lunes, 12 de octubre de 2015

PACO PACHO TARANILLA (Paquito) IN MEMORIAM

 
 
( Paco Pacho Taranilla, 1944 - 2014)
 

       
 

Por alguna razón en especial tenía pendiente escribirte unas palabras que te sirvieran de  despedida Paco.  A mi juicio, nada más oportuno que  hoy para escribirlas  cuando se cumple exactamente un año que nos dejaste físicamente por que en espíritu y en la memoria sigues estando entre  nosotros,  siempre con tu carácter tan afable, tan dicharachero, tan bromista... Sin duda eras de esa clase de personas  a las que sin dificultad alguna se las tiene una gran estima  debido a  esa encantadora   simpatía que toda su personalidad  rebosa.  Hoy en tu aniversario te acerco hasta este blog donde acostumbro a citarme con  el recuerdo de Mozos de Cea, porque estoy seguro de que si aún vivieras serías fiel lector del mismo.  Y no me cabe duda alguna de que también te resultaría grata su lectura. No creo equivocarme si afirmo que   tú  también llevabas pegada a la piel del corazón esa nostalgia de la que  aquí hablo y que  formó parte intrínseca de aquellos tiempos remotos de Mozos de Cea: nuestro pueblo   el cual  estoy convencido de que esa querencia que  por él sentías en tu interior, o en tu sangre,  se te había arraigado  con una fuerza inmensa.  
 
Ahora a través de la palabra, cargada de  emotividad,   trataré de  rememorar algunos de esos momentos o situaciones relacionadas con tu nombre, o con  tu presencia, y que de alguna manera compartí contigo. Como por ejemplo, el juego de los bolos. ¡Qué gran afición tenías a este tradicional juego!...Me hacia gracia cuando me preguntabas.-  ¿a  dónde se puede ir "a pinar unos bolos"?, es que yo lo conocía como jugar a los bolos. Recuerdo aquel lejano domingo de agosto   cuando en tu coche recorrimos tres pueblos: Villaverde, Canalejas  y Villamartín simplemente por ir a "pinar unos bolos".  En el último pueblo nombrado fue donde acabamos saciando nuestra "ansiedad" de bolos. Eso era amor y afición por este juego que hace unos cuantos años se practicaba de manera constante en Mozos de Cea. Otra cosa que me hacía gracia era el mosqueo que cogías cuando te fincabas, o esas reacciones espontáneas de notoria felicidad    porque habías ahorcado . ¿Y el pique que tenías conmigo cuando te superaba al tirar una bola? Pique sano claro está. Esto lamentablemente se terminó. Pero siempre  recordaré estos momentos, no  con cierta tristeza cuando pase por delante la bolera "Campos de María". Esa elegante bolera construida no hace muchos años en el pueblo y que  la poca utilización que se hace de ella   por desgracia  aparenta ya no tener vida.
 
¿Y el "Parque del poniente"?  Este fue el nombre que pusiste a la ladera de Tomorisco. Ese término donde empieza parte de la cota de Mozos de Cea. Con tus tijeras de podar fuiste talando las ramas sobrantes de las encina y robles nuevos que crecen en esa ladera, y algún que otro matorral,  para darle una sugerente visión    al paisaje natural  que allí se encuentra. Esa labor rehabilitadora  fue lo que una tarde, ya anocheciendo, te vi realizar cuando yo volvía a casa de unos de mis habituales y largos paseos. Y me alegró verte desempeñar con tanta dedicación   aquella "fancedera" a título personal  porque este tipo de  labores  a mi también de vez en cuando me gusta realizar.  Ambos se ve que teníamos parecida   sensibilidad y predisposición por este tipo de tareas, todas ellas en bien de la comunidad.A propósito de las facenderas vecinales, nunca se me olvidará lo animoso y predispuesto que siempre estabas a llevarlas a cabo cuando éstas se convocaban en verano. Ahí estabas tú;  en alguna ocasión avisando con el tradicional toque de campana   a los vecinos para que éstos acudieran a  la facendera.  Desde luego que a la hora de colaborar en cuanto evento se organizará en el pueblo,  acostumbrabas a ser uno de los primeros colaboradores, si escamotear esfuerzo alguno.  Recuerdo también la satisfacción con que vivías las meriendas populares y sus posteriores chuflas. Siempre tan animoso, tan jubiloso...Tratando en lo posible de contagiarnos tu personal alegría  a todos los que estábamos allí presentes Alguien en una ocasión comentó que eras "la alegría de la huerta". Y cuanta razón tenía.

El lobo, el jabalí, el gato montés, el oso... y algún que otro espécimen de la fauna autóctona, o de la que se encontraba de paso,  formaban parte de aquellos animales que decías a ver visto en algún  lugar del término de  Mozos de Cea mientras paseabas . La verdad que  imaginación y guasa al respecto no te faltaban, pero no creo que hubiera ingenuo alguno que  se creyera las típicas historias que nos contabas.  ¿Sabes una cosa? Este año no hubo el anual viaje a Valderas    para ir a comer el suculento y  famoso bacalao. No se si por desgana o porque tú no estabas,  suspendieron la comida. Creo que en aptitud solidaria por tu ausencia fue la suspensión  ya que resultabas  una especie de "alma mater" del grupo que organizaba y asistía a esta comida. Hay que reconocer que este verano pasado se te echó  bastante en falta, sobre todo en ese    "ambientillo" del bar y su partidas de tute, sus discusiones futboleras (tú  siempre   con  el sentimiento merengón defendiendo al  Madrid), y también en esas dos comidas de confraternidad que este año se organizaron en el pueblo: la habitual de todos los años y la  del ayuntamiento.   A mí personalmente a  veces me daba la impresión de que por causas mayores   no habías podido venir este verano al pueblo, pero que el próximo año en agosto  sí que vendrías tan amable como de costumbre  y de nuevo    volverías a "contagiarnos" con tu particular simpatía.  Pero ya no será posible que esto se haga realidad porque el destino en forma de muerte así lo ha querido. Es evidente que la muerte tal como los humanos estamos concebidos resulta inevitable su llegada tarde o temprano, por lo tanto es un hecho que debemos asumir.

Lo mismo que tu familia, quienes de algún modo podemos considerarnos tus amigos, acabaremos acostumbrándonos a vivir con tu ausencia, obviamente desde dos vertientes muy distintas, como son el cariño especial y sin condición de tus seres queridos y el sentimiento que proviene de la amistad. Te has ido definitivamente, pero   la vida para quienes te hemos sobrevivido prosigue con su habitual cotidianidad y,  como es lógico,  suministrándonos sus dosis de penas y alegrías. Seguro que en el futuro podrá surgir  en cualquier momento  alguna situación  que tú viviste en su día y que guarda  relación con el  pueblo y esto será motivo suficiente para recordarte. Siempre resulta  importante que el recuerdo de una persona que muere siga latente porque, mientras alguien le siga nombrando,  nunca morirá  del todo. Estoy convencido de que será posible lograr  con  creces este objetivo  porque contarás con  el favor de tu  familia más cercana: ellos serán quienes   hagan que permanezcas para siempre vivo en su memoria. Y ahí permanecerás fuera del tiempo acompañándoles siempre.

Me despido de ti Paco (Paquito como normalmente en el pueblo se te nombraba) Allá donde estés, espero y deseo que la eternidad te sea lo más leve posible.

Hasta siempre.


Rafael
(18 de octubre de 2015)

 
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(Hermosa canción  cantada con voz angelical que estimo oportuna para este escrito y espero  que sirva como homenaje a   Paco en el aniversario de su muerte.  Sólo es cuestión de escucharla para que lo comprobéis)
 

jueves, 8 de octubre de 2015

RECORDANDO TRADICIONES

Seguimos como de costumbre citándonos con el recuerdo y eso supone rememorar momentos de un pasado que aparentemente nos queda ya lejano en el tiempo, pero que, sirviéndonos de la añoranza, podemos hacer  que éste  vuelva a convertirse en presente. Y es lo que a continuación voy a tratar de hacer con aquellos momentos que forman parte ya del pasado de Mozos de Cea. En esta ocasión voy a rememorar dos  tradiciones que se llevaron a cabo durante bastante  tiempo en el pueblo y que lamentablemente ya han desaparecido. Tal  como han desaparecido la mayoría de otras antiguas tradiciones, las cuales al constituir parte integral del uso y costumbre de Mozos de Cea,   son en esencia la identidad del mismo. De ahí lo importante que resulta tratar de conservarlas y, en lo posible, también recuperar las que se han olvidado o desaparecido. Pero todos conocemos sobradamente lo  harto complicado que resulta, tanto su conservación, como el recuperarlas, porque en la actualidad no se dan las condiciones ni los medios adecuados para poder mantenerlas vigentes. La despoblación y envejecimiento de las personas que residen de forma permanente en el pueblo es un auténtico hándicap para lograr tales objetivos. Por este motivo viene a veces bien recordarlas con la finalidad de  que  aún puedan   permanecer vivas en el recuerdo. Como ya comenté en otra ocasión, el hecho de rememorarlas es una manera de que no desaparezcan del todo las tradiciones, por muy intranscendentes o muy simples que puedan parecernos ahora esa forma antigua de llevarlas a cabo. Posiblemente estas dos tradiciones  de las que os voy a hablar no tenga mucha relevancia por la simpleza a que a priori representan, pero tienen su enjundia, siempre que se analicen  desde un punto de vista un tanto "sui generis". Vayamos al grano directamente sin más rodeos. Las dos antiguas tradiciones a las que me refiero, son la del   "fumaque" y la de los "senderos", ambas digamos que bien podrían formar parte de la broma costumbrista.  


