fueron merecedoras  de ser incluidas en el cantar. ¡Vete tú a saber!  Lo dejaremos que continúe permaneciendo en la duda.

Y ahora vamos  con la segunda estrofa, que la verdad, leyéndola en estos momentos me resulta descorazonadora. Ahora tristemente había que cantar "Tres cosas tuvo Mozos..."  Es obvio que estos tres lugares que indica el cantar ya forman  parte del pasado. Por diversas circunstancias todos ellos han desaparecido y, quienes tuvimos el privilegio de conocerlos en su día, sólo ya nos queda el recuerdo de donde estuvieron situados y que misión cumplieron en su momento. El trinquete, o frontón, el cual como ya os indiqué en otro texto estuvo ubicado en la calle Cascajera. Su estructura era de una pared sola. Construido de la misma forma que el frontón de Velilla o Villazanzo, aunque el de estos dos pueblos están construido con materiales modernos como son los ladrillos y cemento. El de Mozos estaba construido a base de  adobes y barro: material éste  que se empleaba para construir prácticamente la totalidad de la viviendas  en el pueblo hace ya muchísimos años. Cuando la pared del frontón estaba en malas condiciones por las continuas partidas de pelota que se jugaban en ella y por las inclemencias del tiempo, de forma colectiva los mozos preparaban la tradicional "facendera"  para reparar la pared a base de "capearla" con el barro diestramente preparado para su fin ,  y   también acondicionar el suelo para que botara mejor la pelota. Espectaculares y competitivas partidas de pelota a mano se jugaban por entonces. Lo mismo que hubo un buen jugador en Mozos de este deporte. Yo no recuerdo haberlo visto jugar, pero quienes  lo conocieron jugando hablan maravillas de él. Lo llamaban, o se llama, Cayo "Telares". No se si habrá muerto este señor; hijo de Hilario y Feliciana.  Lamentablemente con el tiempo en el pueblo se fue perdiendo la afición  de jugar a  la pelota a mano. El futbol le iba comiendo el terreno. Esto supuso el que  el frontón quedara abandonado a su suerte. Y los años fueron pasando. Nadie se preocupaba ya de reparar su cada vez más deteriorada estructura porque el juego de pelota a mano  brillaba por su ausencia.  Esto fue la causa por lo que de forma inevitable y progresiva  se fuera convirtiendo en una  ruina. Los restos de esa ruina  desaparecieron a principios de los ochenta: cuando comenzaron las excavaciones en esa misma calle para instalar el alcantarillado y tuberías que posibilitaran tener agua corriente dentro de todos los hogares del pueblo.


La olmeda.  Imagino que toda aquella persona que en su día conoció la olmeda cuando estaba frondosamente  en su mayor plenitud, no lo olvidará.  Estaba situada donde empieza el Campo del Río y llegaba hasta el Plantío. Una considerable extensión de olmos, la verdad. El lugar donde se alzaban lozanos los olmos parecía casi selvático por la cantidad de  maleza que entre ellos crecía. Era un lugar frecuentado a menudo  por niños y jóvenes, para sus juegos, sus travesuras, o en busca de nidos, y no creo equivocarme cuando afirmo  el que algún que otro, u otra, allí se escondió  para sus flirteos amorosos por ser un lugar tan recóndito.  También a la sombra de los olmos, durante la época estival, concretamente en la zona donde tiene Jesús Mariano  su huerta, justo  al lado del plantío,  se jugaba a la tradicional  lotería. Ya saben cuando se cantaban los números con su correspondiente coletilla: "Las dos monjas de rodillas, el 22"; "cara sucia, el 13"; "caga y retuerce, el 14" "Las dos banderas de Valdescapa, el 77; etc. etc.  Como ya os comenté en otra ocasión, la devastadora pandemia de la grafiosis fue exterminando a nivel mundial esta especie de árbol. Cierto que  continúan naciendo nuevos brotes  en el lugar donde estuvieron los antiguos olmos, los cuales de ellos sólo quedan sólo troncos secos y  talados. Aparentemente es como si volviera a renacer esta especie de árbol en extinción. Pero desgraciadamente es todo ficticio: los brotes se secan y mueren  una vez que va transcurriendo el tiempo. Hemos de resignarnos que los olmos, o negrillos como popularmente se los nombraba,  es ya  otra de las especies de árboles extinguidos y que la otrora  popular y frondosa olmeda de Mozos de Cea forma ya   parte del pasado.