EL FUMAQUE


La tradición  del fumaque se llevó a cabo en Mozos de Cea durante una época en la que yo aún no había nacido, y seguro que prácticamente   la mayoría de todos los que leéis este blog tampoco. Según me han contado quienes la vivieron in situ,  creo que consta de mediados del siglo pasado. Desconozco  en que año fue su desaparición. Y ahora vayamos al quid de la cuestión que no es otro que explicaros de lo que se trata esto del popular fumaque. En un puchero, los que utilizaban nuestras abuelas o madres para hacer el cocido de  cuando éste se cocinaba al calor del fuego que ardía dentro de su correspondiente hornacha,  se introducía hierva o paja húmeda, pelos de gato y pimentón picante ( un pimentón que por entonces creo que  picaba de cojones, no como el que venden ahora  cuyo picar resulta un tanto laing). Una vez llenado el puchero con los componentes necesarios. Los mozos correspondientes (esta tradición siempre la llevaba a cabo los mozos)  se subían al tejado de la casa donde iban a echar el fumaque. Una vez sobre el tejado, prendían fuego al contenido del puchero y éste comenzaba a humear. A continuación lo introducían por la chimenea, o humero como popularmente se le nombra  en el pueblo, y el puchero caía encima del suelo de un espacio amplio que hay al final de la chimenea al que se conoce como "tiro"  y desde allí  proseguía  humeante.  Para  que este humo  que salía del puchero no se escapara hacia el exterior, los "perversos" tapaban la boca de la chimenea, por lo tanto aquel humo  iba en dirección hacia dentro de la cocina y quienes en aquellos momentos estuvieran ocupando ese recinto de la vivienda, les tocaba respirar y oler ese humo que  soltaba un olor nauseabundo a cuenta de los pelos de gato quemado y  a su vez provocaba un constante estornudar por los efectos del pimentón picante. No cabe duda de que resultaría muy aterrador el cuadro, máxime cuando el fumaque se acostumbraba a echar la noche en que se picaba la cebolla para hacer las morcillas porque acababan de realizar la matanza del cerdo la familia que habitaba esa  vivienda. Entre en lagrimeo descomunal que produce el cortar tal cantidad de cebolla y los efectos terroríficos  del fumaque...¡Os podréis imaginar  la desagradable situación que en esos momentos se  vivía dentro de aquella cocina !. Pavor me da sólo en pensarlo.  Y no quedaba ahí la "bromita", para que ésta cumpliera con creces su cometido,  los echadores del fumaque   tenían  la malévola costumbre de  atar la puerta de tal forma que impidiera ser  abierta desde el interior. Imagino que en aquellos momentos, quienes ansiosos trataban de abrir la puerta para librarse de aquel horror y no podían hacerlo, mientras soportaban tan apestoso olor  y se ahogaban con ese asfixiante humo,  jurarían  en arameo, a la vez que echarían sapos y culebras de su boca contra los "fumaqueros".  Eso seguro.

EL SENDERO

La siguiente tradición de la que voy a hablaros, la cual   ya indiqué arriba, es la de los "Senderos" y  está relacionada con el tema de  noviazgos.  Estos senderos se hacían con la paja  de los cereales   que con el trillo previamente había sido molida.  Cuando dos jóvenes del pueblo, moza o mozo por supuesto, se sabía  o se sospechaba que andaban "de cortejo amoroso",  los mozos de turno por la noche prestos  iban a llenar el correspondiente saco, o sacos, de paja y la iban echando  en forma de camino, empezando por la puerta de la casa donde vivía uno de ellos y terminaban  en la puerta del otro. Estos senderos se hacían, bien cuando    ya se conocía públicamente el noviazgo   de la pareja, o también en plan "tocapelotas"; ya saben:  para cachondearse de la moza y el mozo a las que le habían hecho  el tradicional sendero sin que estos jamás hubieran tenido cortejo o relación  amorosa  alguna.    Como por entonces se vivía una época bastante pacata y reprimida, el tema de los noviazgos y sus correspondientes senderos  acostumbraban a causar   la típica comidilla vecinal. De ahí el motivo por lo que siempre causaba cierto  morbo tan guasona tradición. 

Desde luego que yo desconozco en que año pudo haberse echo el primer sendero de paja que  a una pareja de novios, reales o ficticios, en Mozos de Cea, pero creo no equivocarme si digo   cuando se hizo el último, el cual yo   propuse la idea por seguir con la tradición, y nadie se echó atrás; es más, gustosamente colaboraron quienes escucharon la propuesta ya que les resultó  divertida novedad para ellos. Fue a principios de la década de los años ochenta del siglo pasado, concretamente en el mes de agosto. Merche (una señora mayor y soltera que vivía en Algorta-Vizcaya, la cual  acostumbraba  a pasar cada año  unos días de veraneo en mi casa ) y Hortensio García, más o menos de su edad y en su mismo estado civil, fueron  la pareja que tuvo el honor de ser los últimos a los que se les hizo el tradicional sendero de paja en Mozos de Cea. Ambos ya fallecieron hace varios años. Por si alguien está interesado en conocer la razón por la que se les hizo este sendero, se lo explicaré a continuación.  Fue a raíz de una chufla que de forma espontánea  cierta tarde surgió frente a  la puerta de mi casa. En aquel lugar se congregó una cuantas personas, mientras sonaba música verbenera de un viejo radiocasete. Hubo algún que otro bailoteo, hasta Luis Fernández  que iba a trabajar, se bajó de su tractor y se unió al jolgorio. Todo el centro  de atención    que surgió   de aquella improvisada jarana  en plena calle fue dirigido hacia las dos personas citadas.  Por esta razón de forma generalizada los allí presentes les adjudicaron   de ipso facto  un supuesto noviazgo que  ellos, siguiendo el cachondeo y la parodia, lo  aceptaron de  buen agrado.  Después que terminó la improvisada chufla, se pensó que ,  para darle el colofón que se merecía    aquel jocoso  acontecimiento ,   lo mejor sería   hacerles el tradicional sendero de paja a los "novios" . Y dicho y echo. Por tanto,  aquella  noche fue testigo del último sendero de paja que se hizo en    Mozos de Cea, tal como ya he indicado sin temor a equivocarme.  Aún no es tarde para que éste no sea el último. Seguro que paja para este objetivo no faltará . ¿Y novios?... Oye, que si no les hay oficialmente declarados, se les improvisa para la ocasión y punto. Tal como se hizo la última vez. Y a seguir con la tradición.
 
No se que sensaciones os habrá causado la lectura de este escrito. Como ya indiqué, relevancia no es que manifiesten en demasía ambas tradiciones, como supongo que interés cultural tampoco. Pero bueno, son parte de ese acervo tradicional y popular  de Mozos de Cea, y por tal motivo creo que merecen tener su particular  recordatorio, ¿no les parece?


Saludos a todas y a todos

Rafael.
 
 
 
(* De aquella tarde cuando surgió la espontánea  jarana tengo una fotografía donde aparecen sentados en un banco ,Merche y Hortensio, pero por más vueltas que doy no consigo encontrarla. No duden que cuando la encuentre la publicaré junto al texto. Por lo tanto, queda pendiente su publicación)

miércoles, 23 de septiembre de 2015

HOMENAJE A LOS ANTIGUOS LABRADORES

De nuevos estoy otra vez aquí para compartir con vosotros a través de la palabra escrita y publicada, claro está, momentos del pasado en relación a Mozos de Cea, pueblo al que supongo  perteneceréis, bien de forma directa, o a través de algún vínculo especial,  la mayoría de vosotros lectores de este blog. ¿Me equivoco?  Al respecto, aprovecho para comentaros que existe una norma antiquísima en Mozos de Cea, imagino que la mayoría conoceréis. Quien la desconozca, decirles que una persona aunque no haya nacido en  Mozos de Cea, se le considerará "Hijo o hija del pueblo" si ha contraído matrimonio con alguien que sí  ha nacido en él. En cambio, los hijos que hubieran nacido de esa unión matrimonial, no serán considerados como tal, por consiguiente  no tendrán derecho a  disfrutar de los "privilegios" que pudiera concederles esta circunstancia. Y dicho esto como forma aclaratoria, os comento que en esta ocasión el leit motive de este escrito que hoy publico corresponde a un poema. Un poema que a pesar de que lo  escribí allá por la década de los noventa del siglo pasado,  siempre que por cualquier circunstancia lo vuelvo a reescribir, normalmente hago alguna modificación de sus versos, pero  la esencia principal de su mensaje  permanece inalterable a cualquier modificación.
 
El poema se titula "Labradores de Ayer" . Lo escribí como un homenaje a aquellos antiguos labradores de nuestro pueblo que  tan fatigosamente desarrollaban sus labores agrícolas  a lo largo y ancho del árido pago de Mozos de Cea,  con sus rudimentarias herramientas y ayudado por la tracción animal. Por entonces no existía la sofisticada y cómoda maquinaria con que hoy cuenta ese reducidísimo grupo de  labradores, creo que son supuestamente  cinco  los labradores autóctonos que oficialmente están inscritos en el régimen agrario,  para  desempeñar en la actualidad las tareas agrícolas en el pueblo. Y ahora cambiando de tema, si nostálgicamente echamos la vista atrás para observar con cierta emotividad el pasado,  y hacemos comparaciones de como se encontraban las eras durante la época más álgida del verano, los meses de julio y agosto en aquellos remotos años, y    como se encuentran  en la actualidad  durante estos meses citados, por regla general las sensaciones que uno experimenta al respecto en mi modesta opinión pienso que  están más relacionadas con la tristeza que con la alegría. Y es que lamentablemente no deja más alternativa que el desánimo  cuando se observa todo ese silencio, esa soledad, ese vacío...que en la actualidad habita en el recinto de las eras  durante los meses de julio y agosto. Yo personalmente tengo una sensación melancólica, porque aparte de esa  ley que impone el progreso, es también la reafirmación de que el tiempo ha ido pasando y en su transcurrir con él se llevó una parte de nosotros que ya no volverá. Pero bueno, tampoco es cuestión de ponernos tan transcendentes y  tan "trágico-melancólicos". Esto es lo que hay: la consecuencia de seguir estando vivos. En fin; que  a pesar de todos los inconvenientes,  hasta que no nos demuestren lo contrario, vivir seguirá siendo una experiencia única e irrepetible. Por otra parte, pienso  que emocionalmente siempre viene bien recordar, ya saben como ejercicio de nostalgia,  los trillos, los carros, los mulos y mulas, las vacas, las horcas de madera, los aparvaderos, las volvederas, las parvas, los rastros, los bieldos, las cribas,  la media fanega,  los costales, los garios,  etc, etc,...( y así  un largo etc, )  que  formaron parte intrínseca de aquel lejano y emotivo paisaje veraniego que se extendía a lo largo y ancho de la superficie que le corresponde a las eras.  No cabe duda de que este  remoto paisaje únicamente  se pudo contemplar    cuando el trajín  de las personas, la tracción animal  y los vetustos aperos agrícolas se encontraban  inmersos en su ajetreo  veraniego y  la vida bullía en toda su plenitud, aunque por desgracia en infinidad de ocasiones tuviéramos que sufrir  la abrasadora  canícula del verano montados sobre un trillo, del que tiraban de él, bien  una pareja de vacas, o u par dos mulos, (machos como popularmente se les nombra)  y daba vueltas y más vueltas, hasta convertir la mies en paja y quedar el cereal liberado de su espiga.  Y por cierto, aunque  hoy aquellos antiguos aperos de labranza nos resulten vestigios del pasado y prácticamente la totalidad de ellos estén apilados en el rincón del olvido, a mi juicio son las señas y la identidad de Mozos de Cea y en buena medida para muchos de nosotros que hemos nacido en este pueblo, son la referencia en cuanto al origen y proceso de  nuestra existencia.
 

IMAGENES PARA EL RECUERDO
 
 







 
(Aquí os dejo estas dos imágenes en blanco y negro, tal como aparentemente transcurría la vida por aquellos remotos años en que fueron sacadas estas dos fotografías. Ambas fotografías formaban parte de ese remoto paisaje veraniego del que indico arriba. Fueron sacadas en un determinado día de agosto de 1973. En la primera fotografía, está mi hermano Talín con  sombrero y su "pose" mirando a la cámara. El del fondo con visera soy yo. También aparece la pareja de vacas uncida al yugo, el trillo, las volvederas... A la derecha de la imagen se aprecia que la trilla está perfectamente molida para ser amontonada; o aparvada, como sería políticamente correcto indicar. Y es lo que muestra la segunda fotografía. El momento de aparvar la trilla. En esta ocasión son dos mulos (o machos) los encargados de tirar del aparvadero para amontonar la trilla, ya perfectamente molida, en su correspondiente montón, o parva.  )
 
 
 
Como de costumbre, y ya como un defecto congénito en mí, siempre acabo por enrollarme de manera excesiva antes de ir directamente al asunto principal, como es escribiros el poema en este caso como ya he comentado. Así que sin más preámbulos cansinos transcribiré el poema: 

 
LABRADORES DE AYER
 
Se levanta el cierzo de la tarde, y trae recuerdos,
son voces de labriegos como un soplo de añoranza.
Labradores de ayer, de pareja de vacas, de arado, de carro...
y con la piel curtida y agrietada por solanas.
 
Nacidos para el barbecho, para la siembra, la siega...
Fuisteis labrando la tierra surco a surco
con el corazón y reja y se unió vuestro amor con el arado.
Compañeros del sudor; hermanos de la fatiga,
vuestro cuerpo adquirió forma de este suelo,
por caminos y regueras; por pastizales y fuentes,
como herencia han quedado imborrables vuestras huellas.
 
¡Cuánto  esfuerzo sin condición le entregó 
a esta tierra de secano vuestra mano encallecida!
Resistíais   con los ojos clavados en esa necesidad de lluvia
y sedientos se iban quedando siempre en su espera.
 
Ay, labradores de ayer, con sus mulas, su segadora y su trilla,
nadie podrá arrebataros la casta que os engrandece,
vuestra raíz  será siempre   esencia que alimentará las cosechas.
 
No temáis. Nunca habitaréis ya el olvido.
Aunque continuéis labrando las parcelas de la ausencia,  haré
 que estos versos sean  como un cereal que se eterniza en el tiempo
y crecen a perpetuidad copiosos vuestros nombres como espigas.
 
 

 
Pues este es el poema del que os he hablado. Aquí os lo dejo publicado sin entrar en más detalles del mismo. Creo que en el texto arriba expuesto ya he escrito suficientes detalles. Ahora simplemente lo dejo a la interpretación y la valoración que cada uno de vosotros lectores creáis conveniente hacerle.
 
 
 
Saludos a todas y todos.

Rafael
 
 
 
 
 

martes, 8 de septiembre de 2015

CORRALES CON SOLERA

Otra vez de nuevo el recuerdo vuelve a retomar protagonismo de manera especial en este espacio; o en este blog que políticamente sería más correcto nombrarlo así por razones obvias. Y sin más  preámbulos que pudieran "marear la perdiz" vayamos al asunto. En esta ocasión  voy a hablaros de corrales. Por supuesto que no se trata de el paraje ubicado en el pago de Mozos de Cea que lleva este nombre, sino de otro tipo de corrales. De dos concretamente, los cuales   para mí personalmente tienen cierta solera y popularidad. Son: "el corral de las malvas" y "el corral de Matías". El primero es como popularmente se  le conoce a la casa y patio donde vivió hasta su muerte  Luis Pacho Rodríguez y el segundo es una majada construida con adobes que está situada dentro  de la cota del monte, concretamente en  el paraje conocido como " alto Torriyuelo"  y que tiempo atrás sirvió para encerrar y guardar el rebaño de ovejas de su propietario. A continuación voy a escribir unas palabras acerca de estos dos corrales para que así  conozcáis algo de la historia de ambos. Verdaderamente  no es mucha la información que tengo sobre ellos. Cuanto conozco al respecto no es merced a la información que tengo almacenada en  mi memoria, la cual me sirve para dejar   mis habituales escritos publicados en el blog. En esta ocasión he tenido que ir recopilando información a base de ir haciendo preguntas sobre el tema a las personas mayores de Mozos de Cea.  De ahí mi agradecimiento a todos aquellos que han aportado la información que conocían o recordaban para que pudiera escribiros todo el texto con cierto fundamento.
 
 
 
El corral de las malvas
 
Arriba ya comento donde está situado este corral y el nombre como popularmente se le conocía. Desconozco  el porqué lleva este nombre y también quien fue el autor del mismo. Siento de veras no poder proporcionaros esta información. ¿Os podéis creer que se me olvidó preguntarles a "santo de qué"  le pusieron este nombre al patio?  Cuando tenga ocasión de preguntarles, seguro que lo hago. Aunque ahora me entran dudas de si alguna persona del pueblo  pudiera  dar fe  de por qué razón pusieron ese nombre a este popular corral que en la actualidad una puerta cierra su entrada. (Según la última información que al respecto me han proporcionado, este portón de cierre se instaló en 1966)  Muchos años atrás no tenía puerta alguna ya que consistía en un portal  abierto por donde entraban todos los vecinos que vivían en los diversos hogares que se hallaban situados dentro de ese   corral. Creo que  hasta cinco vecinos llegaron a coincidir al mismo tiempo. Durante aquellos años de múltiple convivencia vecinal en ese mismo patio hubo un bar, o más bien cantina que regentaban Angel Revilla y su mujer Angeles Pacho. Desapareció la cantina cuando este matrimonio junto a sus hijos nacidos en Mozos de Cea se marcharon del pueblo en busca de un futuro más prometedor. Una señora de nombre Eduviges y otra llamada Primitiva, me contaron que fueron las primeras vecinas que  ellos recuerdan haber visto vivir en este popular inmueble. Luego residieron por un tiempo en él otros matrimonios con sus respectivos hijos. Allí muchos de ellos nacieron y vieron por vez primera la luz en aquellas reducidas y humildes alcobas sin ventana. Los nombres de aquellos matrimonios fueron los siguientes:  Apolinar Cuesta y Lucía Antón; Cayo Cuesta y Catalina Modino; Julio de Lucas y Erasmina Barreales; Lucio Pacho y Juliana Rodríguez; Eliseo Antón   y Vicenta Cuesta. Me hablaron   también de que  vivió un pastor y su mujer, ambos eran creo que  naturales de Carbajal de Valderaduey. Ahora no recuerdo sus nombres.  La gente mayor  recuerda  un membrillar que había dentro del patio,  debía ser de propiedad de la señora Eduviges ya que ésta señora regalaba membrillos a los niños. También hablaron de  algún que otro conflicto vecinal, que acabó a mamporros, o las travesuras de los chiquillos, siempre relacionadas con el hurto de la fruta de un huerto vallado que estaba junto al inmueble. Y es que por aquellos años según relatan las personas  mayores,   lamentablemente el hambre a veces se dejaba sentir como una "cornada" en el estomago, de ahí que no hubiera frutal ni huerto  que se les resistiera a los hambrientos chiquillos.  