Lo último que queda de reseñar es "la fuente de Antocil". La emblemática fuente que resultó ser antes de ser destruida. Claramente recuerdo ahora ese manantial situado en el paraje llamado Antocil. En medio de un pequeño prado  de propiedad vecinal se encontraba   ubicado  y manando continuamente. A mi entender era la fuente que  mejor  estaba acondicionada de todas las que por entonces tenía el pago de Mozos.  ¡Y mira que por entonces había unos cuantos manantiales dispersos por todo el pago y en condiciones salubres para poder beber  sus aguas! Pero como os comento esta fuente era la mejor conservada ya que estaba cubierta con ladrillos. No en vano en su día sirvió para abastecer de agua a los hogares del pueblo. Obviamente tenían que transportar ese agua hasta sus hogares utilizando  recipientes  como el botijo o el caldero, por ejemplo. Recuerdo que había un atajo desde el pueblo hasta el manantial que se la conocía como "La senda de Antocil".  ¡Anda que no sació también infinidad de veces esa agua  la sed a cantidad de labradores, o  pastores, y cualquier otra persona que no tuviera uno de estos oficios, y que pasara circunstancialmente  por allí,  sobre todo cuando apretaba la canícula del verano.!  Pero...llegó el año en que se hizo la Concentración Parcelaria. Evidentemente muy cómoda y práctica para los labradores resultó esa agrupación de parcelas, en cambio  tuvo un antes y después perjudiciales efectos colaterales que afectó desastrosamente  a  los manantiales y a las zonas  de arboleda y vegetación. Se talaron inútilmente infinidad de arboles para que no se aprovecharan de su propiedad los nuevos dueños  del terreno que les había tocado en suerte, donde estaban precisamente esos árboles,   y  se destruyeron unos cuantos manantiales. En la lista de manantiales destruidos tristemente está incluido la fuente de Antocil. Hoy las aguas de su manantial corren de forma subterránea  junto a las aguas de otro manantial cercano a éste y que manaba con mucha abundancia,  "las Santanillas" era su nombre. Las dos  fueron  canalizados con el fin de  recoger su agua y que ésta   se vertiera en un prefabricado estanque. Obviamente con la finalidad de que sirvieran de regadío. Y es en la actualidad la misión que ese agua cumple. En fin; que aquellos dos  representativos y bellos parajes verdes, donde en su momento se hallaban los dos manantiales citados,  han  desaparecido y en su lugar se extiende un amplio y árido terreno de donde  cada año crece el cereal que el dueño de este terreno estime oportuno sembrar para luego recoger su cosecha.  



 

(En esta fotografía sacada en agosto de 1990 se puede ver uno de esos manantiales dispersos por el pago de Mozos de Cea. Obviamente no se trata de los dos citados, ya que éste corresponde al que está situado en Valdezalces.  Como podréis observar uno de los tubos que fueron utilizados para hacer canalizaciones cuando se llevaron acabo los trabajos relacionados con  la Concentración Parcelaria, está dentro del manantial haciendo de "cepo" (es como se conoce popularmente al tronco hueco de un árbol que se pone en el centro de los manantiales y que hace la misma función que ese tubo de hormigón)  A finales de la década del siglo pasado,  no recuerdo ahora el organismo oficial que concedió una subvención para  llevar a cabo la restauración de algunos manantiales del pueblo. Al parecer la subvención sólo llegó para la restauración de dos manantiales: el que está junto al cementerio, situado en la "Era el Alto" y que se encuentra en el paraje llamado "El Cesto". Cierto que parte del material, arena y piedras, para restaurar el de Valdezalces se transportaron hasta su lugar. Hasta se quitó el tubo para comenzar los trabajos; pero...ese material permaneció allí apilado durante mucho tiempo esperando para ser utilizado hasta que desapareció  y el manantial no se restauró; más bien  todo lo contrario. Al menos con el tubo, aunque resultaba poco fiable la salubridad de su agua por falta de limpieza,  aún te daba la impresión de ser un manantial. Hoy sólo es una especie de sucio charco, casi invisible, ya que lo ha invadido un sin fin de hierbajos y plantas que cubren su visión ) 


Y esto es todo lo que os puedo contar acerca del cantar sobre Mozos de Cea. Desconozco si os habrá resultado interesante, o si os habrá gustado o no.  Espero que al menos su lectura os haya resultado entretenida, aunque no dudo de que a más de uno, o de una,  le habrá resultado cansino por su extensión. ¿Verdad que sí?

Saludos a todas y a todos

Rafael





 

 