( Antes de su fallecimiento, Luis Pacho Rodríguez, en el portal que hace de entrada al popular  corral de  las malvas, en la parte derecha del mismo creó una especie de museo etnográfico y en él fue depositando varios utensilios del hogar y aperos de labranza que fueron utilizados en tiempos remotos por los vecinos de Mozos de Cea. En estas dos imágenes que han sido sacadas dentro de ese portal podéis comprobar parte del muestrario de su particular museo etnográfico)


 
No se cómo ni porqué la totalidad de corral de las malvas acabó siendo en propiedad del matrimonio Lucio Pacho y Juliana Rodríguez. Yo sólo conocí  a este matrimonio habitando    el único  hogar que se encontraba en   este corral. Y con la puerta de entrada.  Supongo que irían  comprando sucesivamente las reducidísimas viviendas cuando éstas fueron abandonadas por sus inquilinos. Desgraciadamente en la actualidad este inmueble se encuentra vacío al fallecer su propietario como ya comenté. Sus herederos son ahora los  propietarios y lo han puesto   en venta. Sería importante que alguien se interesara en su adquisición y de nuevo comprobar in situ que  otra vez se respira vida en el corral de las malvas y no desolación y soledad como se percibe en la actualidad.

El corral de Matías

Arriba también he indicado adónde está ubicado este corral y la utilización que en su momento se hizo del mismo y que como ya comenté fue para guardar y proteger el rebaño de ovejas de su enemigo ancestral  como es el lobo. Este corral o majada fue construido   en el año 1963. El constructor del mismo fue un albañil que residía en  Villazanzo de Valderaduey. Su nombre era Abundio Modino que falleció hace ya varios años. El jornal que cobraba este albañil por la cimentación de esta majada fue de 80 pesetas al día y la merienda. Está construido con adobes. Un  material   que se utilizaba normalmente por aquellos años para la construcción de los correspondientes edificios en el pueblo. Junto a los adobes, las tejas, la madera de roble, las urces  y los céspedes forman también   parte  de la construcción de este corral. Los hermanos Serapio y Matías Lazo fueron quienes elaboraron los adobes en el paraje conocido como "El Horcajo". Supongo que este paraje por encontrarse cercano al lugar donde se iba a construir  la majada, lo utilizaron como improvisada "adobera".  Normalmente para la elaboración del adobe por aquellos tiempos remotos, había en el pueblo varios lugares concretamente para esta faena.  Recuerdo que se fabricaban en el paraje denominado "las adoberas" y también en  otro   conocido como "Valdezalces".  Igual en otra ocasión hablo de forma más  detallada acerca de este asunto, o tradición perdida; por qué...¿creéis que en algún momento se volverá a ver en Mozos de Cea "fabricar los adobes, con barro, paja y oficio"- tal como indico en el poema- "Romance a Mozos de Cea" ? Yo desde luego que no.





( En esta imagen podéis ver el corral de Matías. En ella se puede observar que su estructura está notoriamente conservada. La fotografía está sacada hace  ya 15 años.  Algún leve deterioro ha sufrido desde entonces hasta la actualidad su estructura. Pero sin mucha  importancia. Por cierto, el corral fue construido en su día en terreno que pertenecía al pueblo. La junta vecinal que regía en el pueblo por entonces, le concedió ese terreno para la construcción de la majada. Mientras este edificio siga en pie, el terreno seguirá perteneciendo a su propietario, o sea a Matías Lazo. )


Lamentablemente este es el último corral de ganado construido de forma rudimentaria  fuera del casco urbano que se mantiene en pie en Mozos de Cea. Lo importante es que se conserva aún en buen estado, motivo por el que en principio son buenos los augurios que indican que puede   continuar su estructura en pie durante muchos años más. Aunque por otra parte, debido a que   sus propietarios hace ya varios años que se deshicieron de su rebaño, y al no darle la utilidad básica que requirió su construcción, uno duda si esta circunstancia adversa será un hándicap a la hora de decidirse a repararlo  cuando surjan deterioros que ponga en peligro su estructura. No me gustaría ver como en un futuro cercano acaba   convirtiéndose en otra ruina más de un corral de ganado. Lo mismo en que se   convirtieron  todos aquellos otros  que  con anterioridad fueron construidos dentro de los  diferentes parajes que pertenecen al    pago de Mozos de Cea. Yo he conocido dos en pie y uno prácticamente en ruinas. Uno de los dos que por aquellos años conservaba en pie su frágil estructura, concretamente el que pertenecía a Epifanio Morán y Crescencio Morán, ubicado también en la cota del monte, paraje Valdemar,  apenas si quedan ya sus ruinas visibles.  Según cuentan  las personas mayores, abueletes todos ellos,  en su día  coincidieron hasta once rebaños de ovejas  en el pueblo. Y prácticamente la totalidad de ellos tenían su propia majada construida fuera del casco urbano. En la actualidad desgraciadamente no existe rebaño alguno: Virgilio Pérez fue el último pastor en el pueblo  que ejerció con toda la seriedad que  este oficio requiere.  Cierto que aún se le ve pastorear con un reducidísimo rebaño de ovejas, pero creo que esta circunstancia es más por nostálgica querencia que por "oficialidad".  Parece mentira que prácticamente haya desaparecido la presencia del ganado ovino en Mozos de Cea. En tiempos remotos en casi todos los hogares había algún ejemplar del mismo. Era necesario que se diera esta situación por que cuando se agotaba la carne del cerdo, la debía  suplír la de oveja si querías seguir catando este alimento. El hogar que no criara oveja alguna, ya sabía de antemano  las carencias que iba a sufrir hasta que llegara la matanza del gorrino. Aunque bueno, a veces  el sacrificio de algún conejo o pollo suplía esa privación.   En fin; que como sobradamente todos conocemos el tiempo sigue avanzando y metafóricamente en su evolutivo transcurrir va dejando su particular rastro de cadáveres.  Por cierto,  Matías me ha comentado en más de una ocasión que hay una persona que le quiere comprar su corral de ganado. Parece que de momento no está interesado en su venta, aunque la verdad si la insistencia del comprador continua, conociendo al  incombustible Matías, actualmente tan inmerso en la compra y venta de antiguallas y en el mercadeo de la legumbre, pues todo se puede esperar por esa intensa  actitud empresarial  que actualmente  muestra. (Aunque asegure que sus empresas son ruinosas). Me preocuparía que tal venta se llevara a cabo. Estoy seguro que su comprador tendrá intenciones de  cambiar  su estructura original. Si fuera así, perdería la estética natural que muestra esta majada, a  la que y personalmente considero ya como una  reliquia perteneciente al  pasado ovino de Mozos de Cea.


Esta es toda la información que  sobre ambos corrales os puedo contar y espero que os haya resultado lo más interesante posible.


Saludos a todas y a todos.

Rafael

martes, 7 de julio de 2015

A PESAR DE TODO, LA VIDA SIGUE.

Ayer lunes 6 de julio, víspera de san Fermín, me llegó la luctuosa noticia de que se celebró el funeral y entierro de un vecino de Mozos de Cea, en concreto de Vicente Díaz. La verdad es que  no se trata únicamente del triste hecho  de que haya fallecido esta persona, si no de que al ser un vecino que tenía su residencia permanente en el pueblo, hace que su desaparición física sea muy preocupante porque indica que es un pequeño avance más hacia la inevitable despoblación en un futuro próximo  de Mozos de Cea. Desde tiempos bastantes lejanos no existe ese equilibrio compensatorio que sólo se puede hacer posible  cuando surgen  los  nacimientos en parecida proporción con las defunciones. Es obvio que la natalidad en el pueblo es  inexistente y el goteo de defunciones es progresivo, esto queda verificado con el reciente  fallecimiento de las  dos personas que tenían su   residencia permanente en el pueblo: la que cito en este texto  y Exuperancia Pacho. Por este motivo tal como indico, resulta alarmante la defunción de esta clase de personas por que son  la esencia misma y  la identidad del pueblo por el simple y a su vez transcendente  hecho de haber permanecido de continuo en él y no haber caído en la tentación de emigrar como muchas personas lo han echo,  o lo hicimos,  porque obviamente yo también emigré de pueblo aquel lejano septiembre del año   1974.   Ellos en contra, decididamente  permanecieron de seguido   apegados a esa tierra de secano, agraria por antonomasia,  y por esta razón   contribuyeron  a que el pueblo continuase vivo y no sentirlo  como si sus propias ausencias y vacíos lo habitara. Es cierto que no hay mucha plenitud de vida, ya que la mayoría de sus habitantes se encuentran en la etapa de su vejez y eso obviamente no es sinónimo de vitalidad, más bien lo contrario; pero aún así,  ni el silencio, ni el vacío, ni la soledad han conseguido envolverlo. Todavía  se le puede sentir  vivo, y ahora en verano, la vida se despliega con mayor intensidad  por entre sus diversas calles y también locales de asistencia pública. Pero todos somos conscientes de que si Mozos de Cea continua en un futuro tal como hasta ahora con la natalidad inexistente y la progresiva defunción de sus habitantes, su destino ha de ser  que en un  futuro próximo acabe despoblado, (como desgraciadamente acabarán la mayoría de los pueblos colindantes porque todos ellos se encuentran  en esta misma tesitura. ).  Quizá muchos de nosotros no lleguemos a conocer tal circunstancia, y toquemos madera para que así sea,  aunque va resultar ineluctable que este hecho suceda. Pero ahora de lo que se trata es del presente y éste manifiesta el que Mozos de Cea de momento no muestra  visión alguna de ser un  pueblo  desolado al que ineludiblemente ha sido derrotado por su destino.
 