jueves, 8 de enero de 2015

AQUEL CERTAMEN LITERARIO INFANTIL MOZOS DE CEA, VERANO DE 1992

En esta ocasión voy a dejaros en este espacio denominado blog el recuerdo de un Certamen Literario Infantil que convoqué allá por el lejano año de 1992. (¡Anda que no ha llovido desde entonces!)  Concretamente fue en el mes de agosto de ese  año  su convocatoria y la cual fue hecha  con el fin de  que los niños y niñas que acostumbraban a pasar unos cuantos días de sus vacaciones de verano  por aquellas fechas en Mozos de Cea participaran en el certamen y así nos dieran a conocer lo que pensaban realmente sobre el pueblo. Alrededor de la treintena de niños se juntaban por entonces en el pueblo en la época estival, concretamente durante  el mes de agosto.  Por desgracia en la actualidad este hecho no ocurre ya que apenas si llega a la decena los niños que pasan unos días de sus  vacaciones de verano  en el pueblo.  Dudo mucho que  esta circunstancia de que vuelvan a coincidir  juntos la  misma cantidad  de niños correteando  por las calles del pueblo con sus bicicletas y cometiendo  infinidad de  travesuras  vuelva a repetirse. ¿Será  entonces ésta la última generación de niños que de  forma tan numerosa llegó a coincidir durante unos días, o semanas, de veraneo en Mozos de Cea?  Por desgracia me temo que sí.   Y es una pena la verdad, porque aunque a veces su excesivo y continuado  alboroto y sus interminables travesuras acaban molestando, o cabreando,  todo queda gratamente recompensando por  la alegría y la proyección de vida futurible que su inquieta  y energética  presencia  le confiere al pueblo. Los primeros síntomas de que los pueblos acabarán quedando vacíos en un futuro próximo, aparecen cuando ya la natalidad es inexistente y ningún niño permanezca de continuo en ellos.  Por desgracia Mozos de Cea lleva ya muchos años aquejado de esos alarmantes síntomas.  Cuando llegaba por entonces el verano, al menos por unos días, o semanas, aliviaba esos síntomas,  aunque fuera un tanto ficticio tal alivio, pero servía para  "remediar" todo ese  vacío que se percibe cuando van quedando   los pueblos huérfanos de la presencia de sus niños. Por cierto, por aquellos años en que habitualmente una treintena de niños pasaban unos cuantos días de veraneo en el pueblo, acostumbraba a organizarles los  típicos "Juegos Infantiles".  Recuerdo que todos los  años tenía que inventarme algún juego con el fin de que no se repitieran los mismos  cada año y así resultará la tarde de los juegos infantiles más amena.  Lo que no faltaba cada año en  aquellos  juegos era el clásico   concurso del baile por parejas. Sin temor ni vergüenza salían a la "pista de hierva"  y se iba moviendo cada pareja  al ritmo que marcaban los sones  del rok can roll, las sevillanas, las rumbas etc. Luego un  improvisado y circunstancial  jurado formado por alguno de los espectadores asistentes a los juegos,   una vez que terminaba el turno de cada pareja, iban  otorgándoles personalmente la puntuación que ellos consideraban oportuna.   También aparte  otro día les organizaba unos  competitivos juegos deportivos, con  sus correspondientes   pruebas atléticas,  o con la   bici, también de futbol  y en una ocasión hasta hubo un campeonato de ping-pong.   Creo que cada año impacientes  y con gran ilusión  esperaban que llegara ese día de los juegos, por el simple hecho de divertirse compitiendo por ganar alguna prueba y recibir  todos ellos  golosinas y  refrescos.  Obviamente todos  los vencedores y vencedoras  de cada prueba  recibían  aparte un premio especial  por ser los ganadores de la misma. Durante cinco años continuados organicé personalmente aquellos juegos, desde  1991 a 1995.




(En esta foto están varios de aquellos niños que participaron asiduamente en los juegos infantiles que se celebraron durante cinco años consecutivos. La foto está sacada en  el año, 1994.  Como podéis comprobar, en sus manos  portan  los distintitos trofeos y regalos que les acredita como los ganadores y segundos clasificados en las diferentes  pruebas de los juegos en que participaron aquella tarde de agosto)


Ahora centrémonos en el recuerdo que quiero exponer que no es otro que el Certamen Literario Infantil que ya he citado. Como ya  comenté al principio  fue en agosto de 1992 cuando lo convoqué (por cierto, recordaréis la mayoría que aquel año fue olímpico por antonomasia; ya saben: Barcelona, 92, mascota Cobi, éxito de los deportistas olímpico españoles, y blá, blá, blá...) La finalidad de organizar este certamen básicamente consistió en que las niñas y niños que por aquellas fechas de agosto de 1992 se encontraban en Mozos de Cea, expresaran el concepto particular que tenían sobre el pueblo desde su perspectiva infantil. Entre niños y niñas, 19 fueron en total los    que participaron en el certamen. Desconozco los motivos por lo que el resto de los otros niños que casualmente  por aquellas fechas también se encontraba en el pueblo no quisieron participar. Supongo que  se debería  a la desmotivación o la pereza la razón de no participar.  Mi intención fue el que concurriera el mayor número de niños en este evento. Pero bueno, creo que el objetivo se cumplió altamente satisfactorio con la participación de esos 19 niños, que a modo de redacción, y alguno en verso, nos dejaron sus impresiones, sus ilusiones, sus propuestas, sus quejas, sus mensajes y demás sensaciones y conceptos plasmados en un papel. En definitiva, pudimos  conocer directamente la manera de sentir y pensar sobre Mozos de Cea aquellos  niños y niñas que por entonces, exceptuando a dos de ellos- los hermanos Victor y Daniel-, todos habían nacido fuera de el pueblo, pero que un vínculo tanto paterno como materno los unía directamente a Mozos de Cea.

Resulta obvio, y necesario, que en cada Certamen Literario, aunque fuera como este a nivel local y modesto, debe haber un jurado que valore como se merece las obras presentadas a concurso. Por tal motivo nos juntamos tres personas que  hicimos de jurado y desde nuestro punto de  vista particular, e imparcial claro está,  tratamos de valorar las obras en su justa medida y dentro de nuestros conocimientos. En principio, decir que desconocíamos los nombres de autores que habían escritos  los textos cuando los leíamos. Una de las bases del  certamen era que debían entregar los datos personales del autor dentro de un sobre cerrado. Se abrirían una vez que el jurado en mutuo acuerdo confirmara quien había ganado y quien había quedado en segundo lugar . Y así se hizo. Las personas que formaron el jurado fueron las siguientes: Concha Pérez Bartolomé, Silvia Modino Fernández (hija de Valentín  y Rosa) y Rafael Bueno Novoa (o sea, yo). En casa de Concha nos reunimos una tarde el jurado para leer y valorar en conjunto  los textos presentados en el certamen, y una vez concluido su lectura y su  valoración, por unanimidad decimos conceder el primer premio a la obra presentada  en forma de poesía por  Asier Madrid Conde y el segundo premio cuyo texto estaba escrito en prosa,  se lo concedimos a  Raúl Cortina Revilla.  Estos dos niños, hoy ya todo unos "mozotes" "  uno nació en  Euskadi, concretamente Asier,  y el otro en  Asturias, o sea Raúl.  Pero ambos por el vínculo materno les une directamente a Mozos de Cea. 

Creo que resultaría un ejercicio  extenuante el  tener que transcribir ahora todos aquellos textos presentados al Certamen con el fin de publicarlos en el blog, y no digamos lo aburrido  que acabaría resultando ser para vosotros lectores tener que leerlos todos. Así que me ceñiré en publicar  a través de sendas  imágenes,  los dos textos  que ganaron el  primero y el segundo premio. En mi opinión creo que  me parece interesante el que los conozcáis. Tantos años después de ser escritos por su autores,  quiero que  ahora se defiendan de nuevo ellos mismos   ante vosotros lectores, tal como en su día lo hizo ante aquel circunstancial jurado de turno que formamos en el verano de 1992.



Este es el texto original presentado al Certamen que resultó ganador y su autor es Asier Madrid Conde


 




Este otro también es el  texto original presentado al Certamen el cual quedó en segundo lugar. El autor del mismo es Raúl Cortina Revilla. 


 
 
 
 
Espero que lo escrito y publicado en esta ocasión os haya resultado interesante y también os resultara amena su lectura. Si es así, objetivo felizmente cumplido. Si no lo fuera...se intentará lograrlo en la próxima publicación. Porque seguro que la habrá. Cuestión de espera y de tiempo.
 
 
Saludos a todas y a todos.
 
 
Rafael 
 
 

domingo, 28 de diciembre de 2014

RECUERDOS DE NAVIDAN EN MOZOS DE CEA

 
Estamos inmersos en las fiestas de Navidad. Es obvio que cada uno tiene su concepto personal acerca de lo que representan estas fechas. Es evidente que  habrá detractores de la Navidad por  el agobio que les supone tanto festejo; en cambio como contraposición estarán  los partidarios que vivirán estas fiestas navideñas con mucha alegría. Supongo que tanto los unos como los  otros tendrán su acertada parte   de razón ya que cada uno siente y vive la navidad según sus convicciones. Pero yo ahora no quiero   entrar a juzgar  cualquier concepto a favor o en contra de estas fechas tan significativa, sobre todo para la religión cristiana, porque que el objetivo de escribir ahora este texto quiero enfocarlo desde otro punto de vista bien distinto como son aquellos distantes  recuerdos que guardo  de la Navidad durante mi época infantil, la cual  pasé en Mozos de Cea. No se vosotros que pensamiento tendréis al respecto, pero yo personalmente pienso que la verdadera esencia y el espíritu de la Navidad se sienten y se viven en su mayor plenitud y naturalidad durante la niñez. Una vez que pasas esa etapa de la vida, creo que se va esfumado tanto su esencia como su espíritu por razones obvias, que supongo todos conoceréis.  Pero lo importante es que siempre nos quede dentro de nosotros, como algo intrínseco,  parte de ese espiritu  navideño de nuestra niñez. 
 