Quizá la triste noticia de fallecimiento de un vecino del pueblo me ha provocado escribir estas palabras con cierto aire de pesimismo, aunque creo que también  cargadas de un realismo preocupante. Está claro que quienes en su día emigramos por diferentes razones a los diferentes partes del país, y a allende de éste,  buscando objetivos todos ellos asociados a  mejorar el status personal de cada uno,   mucha culpa tengamos de su progresiva despoblación.  Lo que está claro es que  las estancias cortas o largas de tiempo que permanezcamos en él los "autóctonos emigrantes" no soluciona esta problemática.  La solución principalmente radica en poder  recuperar parte de aquella antigua  natalidad que  acostumbra a darse de manera constante por aquellos  tiempos remotos, pero me temo que hoy en día  el que esto ocurra   resulta una utopía porque no se existen las idóneas y necesarias   condiciones para poder hacerse realidad. Por lo tanto, la suerte está echada. Y el futuro, queramos o no, va ser   quien aplicara su particular sentencia al pueblo. ¿Cuándo?, eso es todo una incógnita.









(En esta ocasión trato de ilustrar el texto con una imagen relacionada con el mismo. Se trata de una de las dos  puertas del cementerio, donde a través de   ella se puede observar a un perro, concretamente a Nena la perrita de Eduardo, que mira contemplativa el interior de ese recinto donde descansan eternamente aquellas personas que formaron parte intrínseca y fundamental  de la. historia de Mozos de Cea )


 
Y hasta que  el destino y el futuro se pongan de acuerdo, que el presente  de Mozos de Cea siga su curso, aunque por desgracia, y también  por nuestra inherente condición de ser mortales, tengamos que conocer noticias luctuosas como la muerte de Vicente Díaz;  que la verdad no tengo muchos recuerdos de cierta relevancia  asociados a su persona. Personalmente considero que era de un  carácter muy  reservado y poco dado a ser sociable y envuelto en un cierto aíre, entre místico y oculto.  Y sin duda alguna, la religiosidad fue siempre su santo y seña. Verdaderamente no tuve mucho trato con él, sólo  el acostumbrado y cordial saludo de bienvenida y algún que otro comentario intranscendente. Los recuerdos con cierta enjundia que tengo de Vicente, todos ellos están relacionados a la época en que permanecí de continuo   el pueblo, y éstos son muy pocos y algo confusos. Uno que nunca se me ha olvidado, a pesar de que  yo era muy niño, es el verlo jugar al futbol en la era. Cuando se ponían como instintivo un pañuelo atado alrededor del   brazo para diferenciar de que equipo era cada jugador. Luego también le recuerdo conduciendo por aquellos años su tractor de marca Renault, no tenía cabina y era de color anaranjado. Por cierto, fue el tercer vehículo para trabajar en el campo que hubo en el pueblo.  Lo que tampoco he olvidado es aquel soniquete relacionado con su nombre el cual   los niños acostumbrábamos a decir, o cantar, cuando le veíamos por la calle. Decía así: "Vicente/ culo caliente/ la botiquilla del aguardiente".  La verdad  ahora que lo pienso,  no se que relación puede guardar eso de el "culo caliente con la botiquilla del aguardiente"... Me resulta bastante incoherente. Supongo que  todo se deba a los ajustes  de la rima, aunque este caso claramente ripiosa.  En fin; que tal  como se expresa el tópico: cosa de niños aquel sonsonete. El cual hoy he traído a la memoria porque a quien iba dirigido físicamente ha desaparecido; aunque dejemos de eufemismo y digamos que ha muerto. Por lo tanto, que la eternidad te sea leve y en paz descanses, Vicente.

Ya nada más. Espero que, aunque el texto rezume  cierta melancolía, os resulte grata su lectura.

Saludos a todas y a todos

Rafael

 

martes, 23 de junio de 2015

FESTIVIDAD DE SAN PELAYO EN EL RECUERDO

En esta ocasión mi  cita con el recuerdo quiero de que sea   de manera  emotiva y entrañable, sencillamente porque voy a hablaros del patrón de nuestro pueblo, San Pelayo. Es evidente que el nombre de este santo tiene connotaciones muy especiales para quienes estamos vinculados originariamente  con Mozos de Cea. Dudo si alguna persona que tenga este vínculo y  que por cualquier circunstancia no se encuentra el 26 de junio en el pueblo,  no le recorrerá por su mente en algún momento de ese  día   un "gusanillo" mezcla de la nostalgia y querencia por el  patrón. Seguro que sí. Y ahora vallamos al quid de la cuestión que como ya os digo   es  rememorar tiempos lejanos relacionados con la fiesta patronal del pueblo. Tiempos que coincidieron con   la etapa de mi niñez y de los principios de mi adolescencia... ¿alguien no está al tanto de que  este hecho existencial mío transcurrió   a mediados de la década de los sesenta y comienzo de los setenta?- del siglo pasado, claro está-  Pues eso, que por aquellos remotos años, como es lógico también tratábamos de celebrar a lo grande la festividad de San Pelayo. De entrada, el sacerdote que oficiaba en el pueblo, Bernardo Pérez Gil, ya nos hacia entrar en ambiente, aunque éste fuera religioso, con la típica novena al santo. Por lo cual, nueve días seguidos, cada noche al finalizar el rosario, nos iba leyendo por capítulos la vida y obra del santo. Después de cada lectura, la mozas cantoras de entonces, con Avelina (Vina) llevando la voz cantante, entonaban el típico repertorio de cantos religiosos para esta ocasión.
 
Si la iglesia preparaba su particular vísperas del patrón, en los hogares del pueblo a su manera también lo hacían. No cabe duda de que el día de San Pelayo por entonces resultaba un punto de inflexión ya que se posponían todo tipo de  asuntos familiares para antes o después de su celebración. Era un día clave, sin duda. A lo que íbamos, que a los hogares del pueblo también se les preparaban para su decorativo acondicionamiento: puertas, ventanas, paredes, suelos...todo había que tratar de embellecerlos de manera especial por que el hecho de celebrar el día de San Pelayo así lo requería. A las  ventanas se les solía dar una capa de un producto  color rojo al que llamaban "mazarrón". También a las paredes correspondía embellecerlas a base de   un buen encalado, para este fin se utilizaba    una especie de cal blanca a la que popularmente se la nombraba como "gis". Antes de entrar a la cocina y las  habitaciones, había una parte interior de la vivienda, especie de zaguán,  que se la conocía como "casafuera". En alguno de los hogares, el suelo  de la misma al no estar  pavimentado, la tierra era quien lo cubría, pero aún así había que adecentarlo también.  Para este objetivo se utilizaba una especie de barro arenoso que se recogía en una charca que hubo tiempo atrás en el término que se conoce como las Santanillas.  Con un estropajo de esparto untado en ese lodo arenoso se embadurnaba el suelo hasta dejarlo muy aseado. Por lo tanto el hogar estaba sugerentemente acondicionado para celebrar la festividad del patrón como se merecía.
 
Aunque las estrecheces económicas eran el denominador común en la mayoría de los hogares del pueblo, tal como ya os he indicado otras veces, para esta ocasión había que hacer  de "tripas corazón"  y embarcarse en gastos extras. Por lo tanto, a los arrieros que por aquellos años venía a vender al pueblo, Revilla y Narciso por supuesto, se les compraba  mercancía acorde con la especial  celebración: caja de pastas, algún que otro dulce y licores. El resto de los alimentos que formaban parte del especial  ágape festivo pertenecían todos ellos a la de crianza propia: el pollo más cebado o el conejo se solía sacrifica para la causa. Y algún privilegiado que disponía de corderos, este pobre animal también era víctima proclive para el festín. El guiso de la carne de todos estos animales se conocía popularmente como "el tajadeo". Y no veas como se esperaba con cierta ansia   que apareciera sobre nuestras mesas ese suculento tajadeo, por qué después de estar casi todo el año a base de cocido de garbanzos y los tropiezos  correspondientes, todos ellos derivados del cerdo, ¡ qué quieren que les diga...! La  verdad es que  después del día del patrón, el pollo y el conejo aparecían en nuestra mesa  de pascuas a ramos. Y por cierto,  era costumbre el día de San Pelayo estrenar una determinada prenda de vestir, o dos. Eso siempre dependiendo de lo pudiente que fueras.  