Y ahora vayamos al quid de la cuestión que nos es otro que contaros  algún recuerdo que tengo de mi época infantil, la cual transcurrió íntegramente en Mozos de Cea. Tampoco quiero excederme mucho para no resultar cansino. Estoy  seguro que más de uno pasará  olímpicamente de leer la totalidad del párrafo si la extensión del mismo acaba por aburrirle. La verdad es que por aquellos años de la Navidad de mi niñez vivida en Mozos de Cea no es que acontecieran hechos  espectaculares a los que ahora    poder resaltar. Recuerdo que solía nevar habitualmente todos los años por la época navideña. Y el paisaje navideño nevado resulta muy sugerente, ¿verdad?  Estoy hablando de los años que transcurrieron entre  mediados de la década de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado, claro está (¡Ostras, qué mayor ya es uno!) Que yo recuerde , y creo no equivocarme, únicamente se ponía un nacimiento en el pueblo: Era el que colocábamos en la escuela, con aquellas figuras del Belén de tamaño muy reducido. Los niños solíamos ir a por el musgo donde estuvieron los olmos, o negrillos,  de  Juanito. Allí, en  la popular olmeda, hoy ya desaparecida por haberse secado todos sus frondosos olmos. Y es que la terrible enfermedad  de la grafiosis ha exterminado casi por completo a todos los olmos a nivel planetario.  Me acuerdo del papel de plata y el cristal con que construíamos el río y  el paisaje nevado el cual lo formábamos espolvoreando   la leche en polvo que tomábamos gratuitamente a diario en la escuela.  El  árbol de Navidad que seguramente hoy día en muchos hogares del pueblo esté presente con sus típicos adornos, por aquellos años únicamente Erasmina Barreales  lo ponía todos los años con la decoración  navideña que aquella  señora personalmente  confeccionaba. Me acuerdo que todos los años unos de sus adornos decorativos eran las barras del dulce de membrillo que ella misma tradicionalmente elaboraba. Y allí año tras año íbamos todos los niños y niñas a su casa, que amable nos dejaba entrar para que contempláramos extasiados su árbol. Luego ya cuando fueron pasando los años, en otros hogares del pueblo fueron colocando el árbol de Navidad. A todos nos apuntábamos para ir  a hacerle nuestra particular visita y a  valorarlo  estéticamente.  Cuando estábamos dentro de la casa esa evaluación era más bien de  forma visual,  luego al salir hacíamos  comparaciones de todos  los árboles navideños vistos y comenzábamos ya de palabra a opinar y valorar su estética, hasta elegir a criterio personal cual nos parecía el más bonito.  Otra diversión más que teníamos por entonces. Sin más.
 
Esta claro que la Navidad por entonces, y por ahora, está vinculada casi en su totalidad con la iglesia y con el dogma cristiano. Obviamente todos conocéis los motivos, por tanto huelga cualquier comentario al respecto. Eran varios los actos religiosos relacionados con la Navidad que se desarrollaban en la iglesia, como por ejemplo la adoración del niño que coincidía con  la fiesta de Reyes. Todos iban, o íbamos,  a besar a una figura en forma de niño Jesús dentro de una cuna que portaba el sacerdote junto al altar mayor y que  de vez en cuando pasaba un trapo por toda la figura. Supongo que para limpiar algún residuo labial que iba quedando en cada beso. También ponía una bandeja para que el "besad@r" de turno echara una moneda. Vamos que nada de "besos gratis".  Como es  típico por estas fechas, también por entonces, se cantaban villancicos- los de costumbre- Días antes de las vacaciones escolaresde Navidad los cantábamos frente al Belén en la escuela; luego ya en el portal de la iglesia. Antes de cada acto religioso los niños y niñas esperábamos a que empezara ese acto  todos  sentados en el portal de la iglesia en unos bancos que allí estaban. Las niñas a un lado y los niños a otros. Nos sentábamos uno tras otro siguiendo el orden de edad. El cura presente estaba siempre con sus habituales paseos hacia adelante y hacia atrás  a lo largo del portal. A su vez mientras paseaba, nos iba contando su particular rollo  con temática religiosa y siempre estaba  a la expectativa por si alguien no se comportaba como él ordenaba para aplicarle su particular correctivo. No se si alguno de aquellos niños o niñas que coincidieron conmigo por aquella época se libró de alguno de sus temidos castigos. Como ya he comentado, era   en aquellos momento de estancia en el portal de la iglesia cuando entonábamos los villancicos.  

 A la salida de misa de año nuevo, era costumbre que al sacerdote, D. Bernardo Pérez Gil,   cuatro mozos se lo llevaran a hombros desde la iglesia hasta la puerta de  su casa sentado en un sillón. Creo que el mismo día, a la mañana,  todos los niños y niñas  alegres y ansiosos íbamos a la casa del cura para que éste    nos regalase, digamos que como aguinaldo, una naranja y un puñado de piñones. Todo un tesoro para nosotros resultaban aquellos piñones. Que gran utilidad les dábamos. Obviamente después de comernos parte del puñado, el resto lo guardábamos para jugar al "juego de los piñones".  Marcábamos  un cuadro en cualquier lugar de la calle del pueblo, de tierra por supuesto, allí metíamos un par de piñones cada niño que se apuntaba a jugar, y a tratar de sacar el máximo número de  piñones siguiendo las reglas que desde muchos años atrás habían establecido para este juego. Para sacar los piñones del cuadro se utilizaba un tipo de moneda antiquísima que en su momento estuvieron vigentes: el ochavo y el real grande. Con el ochavo tenías más posibilidades de llevarte el mayor número de piñones. Pero los ochavos escaseaban.  Como es obvio los piñones acababan muy gastados y descoloridos de tanto rodar por el suelo. Por la época otoñal, los fréjoles servían para el mismo  juego y con idénticas reglas que los piñones, ya que éstos últimos  progresivamente habían desaparecido hasta que con el nuevo agüinado del siguiente año volvía a ponerse en circulación su tradicional juego.

 Ya que estoy  hablando de que el cura nos regalaba a los niños ese aguinaldo, aprovecharé para  deciros también, aunque no guarde relación alguna con la Navidad,  que a primeros de noviembre,   D. Bernardo Pérez Gil, sacerdote que oficiaba los actos religiosos en el en el pueblo,  nos regalaba a cada niño el tradicional "picacho". Seguro que más de uno se preguntará   que es eso del picacho.  Os lo aclararé.    Se  trataba de un pedazo de pan grande, el cual correspondía a una de las  hogazas que las mujeres habían llevado a la iglesia  como ofrenda. Supongo que como ofrenda por celebrase la festividad de todo los santos o los difuntos .  Hay que reseñar que unas mujeres llevaban hogazas y otras una lata de trigo con una vela dentro que encendía durante el acto religioso. La vela se la  llevaban luego para casa, y la lata  vacía claro. El trigo como es lógico se lo quedaba el cura para que sirviera de alimento al ganado avícola  que tenía en su corral. Como el cura ni sembraba, ni recogía cosecha, imagino que  aquel trigo le venía de perlas, digo yo. Como eran muchas las hogazas que  recogía  prefería que, antes de quedarse duro el pan y no poder comérselo, trocear las hogazas y regalar un pedazo  a cada niño.    La mar de felices y contentos salíamos de la casa del cura  con aquel picacho que a cada niño obsequiaba.  Oye que hambre, hambre...pues no es que  pasáramos  por entonces, pero satisfacer la necesidades alimenticias las justas. Algunos podían satisfacerlas mejor  que otros, sin duda. Pero por regla general, lo dicho: justitas.



 
 (En esta fotografía están algunos de los niños y niñas que participaron en el juego de los piñones o se comieron su picacho)

 
Mira que dije al principio que no me iba a exceder para no aburrir al personal lector, y me esto dando cuenta que no he cumplido con lo dicho, y aún quedan "los santos inocentes" para hacer alguna referencia sobre este día tan peculiar. Tampoco es que se hicieran, o hiciera yo personalmente, alguna inocentada que pudiera  originar mosqueo seriamente al afectado. Bueno, confieso que una sí que  hice y la cual cabreó bastante a la afectada (ya ha muerto esta persona)   Y es que meter   dentro de una caja de zapatillas, excrementos secos, popularmente denominados cagajones,  de los dos mulos, o machos, que había en mi cuadra,  y hacer un envoltorio tal  como si se tratase de  un paquete enviado por correos, poniendo la dirección del destinatario, sin remite claro está, y por encima de la tapia tirárselo al corral  como si el mismísimo cartero lo había  depositado allí, pues  la verdad,  ahora que lo pienso, sí  que es para cabrearte con razón. Días después una persona, omito su nombre,    me comentó que la receptora del paquete montó en cólera y culpó a otras personas de esa, pongamos que  "broma escatológica", y vamos que soltó por su boca  una cantidad  de maldiciones e insultos     contra esas personas a las que culpabilizó equivocadamente de enviárselo por correo. Y yo al oírlo por entonces, ¿Qué queréis que os diga?,  pues "descojonándome por lo bajini"  sabiendo que el objetivo cumplió con creces su cometido.   Pero por lo general eran  inocentadas ingenuas las que se hacían, que más que con fines de chanza eran  con la finalidad de sacarle un beneficioso provecho. Creo que por entonces por falta de medios para cubrir las necesidades  básicas se ponía en marcha con facilidad  la picaresca en tal fecha, y si terciaba en otras fechas también.  Basta un ejemplo. Ibas a alguna casa. Llamabas  cuando saliera una persona, que preferías fuera la señora de la casa, (si era el señor, -¡cuidadito!-)  le decías: .- Me ha dicho mi madre que me dieras media docena de huevos. (por ejemplo) Si la mujer no se había dado cuenta que era el día de los inocentes, solía  darte esa media docena de huevos sin preguntar. Una vez que tenías en tu poder simplemente le decías: - ¡los santos inocentes se lo pagarán!. Aquella mujer estoy seguro que  la pobre   se quedaba con cara  sorprendida  y a su vez de mala leche   por esa inocentada que la habían colado. Vamos  que  acababa de  entregar media docena de huevos a un  pícaro  y sabía que no se los iba a devolver. Esta picaresca también trataban  alguna vez de llevarla a cabo con  los arrieros, Narciso y Revilla   que con sus carros y mulos iban a vender todo tipo de ultramarinos por entonces en Mozos de Cea, pero no creo que a estos dos les colaran alguna  vez  este tipo de engaño. Pienso que cuando alguien iba con la "inocente" intención de aprovecharse  ellos estaban  ya de vuelta. Como para dársela con inocentadas a estos dos  arrieros,  con los kilómetros de camino que tenían recorrido y horas de "pelea comercial", puerta a puerta,  que tenían a diario con las mujeres.
 