Como ocurre en la actualidad también por entonces la imagen de San Pelayo era sacada en procesión. Muchos años atrás, tengo entendido que los cuatro mozos que lo "paseaban" por la calle a  hombros eran los que correspondía a la quinta de aquel año. Se ve que por entonces habitaba en el pueblo  una considerable cantidad de jóvenes que podían cumplir como exigía la tradición. Aunque esta circunstancia no se daba por la  época en que yo os hablo,  si que había suficientes jóvenes de diversas quintas dispuestos a sacarlo en procesión. Recuerdo que todos los años  ese día la misa era oficiada por cuatro sacerdotes que se engalanaban con los atuendos correspondientes para este evento religioso: Mariano (Villavelasco), Gregorio (Villazanzo), Lucinio (Renedo) y Bernardo (Mozos), como veis todos pertenecían al ayuntamiento de Villazando.  Está claro  que por aquella época  había un censo considerable de sacerdotes en ese Ayuntamiento, todo lo contrario en la actualidad. El volteo de campanas,  la intimidadora  explosión de los cohetes, los acordes melódicos de los músicos, el emotivo himno  de San Pelayo, etc. acompañaba aquella procesión, la cual vista y sentida desde mi condición de niño me resultaba muy emocionante. Supongo que ahora desde mi condición de persona adulta tal emoción la sentiría desde una perspectiva más bien distinta.  

PROCESION DE SAN PELAYO ( I )




(En esta imagen-fotografía se puede observar la procesión de San Pelayo. La fotografía según mis deducciones, por alguna de las personas que aparecen en ella,   creo no equivocarme que  está sacada en la década de los años cuarenta del siglo pasado. Como podéis observar muchas son  las personas que acompañan la procesión y además muy bien alineados . La verdad que cuando vi por vez primera esta fotografía me impactó por la cantidad de personas que aparecen, en comparación con el reducido acompañamiento de las procesiones actuales. Y seguro prácticamente la totalidad de los presentes vivían de forma permanente en el pueblo. Por cierto, la fotografía está sacada cuando pasa la procesión por la calle Mayor. ¡No veas la transformación que esta calle ha experimentado desde el año que se sacó esta fotografía hasta la actualidad!. No sé vosotros, pero yo considero que esté documento fotográfico tiene un de enorme valor histórico y humano.)




Lo que no admite duda alguna es que la contratación de una orquesta, o cualquier otro medio que amenice musicalmente los festejos,   resulta transcendente y necesario. Es obvio que si no hay quien  amenice armoniosamente la fiesta, resultaría incompleta y poco satisfactoria la celebración del patrón. De ahí el por qué siempre estuvo, y está presente la música en forma de: orquesta, charanga o discoteca móvil. En aquella época los mozos acostumbraban a contratar cada año para este fin a la orquesta Hermanos  Fernández, de Villahibiera (León).  Antes de que esta orquesta dispusiera de automóvil propio,  recuerdo como  toda la chavalería y los mozos íbamos a esperar a estos músicos a la carretera. Venían la víspera por la tarde  en el   coche de línea,  denominado "el Prioro" . Los instrumentos musicales que traían y equipo de audición  se les acercaba hasta el pueblo en un carro tirado por una pareja de vacas. No siempre fue la orquesta Hnos. Fernández quienes amenizaron musicalmente la fiesta de San Pelayo, en alguna ocasión fueron contratados otros músicos para este evento. Uno de ellos fue Abundio, tocaba la batería y la dulzaina, era natural de Villazanzo. También otro acordeonista que venía de Sahagún y no faltó el músico autóctono de Mozos de Cea, como fue, y aún sigue siendo natural de pueblo, Eradito García, que tocaba el Saxofón. La verdad que el repertorio melódico de estos tres citados aunque  era bastante limitado, resultaba suficiente para amenizar las verbenas nocturnas y el baile vermut de los dos días   que duraba la celebración del patrón. Por cierto,  lo tradicional era que la celebración del baile  transcurriera  en los prados ubicados en el "Campo del río". Alguna que otra ocasión cambió su ubicación, sobre todo cuando se construyó el teleclub ya que éste pasó  a celebrarse  en los prados de la "Herencia". Como mandaba la tradición, el día  San Pelayín, los mozos acompañaban a los músicos en la popular diana matinal. La diana ciertamente resultaba muy importante porque, sirviéndose de ella, se iba casa por casa del pueblo con el fin de conseguir un dinero  que ayudara a sufragar los gastos relacionados con la contratación de la orquesta. Era costumbre también obsequiar tanto a los mozos como a los músicos, con una copa de licor, aunque lo normal era de aguardiente del Truébano, y alguna pasta.
 
PROCESION DE SAN PELAYO ( II)

 

 

(En esta imagen-fotografía sacada en 1970 se puede observar el comienzo de la procesión de San Pelayo.  En ella   se pueden  ver los cuatro sacerdotes  de los que ya os hablé, y que oficiaban la misa del patrón, salir juntos    de la iglesia para acompañar la procesión. Van secundados por sus dos monaguillos. El de la izquierda es Miguel Angel y el de la derecha quien esto escribe, o sea Rafael. También se observa en la imagen, a varias niñas sonrientes. En primer plano aparece Teresa y a su izquierda, a la derecha en la imagen,  María Luisa, Lucita, Leonila, Esperancita, Mari (mi prima de Santamar), Maricruz, María Jesús Morán y Ernestina. Y al fondo saliendo por la puerta de la iglesia aparecen varias mozuelas: Esther, Nieves, Avelina, Engracia, Clara...hay alguna otra más que ante la duda de quien se trata, omito el nombre)

Los que también formaban parte de la parafernalia en torno al patrón,  eran aquellos   vendedores que ofertaban su mercancía para la ocasión. Como por ejemplo un señor al que apodaban "Cañonín", que curiosamente era también de Villahibiera, y que vendía sus típicos cucuruchos de nata. Sólo tenía esta clase de helados. También venía en ocasiones con su bar ambulante un señor de Sahagún; a éste le apodaban "el judío". Recuerdo que en relación a su bar,  de vez en cuando sonaba una especie de eslogan a través del sonido de megafonía que se utilizaba para el baile y decía lo siguiente: "Verde nació la naranja/ el tiempo la dio su color/ pero el bar del judío no cambia ni pá Dios.".  El que no faltaba cada año puntual a su cita era un señor al que recuerdo  ya bastante abuelete, creo que era natural de Codornillos. Venía con su puesto de golosinas variadas y juguetitos de plástico. Vendía también petardos, por una peseta te daba tres de estos mini artefactos explosivos, que no veas como la gozábamos por entonces los niños oyendo tan estruendoso sonido. Y como era lógico también se apuntaban para la venta de su mercancía, los arrieros citados, Narciso y Revilla, aunque obviamente en esta ocasión, no para mercadear con su género de ultramarinos, si no para la venta de refrescos y cervezas. Y en alguna que otra ocasión, pocas,  aparecía alguno de esos "tomboleros" con sus escopetas de feria para que afinaras tu puntería  y te llevaras el regalo correspondiente. Como veis feriantes y vendedores ofertando sus artículos para la ocasión no faltaban. Y nosotros los niños, que al cabo del año  no teníamos la posibilidad de tener a nuestro alcance todo ese género para uso y disfrute infantil, a pesar de que disponíamos de muy poco dinero para su aquisición, estábamos  la mar de contentos. Era suficiente observarlos para sentirnos felices.
 
 
PROCESION DE SAN PELAYO (III)
 
 
 
 
(Es evidente que en esta imagen se puede observar la procesión de San Pelayo más actual, no en vano la fotografía está sacada en el año 2002 y en la misma calle que la primera fotografía, o sea en la calle Mayor también. Pero entre ambas existe una diferencia abismal. No sólo por el color, si no por la estética transformación que han  experimentado   todas las casas  que originariamente  estaban ubicadas en esta calle, que como se puede apreciar  aún no se encontraba asfaltada por entonces. Quizá sea ésta circunstancia lo único que tiene en común ambas fotografías. Luego también esas dos filas de coches aparcados en ambos lados de la calle, es la demostración irrefutable de la evolución del tiempo. Por cierto,  ahí se puede ver al Sr. Alcalde Félix Pacho  portando el pendón ayudado por Aventino de Lucas. Ambos vestidos de traje y corbata, tal  como requiere la tradición festiva  en estos casos.)

Aparte de los actos religiosos y verbenas correspondientes, había algún que otro evento más. Uno era   el tradicional campeonato de bolos.  Obviamente el ganador no recibía tan suculento  premio en metálico como lo hace actualmente el   que se lleva  el primer premio del Campeonato de bolos leoneses "Villa de Mauzos". Por entonces el ganador recibía un pollo y  alguna que otra vez cuando la comisión organizadora se estiraba, un cordero era el galardón. Y ya que me he referido al pollo, aprovecho deciros que todos los años se celebraba la popular  rifa del pollo, por lo tanto el portador del boleto premiado se lo llevaba para su corral, o  cazuela. Lo que tampoco faltaba cada año era el tradicional partido de futbol: Santamar, Villamartín, Villazanzo,  fueron algunos de los pueblos contra quienes se jugó por aquellos años, cuando los jugadores de Mozos de Cea, todos ellos autóctonos, vestían su elegante camiseta roja y pantalón azul. Yo personalmente no viví ese momento, pero cuentan las personas mayores que el día de San Pelayo solían organizarse  espontáneos  "aluches" a nivel popular. Supongo que coincidiría con aquellos años en que la lucha leonesa  estaba muy arraigada en  las costumbres de Mozos de Cea y pueblos alrededores. Hoy lamentablemente esa arraigo apenas existe, motivo por el que los corros de lucha leonesa brillan por su ausencia. También cuentan que por San Pelayo se organizaba la carrera de cintas en bicicleta. Yo la verdad que no recuerdo tal evento, pero es seguro que existió porque de ella nuestros mayores hablan con certeza. Por cierto,  para los niños  se organizaba el juego de romper los pucheros; ya sabéis: con los ojos cerrados y palo en mano y a tratar de romper el  puchero que colgaba de una cuerda para  llevarte el  premio o regalo  que  de adentro hacia el  suelo caía.