Que no me enrollo más. Algo queda de Reyes y de nochevieja que contaros, pero no creo que tenga mucha relevancia. Y es que los reyes es obvio que generalmente nos traían cosas acorde a los recursos económicos que contaba las familias de cada hogar del pueblo . Y la verdad que la tendencia de esos recursos era más bien a la baja. Cuando había suficiente poder adquisitivo para estos menesteres, siempre que alguno de los padres tuviera la oportunidad de  bajar a comprar a  Sahagún, o pudiera  hacer la compra a esos dos arrieros citados,  era costumbre que nos regalaran algún objeto que sirviera para la escuela: goma de borrar, lápiz, cuaderno, pinturas, etc. También las típicas zapatillas que casi la totalidad de los niños calzábamos por aquella época, su marca era "La Cadena", color habitual azul, tenía una tira para atarlas al pie  abrochadas con un botón. También de vez en cuando a algún niño le regalaban aquellas pelotas de goma de  marca "Gorila" y que eran duras de leches.  Cuando se  jugaba a pelota a mano, normalmente en una pared de la derruida escuela,  te hacía mogollón de daño en la mano. El primer balón de goma que recuerdo trajeron a un niño por estas fechas, y por consiguiente el único del pueblo por entonces para jugar con él, fue a Julián (Morenin).  Cuando la economía familiar tocaba bastante fondo y no había medio alguno para regalos de Reyes en condiciones, hablo de mi casa, mis padres improvisaban regalos caseros para que al despertarnos, siempre madrugábamos para la ocasión, no nos lleváramos la desilusión de no encontrar nada dentro de la zapatilla, la cual   poníamos junto a la ventana para que dentro de ella nos dejaran algo los Reyes. Los regalos caseros consistían en: una perrona, (moneda antigua de 10 céntimos de peseta)  un trozo de chorizo, una naranja, algún caramelo...Simplemente con ver aquellos regalos  dentro de la zapatilla, o junto a ella, aunque resultará algo tan humildes, para nosotros bastaba ya que nos producía  una gran  ilusión  verlos junto a la zapatilla, o dentro de ella,   porque nos imaginábamos que por la noche los Reyes Magos habían pasado por nuestra casa mientras dormíamos. ¿Y de la Nochevieja que puedo deciros? No recuerdo gran cosa de mi niñez asociada a ella.  Mis recuerdos están mas relacionados con la Nochevieja que disfrutaba mi hermano mayor, Talín, en compañía de los otros mozos del pueblo en la cantina de Hortensio. Allí se pasaban esa especial noche cantando y bebiendo los licores de turno. En cierta ocasión hicieron una especie de  concurso que consistía  que,  entre trago y trago, cada mozo tenía que cantar un trozo de una canción, quien por cualquier circunstancia   no lo entonara  debería pagar la botella que estaban bebiendo. Imagino, que a pesar de lo ebrios que se supone estaban por  tanto trago,  intentarían  afinar la garganta lo más posible cada uno, y si no se sabían el trozo de una canción, seguro que lo improvisaban con tal de no pasar por caja.  Lo que sí  recuerdo es algo que cantábamos  mis hermanos y yo    por Nochevieja, no se si alguien más  cantaría lo mismo. Decía esto:

"Esta noche es noche vieja,
noche de cascar piñones
ha parido la estanquera
un celemín de ratones."
 
(Se cantaba a ritmo musical como el típico villancico "Esta noche es noche buena/  y mañana Navidad...")


Sean felices lo que queda de fiestas. Y salud que no falte en el 2015
 
Saludos a todas y a todos.
 

jueves, 11 de diciembre de 2014

PAGAR LA CUARTILLA

Una de las  tradiciones hoy ya desaparecidas y que muchos años atrás estuvo vigente   en Mozos de Cea fue la de "Pagar la cuartilla". Esta tradición consistía en que todo  joven, o mozo como popularmente se les nombra en el pueblo, cuando cumplía la edad de 18 años tenía que convidar   con un garrafón de vino  cuya  capacidad en litros equivalía  a una cuartilla, cinco litros aproximadamente, a todos    los mozos del pueblo que con anterioridad ya  habían  cumplido con  esta tradición. Normalmente el vino con que  el joven obsequiaba al resto de mozos era de la cosecha propia ya que por entonces prácticamente la totalidad de los vecinos del pueblo en sus casas disponían de la correspondiente  lagar y bodega donde elaboraban y conservaban   su propio vino. No se si tenía denominación de origen o no aquel "caldo autóctono", lo que si recuerdo es que aunque las personas  bebían una gran cantidad de ese líquido, difícil resultaba el que alguna de ellas  acabara con una impresionante borrachera, vamos que grados etílicos    los justos para catalogarse como "bebida alcohólica". A lo que íbamos, que el joven les obsequiaba con su cuartilla de vino y como eran unos cuantos mozos los que por entonces vivían de forma permanente en el pueblo, digo yo que a mucho trago "per cápita"  no tocaría.  Aunque seguro que los tragos suficientes para pasarse un agradable rato todos juntos  en parrandera convivencia 
 
El pagar la cuartilla no quedaba meramente  en una tradicional anécdota, o exclusivamente en    pasarse  un   buen rato bebiendo y cantando con el resto de los mozos del pueblo un día determinado, generalmente un domingo a la tarde, sino que el mozo que  había cumplido necesariamente  con la tradición se le concedía  unos derechos establecidos y  también el cumplir con a unas obligaciones que  te imponía el pago de esa  cuartilla. Como por ejemplo, el derecho de poder subir al coro cuando asistía a algún acto religioso que se celebraba en la iglesia, o  el poder ser  uno de los integrantes   que cargaba sobre su hombro las andas que portaban una determinada figura eclesiástica cuando a ésta se la sacaba en procesión. Cuando no habías pagado la cuartilla,  tu puesto en la procesión era el de llevar los faroles,  acompañando a quien portaba la cruz.  Normalmente el portador de esa cruz metálica era el que hacía de mayordomo de la iglesia, el cual  el sacerdote que ejercía por entonces en el pueblo, D.Bernardo Pérez Gil,  había nominado de entre los vecinos del pueblo. Cada uno de enero se renovaba el cargo y era nominaba nuevo vecino. El mayordomo además de portar la cruz en la procesión,  tenía otros cargos  como el de la limpieza de la iglesia y demás eventos relacionados con la misma. A lo que íbamos, aparte de favorecerse con los asuntos  relacionados con la   iglesia, podía estar presente en   cualquier reunión o festejo que organizaban los mozos y además con derecho a opinión. Como ya he comentado tenía sus obligaciones, como por ejemplo el tener que pagar la parte que le correspondía de los  gastos que suponían la contratación de los músicos que amenizaban la fiesta del día de San Pelayo.  Unos gastos que suponía  un notorio sacrificio para la economía en precario que por entonces soportaban casi la totalidad de los hogares del pueblo. Aunque bueno, los mozos siempre se las arreglaban para que al final la contribución personal de cada uno a la causa festiva  fuera menos onerosa. Aparte del dinero   que se embolsaban en la diana musical con fines recaudatorios  y   que acostumbra a  celebrase  el segundo día del patrón yendo casa por casa, unos días antes de San Pelayo todos los mozos iban al monte a cortar la leña de la "suerte" que se les había  reservado con el fin  de que sirviera de  ayuda para   sufragar los gastos de orquesta. Todos los vecinos del pueblo, tal como se hace aún ahora, se les adjudicaba también por entonces un pequeña porción  de monte, denominado "suerte", para que cortaran la leña de roble que les había sido designado. Los mozos una vez cortada la leña, de roble obviamente,  la cargaban en los correspondientes carros- solían ser dos o tres los carros utilizados- y la traían para el pueblo. Luego en una especie de subasta la vendían. Normalmente se quedaban con el corte de leña alguno de los vecinos ya ancianos,  porque  no contaban ni con fuerza física para cortarla ni medios de transporte para traerla a su domicilio.  Los carros cargados con el corte de leña    se acostumbraba a exponerlos  para su venta donde anteriormente estuvo situado el frontón, o el trinquete como popularmente  el pueblo se le nombraba . Hoy ese espacio donde estuvo  ubicado en su día ese trinquete se llama calle Cascajera.

Como ya comento al principio, esta tradición ya ha desaparecido.  En la actualidad  es imposible que pudiera volver a repetirse tal circunstancia   porque  en Mozos de Cea no queda ya joven alguno residiendo de forma permanente  que pudiera dar  continuidad a esta curiosa tradición.  Creo, aunque no con toda seguridad, que los tres últimos jóvenes en pagar la cuartilla fueron: José Luis, Santiago y mi hermano Tasio  ( los tres quintos nacidos en 1952). Y esto sucedió si no me equivoco al comenzar la década de los setenta del siglo pasado. También es de recibo reconocer que si no se pudo mantener la continuidad de esta  tradición en parte fue porque  los jóvenes que precedían a los tres nombres citados, ya  no residían de continuo en Mozos de Cea,  porque por una u otra circunstancia se vieron en la obligación de marcharse del pueblo.  Esto fue motivo suficiente para que de forma inevitable tuviera que ponerse fin a la tradición de que todos los  mozos al cumplir los 18 años tuvieran que  pagar la cuartilla . Y es una pena que esto ya desaparecido, la verdad. Porque las tradiciones, además de formar parte del acervo cultural de un pueblo, es la esencia y la identidad del mismo. De ahí lo importante y esencial que resulta siempre recuperarlas aquellas que por una u otra razón han desaparecido.
 
Para dar credibilidad  de que en su momento existió esta antigua tradición en Mozos de Cea, he tenido que recurrir  a la memoria con en fin de contárosla  desde mi particular punto de vista.  Desconozco si este hecho de rememorarla y narrárosla puede suscitaros interés alguno.   Quizá al dejarla escrita en   este  espacio sólo he pretendido que  al menos en el recuerdo continúe subsistiendo y con ello intentar de alguna manera  que no desaparezca del todo. Al margen del concepto o pensamiento  que cada uno tenga sobre este tema, espero   que os haya resultado amena la lectura de esta especie de "ejercicio de nostalgia" que aquí dejo escrito.

Saludos a todas y a todos.

Rafael