En  este amplio testo he tratado de dar algunas breves pinceladas  que rememorasen experiencias y momentos vividos personal y colectivamente  años atrás el día de San Pelayo. Otro ejercicio de nostalgia como tantos, sin más. Es obvio que a medida que transcurre el tiempo vamos añadiendo recuerdos a nuestra vida, y cuando la nostalgia nos tira un poco del corazón o del sentimiento, solemos hacer uso de ella oralmente o en forma de escrito como en este caso. Pero bueno, aparte de reminiscencias patronales, lo importante es que se siga celebrando la festividad de San Pelayo  porque es la esencia y la identidad de un pueblo. No importa que alguna de sus tradiciones festivas merced a la lógica e inevitable evolución se hayan transformado, reitero que lo importante es que continúe celebrándose. Lamentablemente allá por la década de los ochenta del siglo pasado, por desgana y desinterés de quienes incumbía organizar los eventos correspondientes a la fiesta patronal, la celebración de la misma se basaba únicamente en misa y procesión del santo. Triste y desolador panorama resultaba aquello, sin duda. Algunos de los jóvenes que se encontraban ese día en Mozos de Cea, iban buscando diversión a otros pueblos donde se celebraba también la festividad de San Pelayo,  con los importantes y alegres festejos que está ocasión requiere. En fin; que como todo cambió felizmente para mejor, en Mozos de Cea, actualmente  se puede disfrutar con alegría y mucha diversión la fiesta del día de su patrón. Por lo tanto, quienes tengáis la oportunidad de estar presentes este día en el pueblo, que lo disfrutéis al máximo.

Antes de el saludo final, os dejo aquí la letra del himno a San Pelayo que se cantaba en Mozos de Cea . Supongo que la mayoría sabréis su entonación. Pues entonces manos a la "garganta" y a entonarla con emoción.
 
Himno a San Pelayo
 
Con voz de gloria y cariño
cantar queremos tu palma
      que con fuerzas no de niño} bis
prendiste fuego en tu alma.}
 
Tu fe predicaste a gritos
venciste del cruel la saña
Pelayo mártir de Cristo
con gozo te recuerda España.
 
Despreciaste las bombas del mal
de Satán al ministro a vencer
y aunque niño supiste luchar
y aclamaste con gritos tu fe.
 
Los caminos de Cristo al mirar
saturados de luz y de amor
no dudaste un momento seguir
y por ellos llegaste hasta Dios.
 
 
 
 
 
 
Lo dicho, que disfrutéis a tope de la fiesta patronal.
 
Saludos a toda y a todos.
 
 
 
Rafael
 




 

viernes, 5 de junio de 2015

SEGUIMOS CON LOS JUEGOS DE NIÑAS


De nuevo otra vez aquí estoy con el único propósito de   retomar ese tema tan nostálgico del que ya os hablé en el contexto anterior,  el cual para no hacerlo muy extenso, so pena de aburriros,  decidí escribirlo en dos partes.  Y esto es lo que a continuación voy a hacer.  Por consiguiente  retomaré el texto anterior donde    hice referencia  a algunos de los cachivaches o artilugios que  diseñábamos y     construíamos   los propios niños de Mozos de Cea y de algún que otro juego que de forma mixta practicábamos como puro entretenimiento. Comenté también que para no resultar cansino por abusar de un texto excesivamente largo,   os hablaría en el próximo escrito   de los juegos y artilugios que utilizaba las niñas para su particular distracción. De este asunto será del que a continuación os hablaré.  Por tanto sin más preámbulos empezaré a comentaros lo indicado, siempre partiendo de la premisa de tratar de sintetizarlo lo más posible, para no resultaros cansino. Esa es mi intención, pero como de costumbre, consciente o no,  siempre acabo por alargar los comentarios.  Comenzaré reseñando que   el juego de la soga, o la  comba, formaba parte  intrínseca del jugar de las niñas de Mozos de Cea y  era frecuente verlas a  cualquier hora del día practicando los habituales saltos o movimientos  que este artilugio requiere. Recuerdo que a la hora   de saltar acostumbraban a  entonar  una determinada cantinela.  Por citar alguna melodía, nombraré por ejemplo: "A la una anda la mula/ a las dos el caracol/ a las tres el coronel/ a la cuatro el perro blanco, a las cinco el perro pinto,...etc. etc".. También estaba esa que dice: "El cocherito lerén/ me dijo anoche lerén/ que si quería lerén/ montar en coche lerén/ y yo le dije lerén/con gran salero lerén/  que no quería lerén/ montar en coche lerén/ que me mareo lerén".  Otra que recuerdo era aquella de: "Cuando vendrá el cartero/ que cartas traerá/ todas las que traiga/ se recibirán/ pon, pon ¿Quién es?/ el cartero....". Hay alguna que otra más, pero estas reseñadas me parecen muestra suficiente  para reactivarlas en el recuerdo. Otro de sus tradicionales juegos era el de  "la goma elástica". Supongo que sabréis  de que juego se trata, ¿o no? Como   en la actualidad prácticamente ha desparecido imagino que muchos de vosotros lo desconoceréis. Por tal motivo os comentaré algo  al respecto.  Dos   niñas se encargaban de sujetar la goma entre  sus piernas y la otra saltaba haciendo los correspondientes movimientos que se requiere para este juego. Aunque había un montón de variantes para jugar, el  que más practicaban era el de saltar de adentro para afuera pisando la goma con los dos pies. Recuerdo que había un ejercicio que le llamaban "los caballitos".  Sin duda alguna  aquel era un juego de niveles ya que se empezaba poniendo la goma por los tobillos, esto era ir a "primeras", y se acababa poniéndola en la cintura, esto se denominaba ir a "cuartas". A "segundas" era sobre las rodillas y  a "terceras" en los muslos.  Todas los movimientos se ejecutaban idénticos,  los cuales como es lógico  iban tomando mayor dificultad cada vez que se subía de nivel.  Quien fallara en alguno de los movimientos, se cambiaba por una que sujetaba  la goma, que obviamente pasaba a jugar en su lugar. Como podréis imaginaros,   muy entretenido debía  resultarles a   las niñas este juego ya que lo practicaban muy a menudo.  Como también practicaban con la misma asiduidad  por entonces  el tradicional  y antiquísimo juego de  "las tabas". No me cabe duda de que muchos de vosotras, y vosotros, lectores recordareis ese juego. Ahora como si estoy viendo a aquellas niñas portando dentro de su bolsita,  normalmente de tela,  las tabas. Y aquella pequeña bola, creo que de cerámica, que en realidad hoy se conoce como canica, pero que nosotros nombrábamos "güito". Necesario para practicar este juego, ya que había que lanzarlo hacia arriba y mientras ascendía atrapar rápidamente la taba por la tapa por la cara correspondiente y recoger el "güito" antes de que éste se cayera al suelo para no perder. Como sabéis la taba es un pequeño hueso que se encuentra en la patas traseras de una oveja o cordero. Como por aquellos años había en el pueblo una gran cantidad de estos animales, no había mucho problema para que cada niña se surtiera de esa pequeña "fortuna" en forma de tabas, a las cuales con los tintes adecuados las daban diferente colorido. Recuerdo que ya casi al final del mi etapa infantil, comenzaron a aparecer las tabas fabricadas con plástico o goma. Obviamente tenían la misma forma y se podía jugar idénticamente,  pero su esencia y estética natural desaparecía, lo mismo que hoy en día este juego ya paso a formar parte del pasado, el que ahora hasta aquí os acerco en forma de recuerdo para que lo rememoréis y tratéis de revivirlo si es apetece, claro.



( En esta imagen se puede apreciar el juego del "Salto de la comba". Observaréis que dos niñas están dando a la soga para que otras dos salten. Perfectamente podrían estar saltando al ritmo que impone esa canción de comba que os he reseñado ya que eran dos las niñas que saltaban cuando cantaban aquello de :"Cuando vendrá el cartero/ que cartas traerá/todas las que traiga  se recibirán...")


Otra forma de divertirse jugando las niñas era  a través de los recortables. Estoy seguro que más de una, o uno, se preguntará qué es eso de los recortables. Os lo explicaré. Se trata de dibujos de muñecas y vestidos que una vez recortados servía para vestir con un sin fin de atuendos a las muñecas. Algunas niñas tenían una considerable colección de las mismas.  También por aquella época había otro tipo de muñecas que no eran precisamente diseñadas en papel, aunque no todas las niñas podían permitirse el lujo de poseer una de ellas. Eran muñecas cuya cabeza y cuerpo  estaban fabricadas con  una especie de cartón piedra.  Las más apañadas se encargaban ellas mismas de confeccionarlas sus vestiditos para  que no tuviera exclusivamente sólo el original. Como veis nada de esas  estilizadas "Barbies",  ni aquellas atractivas de  "Famosa" que  se dirigían al portal de Belén, tal como machaconamente nos indicaba aquel sugestivo  anuncio publicitario emitido por televisión en su momento.  Por tanto,  nada de muñecas "finolis"  o elegantes, sino de cartón piedra  y   ahora que lo recuerdo, me parece que su figura hasta cierto punto guardaba más apariencia  con   las "chochonas" que las dos citadas. Luego progresivamente empezaron a aparecer las de plástico, de cuerpo entero y con sus vestidos de notoria calidad. Y ya cuando surgieron aquellas que cerraban los ojos o emitían algún que otro sonido, supongo que en esos momentos las niñas de Mozos de Cea cuando tenían alguna de estas muñecas  en sus manos les resultaría alucinante o prodigioso. Digo yo, porque la verdad,  en lo referente a la ingenuidad infantil no se puede descartar nada.

 


(Aquí tenéis esta imagen donde aparece una lámina con los dibujos recortables tal como arriba indico. Un entretenimiento infantil  que consiste en recortar figuras de papel. Y esto es lo que hacían por aquellos años las niñas de Mozos de Cea con las tijeras en mano)

Otro de los juegos que practicaban las niñas  por entonces era "el castro". Imagino que sabréis a que juego me estoy refiriendo, ¿verdad? Era aquel que se marcaba en el suelo  normalmente seis cuadros concatenados y al final del mismo un semicírculo: "La reguleta", "el coro", "el descanso", el trozo de teja que se deslizaba a través de los cuadros marcados golpeado con el pie (la mayor parte de este juego se hacia saltando a la pata coja y se golpeaba la teja con el pie de apoyo); o aquella insistencia de preguntar con los ojos cerrados si pisaba alguna de las rayas marcada de los cuadros, etc. formaban parte de aquel  entretenido  juego. ¿A qué más jugaban...? Pues al tradicional y archiconocido juego de "el corro". Todas ellas  cogidas de las manos en circulo daban  vueltas con cierta cadencia mientras entonaban las típicas canciones de coro, que quien más o quien menos conoce. Ya sabéis: "Al corro de la patata/ comeremos ensalada/ como comen los señores/naranjitas y limones...".  También aquella de "Mambrú se fue la guerra/ mire usted, mire usted que pena,/ Mambrú se fue a la guerra/ no se cuando vendrá..."  O ésta que dice: "Que llueva, que llueva/ la virgen de la cueva/ los pajaritos cantan/ las nubes se levantan" . Y por supuesto que no faltaba  la de: "El patio de mi casa/ es particular/ cuando llueve se moja/ como los demás...".  Y alguna que otra más formaba parte de ese repertorio tradicional de las canciones de corro. Tampoco es cuestión de nombrarlas todas.  En este instante me viene a la memoria el recuerdo del "juego de las alfileres". Bueno, mayormente era las niñas quienes lo practicaban, pero nosotros nos apuntábamos también cuando la ocasión lo requería. Como de costumbre. Os preguntaréis ¡¿pero qué narices es eso de las alfileres?! Os lo contaré. Cada participante del juego ponía una alfiler en el suelo. Una vez puestas todas se las cubría con tierra. Poníamos una distancia de los pasos que acordábamos y desde allí avanzábamos con los ojos cerrados y un palo en la mano hacia el montón de tierra. Cuando intuíamos que estábamos frente al montón, al azar golpeábamos  con fuerza tratando de acertarlo y así destapar el mayor número posible de alfileres. A veces fallabas, pero cuando por suerte acertabas,  te quedabas para ti con todas las descubiertas. ¿Cómo nos agenciábamos las alfileres para participar en el juego? Alguna "sisábamos" del costurero, o "medester" como popularmente se conocía al cestillo donde guardaban los utensilios de costura nuestras madres, y también las que encontrábamos entre las barreduras que arrojaban detrás del patio de la iglesia una vez que a ésta acababan de barrer. ¡No veas como nos arremolinábamos ansiosos  los niños alrededor de esos residuos tratando de rebuscar las alfileres!  Por aquella época se las daba mucha utilizad en la iglesia para un sin fin de eventos, de ahí el motivo por lo cual siempre alguna encontrábamos entre las barreduras. Por cierto, ahora que he rememorado ese golpetazo que dábamos con fuerza al montón de tierra, aprovecharé para comentaros otro de los juegos practicado por igual por ambos sexos, al que llamábamos "la chancla". Como podréis comprobar,   imaginación no nos faltaba   a la hora de inventarnos ocurrentes juegos y ponerles nombre. "La chancla" consistía simple y llanamente en un huevo de gallina vacío. Acostumbrábamos a pedirle a la madre que cuando hiciera una tortilla,  los huevos que empleara no los rompiera. Os preguntaréis como es posible no romper los huevos si pretendemos hacer una tortilla. Muy fácil. Se hacen dos agujeros al huevo. Por uno se sopla y así por el otro va cayendo lentamente su yema y clara en el plato. Y esto es lo que nuestras madres hacían. Una vez que el huevo estaba  vacío,  nos servía para jugar  a algo semejante   al citado montón de alfileres. Las normas eran idénticas, aunque en esta ocasión la recompensa no era conseguir el mayo número de alfileres, sino la satisfacción de romper la cáscara  del huevo.





(Es evidente que esta imagen muestra las tradicionales tabas y junto a ellas aparece el "güito" . Por lo que percibo son tabas naturales, como aquellas con las que jugaban originariamente las niñas de Mozos de Cea. Tabas extraídas directamente de la pata de oveja o cordero. Estas por lo que se observan también tienen su color natural. Se ve que no han querido mostrarlas coloreadas con un determinado tinte )


Un número considerable de juegos practicábamos por entonces tanto los niños como las niñas, y en conjunto,  tales como el "Pio campo",  el "Chorro morro pico tayo...", "A tapar la calle que no pase nadie...", el "Pase misi, pase misá por la puerta de Alcalá..." "A los pepes y las pepas". "A picar",  " Al polvorón, polvorón que estás en mis manos..."etc. etc. pero creo que lo más acertado es no continuar nombrando mas juegos de forma detallada por la razón que supongo conocéis. Además, pienso  que todo lo expuesto tanto en el anterior escrito como en éste  es demostración clara y suficiente  para dar fidedigno crédito a aquella forma antigua  de jugar todos los niños y niñas que coincidieron conmigo durante mi época infantil en Mozos de Cea y que no escribiré sus nombres por temor a que me olvide de alguno.   Juegos que fuimos practicando con el fin de que pudiera seguir vigente ese legado que nos fue transmitido por la generación de niños a la que precedimos y que lógicamente también ellos practicaron en su momento.  Como es de  suponer, igual que  nosotros,  también ellos recogieron ese legado a las generaciones que precedieron. Por desgracia las supuestas generaciones que a posteriori  pudieran haber recogido ese legado de juegos han desparecido en Mozos de Cea y esta circunstancia hace que  inevitablemente la forma de jugar antigua haya sido relegada al olvido . Y como en nuestro pueblo, tristemente ocurrirá en los pueblos de alrededor: Santamar, Villamartín, Velilla, Valdavida, Castrillo, Villazanzo, etc. etc. Quizá alguno de los juegos citados sólo se practicaba en Mozos de Cea, pero la gran mayoría de los mismos en todos los pueblos de aquellos alrededores y supongo que muchos más lejanos ya que pertenecen al patrimonio universal. Y no sólo la ausencia  de sucesivas  generaciones de niños en los pueblos, ni la falta de personas con ganas de hacérselos recordar o practicar, ha sido  el motivo principal de que haya desparecido esta forma tradicional de divertirse, creo que  más bien ha sido el progreso con su innovadora tecnología  el que ha conseguido remplazar a la forma tradicional de jugar por la digital. Es evidente que en estos momentos nos parecería bastante extraño, y alguno hasta lo calificaría de anacrónico, ver a las niñas saltando a la goma, o a los niños jugando con sus aros. Desde luego que este supuesto anacronismo  no se va a originar porque me temo que será bastante complicado encontrar a  algún niño en la actualidad  dispuesto  practicar alguno de estos juegos con el fin de divertirse. Si se lo propones, igual te contestan lo siguiente: .-  ¡¿Pero  que  me estás pidiendo   tío ?!...¿Ahora me vienes  a mí con estas chorradas  de  "corrocillas"  con la cantidad de  juegos que hay superguays que molan mazo y  me puedo descargar en  mi móvil?...¡Anda pírate y no me rayes con esa antigualla de juegos!.  Esto es lo que nos diría, o algo similar, con esa jerga  tan "modernista" con que acostumbran a hablar cualquier niño en la actualidad  si  le propones que  practique alguno de los juegos reseñados.  

Bueno, pues descritos aquí quedan. Al menos si alguno de nosotros  les seguimos recordando  de vez en cuando, el olvido no conseguirá hacerlos desaparecer por completo. Algo parecido a cuando se muere una persona ya que mientras alguien le sigue  nombrando, nunca morirá del todo.  Supongo que mientras sigamos viviendo quienes en algún momento de nuestras vidas  practicamos estos juegos, podremos continuar dando  fe de que existieron y que a su vez nos sirvieron para nuestra   diversión infantil.  Aunque en la actualidad  haya desparecido su práctica,  por lo menos en el recuerdo  se siguen perpetuando.  De momento aquí los dejo reseñados y espero que su lectura os resulte una grata experiencia. Más no se puede pedir, ni se debe.

Saludos a todas y a todos


Rafael